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La supervivencia de pacientes con COVID-19 ha mejorado por tratamientos que no son efectivos contra el coronavirus

Desde los comienzos de la pandemia de COVID-19, los medios de comunicación han dirigido sus focos a las vacunas en investigación y a posibles tratamientos que pudieran tener efectos contra el coronavirus y mejorasen el pronóstico de los pacientes. Los fármacos más mediáticos han sido el remdesivir y la hidroxicloroquina, pero también han destacado otras moléculas antivirales como el lopinavir o el ritonavir. Estos medicamentos ya se empleaban para tratar otras enfermedades infecciosas y su perfil de seguridad era bien conocido. Esto, unido a ciertos indicios que mostraban que podrían ser de ayuda contra el coronavirus, motivaron su utilización en ensayos clínicos y su aplicación por la vía compasiva.

Tras varios meses de evaluación a través de estudios clínicos, el único fármaco de este diverso colectivo que ha demostrado cierto y limitado beneficio es el remdesivir: acelera la recuperación en una media de cuatro días, aunque no se han observado mejoras estadísticamente significativas en la mortalidad de los pacientes tratados con este medicamento. Por otro lado, casi se ha descartado la hidroxicloroquina como opción terapéutica al no demostrarse, por el momento, utilidad ni para prevenir ni para curar a los pacientes afectados por la COVID-19. Tampoco hay indicios de que el lopinavir y el ritonavir aporten beneficios para la salud de los afectados por coronavirus. En todo caso, todos estos fármacos contra el coronavirus siguen evaluándose en ensayos clínicos para determinar mejor su papel.

A pesar de estos resultados decepcionantes, lo cierto es que la supervivencia de los pacientes afectados por la COVID-19 ha ido mejorando progresivamente gracias a mejoras en los protocolos de tratamientos que han estado en un segundo plano a lo largo de la pandemia: aquellos dirigidos a dar soporte vital y a tratar las complicaciones desencadenadas durante la enfermedad.

Aunque el glucocorticoide dexametasona saltó a los medios de todo el mundo la semana pasada como el «primer» fármaco que podría reducir la mortalidad por la COVID-19 en pacientes que requieren oxígeno o ventilación mecánica (los resultados se han difundido en un informe preliminar), su papel beneficioso para tratar el síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA) se conocía desde principios de febrero. Un ensayo clínico realizado en España observó que la administración temprana de este fármaco podía reducir la duración de la ventilación mecánica y la mortalidad en pacientes moderados-graves con este síndrome. Por esta razón, la dexametasona ya se usaba con frecuencia en la práctica clínica en nuestro país desde marzo para el tratamiento de pacientes de COVID-19 graves aquejados de este síndrome respiratorio.

La dexametasona, que atenúa la tormenta de citoquinas y el encharcamiento de los pulmones al poner freno al sistema inmunitario, no es la única estrategia terapéutica que está siendo valiosa para salvar las vidas de los pacientes más afectados por el coronavirus, a pesar de no ser útiles para combatir al propio virus. Gran parte de las muertes ocasionadas por la COVID-19 se producen por complicaciones desencadenadas por la reacción inflamatoria e inmunitaria descontrolada contra el coronavirus. El virus SARS-CoV-2 enciende la chispa en ciertas personas de riesgo para que esta reacción desproporcionada en el cuerpo humano tenga lugar, pero el que termina provocando muchos de los daños es el propio sistema inmunitario.

Además de la dexametasona para combatir la dificultad respiratoria, se han extendido otros tratamientos no farmacológicos para aumentar la supervivencia de los pacientes COVID-19. Una medida que se ha popularizado en esta pandemia es la colocación de las personas con dificultad respiratoria intensa y déficit de oxígeno en sangre en la posición de decúbito prono (tumbado boca abajo). Múltiples ensayos clínicos previos ya habían observado que esta posición incrementa la oxigenación de los pacientes con SDRA y aumenta su supervivencia, así que esta acción se ha extendido también a las personas más afectadas por el coronavirus.

Por otra parte, los pacientes que necesitan ventilación mecánica también reciben diversos fármacos para aumentar su confort y disminuir su gasto energético (reduciendo así tanto el consumo de oxígeno como la liberación de CO2, aliviando la dificultad respiratoria). Entre estos fármacos encontramos sedantes, analgésicos y varios fármacos que evitan la aparición de agitación o delirios.

Para determinados pacientes afectados por una dificultad respiratoria de extrema gravedad, en los que ya ni siquiera la ventilación mecánica resulta suficiente, el último recurso ha sido la oxigenación por membrana extracorpórea (más conocido por sus siglas: ECMO). El ECMO, que garantiza la oxigenación de la sangre, aunque los pulmones no sean funcionales, permite ganar tiempo hasta que estos órganos puedan recuperar cierta funcionalidad. La aplicación de esta especie de pulmón artificial se ha extendido por España durante el transcurso de la epidemia y alrededor de un centenar de personas lo han recibido como tratamiento en los 20 hospitales en España que reúnen las condiciones para aplicarlo.

Otra complicación que suele aparecer en los pacientes COVID-19 más graves es la formación de coágulos sanguíneos. Diversas sociedades médicas como el Colegio Americano de Cardiología o la Sociedad Internacional de Trombosis y Hemostasia recomiendan que todos los pacientes hospitalizados por COVID-19 reciban de forma profiláctica heparina (salvo que exista contraindicación) para evitar la aparición de coágulos. La evidencia científica sobre el beneficio para los pacientes es aún limitada y hay múltiples ensayos clínicos en marcha para aclarar su papel. De momento, solo existen estudios observacionales que han observado mejora de la mortalidad en aquellos pacientes tratados con anticoagulantes.

Además de la aparición de coágulos sanguíneos, aproximadamente un 22 % de los pacientes con COVID-19 que ingresan en cuidados intensivos sufren daño renal agudo. Estas personas necesitan tratamiento para sustituir parte o la totalidad de la función de los riñones y garantizar así la eliminación de sustancias tóxicas de la sangre. Entre las diferentes opciones, las guías clínicas suelen aconsejar la terapia de reemplazo renal continuo. Esta terapia básicamente consiste en un circuito fuera del cuerpo con un filtro por donde circula la sangre para eliminar toxinas y líquidos y, posteriormente, volver al cuerpo de forma constante.

Puede que un tratamiento específico contra el coronavirus tarde en llegar, pero gracias a los diferentes tratamientos dirigidos a las complicaciones de la COVID-19 y a garantizar el soporte vital, se ha podido reducir la mortalidad. De no ser por ellos, la cifra de 483.000 muertes en el mundo por coronavirus sería muy superior en la actualidad.

https://www.eldiario.es/sociedad/supervivencia-pacientes-COVID-19-tratamientos-coronavirus_0_1041846752.html

El debate de candidatas sí combate a Vox

«Usted representa lo que representa y yo, a un partido con experiencia que ha hecho políticas a favor de la igualdad de hombres y mujeres. Hay brecha ocupacional, menos mujeres trabajando y también brecha salarial. Tenemos que luchar contra la violencia de género, que es la principal lacra de la sociedad». La frase la pronunció una representante del Partido Popular dirigiéndose a otra de Vox y supone un acontecimiento en la política española. La número dos por Madrid de los populares, Ana Pastor, replicó aún a la representante de la extrema derecha Rocío Monasterio sobre el debate territorial: «El Estado de las Autonomías es lo mejor que nos pudo pasar a los españoles, es acercar la administración al ciudadano». «Hay que tener un poquito de idea de gestión, no le digo mucha, solo un poquito y conocer la Constitución».

Semejante intervención provocó que el debate tuviese poco que ver con sus precuelas. Cayetana Álvarez de Toledo debió seguirlo esta vez por la tele. Pablo Casado mandó al banquillo a su rutilante fichaje en el último duelo electoral, en La Sexta, que había reunido a candidatas y representantes de los cinco grandes partidos, donde todos los cabezas de cartel son hombres. Para esa audiencia televisiva a la izquierda del partido, reservó el PP a Ana Pastor, expresidenta del Congreso, exministra de Sanidad y de Fomento, rostro amable del PP, última superviviente del marianismo.

La propia elección de representante en el plató televisivo era parte del mensaje. Y para La Sexta Casado escogió moderación. A fin de cuentas, para competir con Vox ya había dicho Álvarez de Toledo las últimas semanas que «no todo lo que no sea un sí es no» en el consentimiento sexual (algo que corrigió Pastor anoche sin hacer sangre con su compañera), que el plan del PP es mandar a Oriol Junqueras a una prisión del Puerto de Santamaría, que los populares deben pedir perdón por la connivencia con el nacionalismo [se refería al catalán, no al español] y que bienvenida sea la llegada de Rosa Díez al Partido Popular , donde de momento ya ha dado un mitin.

Con Álvarez de Toledo lejos del plató, hubo por fin una dirigente del PP que sí plantó cara a Rocío Monasterio en varios tramos del debate, algo que la plana mayor del partido viene evitando desde que la formación de extrema derecha regaló oxígeno a Casado permitiéndole gobernar primero en Andalucía, y luego en Madrid, Murcia y un puñado de instituciones.

Incluso la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, esbozó algún tenue reproche al principal rival de su partido hacia el que han huido en masa sus votantes, según los últimos sondeos publicados. «No hace falta elegir entre defender el cambio climático y la unidad de España», dijo mirando a cámara.

El combate más o menos unánime a Vox se dio en ese plató a última hora, cuando expiraba el penúltimo día de la campaña y, tal y como está todo, constituyó una novedad -veremos si un espejismo- en la política española. Hay antecedentes sospechosos porque esa misma tarde, las derechas en la Asamblea de Madrid habían firmado una proposición no de ley -esos textos parlamentarios que no tienen consecuencias pero hacen ruido- para pedir la ilegalización de los partidos independentistas y el bipartito que gobierna el Ayuntamiento se había dedicado a plantar banderas de España por los barrios a las puertas de la jornada de reflexión. 

Espere lo que espere en las próximas horas, el silencio estruendoso que permitió aquel apacible alegato de Santiago Abascal con su media hora de xenofobia en prime time durante el debate de candidatos del lunes en la Academia de Televisión no se ha repetido tres días después.

La izquierda, anoche, fue todavía más dura con Vox. Lo que sigue son 20 segundos de la portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero: «El machismo se combate no yendo a reventar minutos de silencio como hacen ustedes, se combate con educación». […] «Poner en tela de juicio que en este país según a quien ames puedes tener menos derechos o puedes sufrir una agresión homófoba es ser un desalmado, señora Monasterio». 

En el PSOE la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, también señaló a la enviada de Abascal ya desde el minuto de presentación: «Debería aprovechar este debate para pedir perdón por estar el otro día por estar azuzando a las gentes a las puertas de uno de los lugares donde están los menores no acompañados donde los vecinos han tenido que decirles que tiene una vida absolutamente integrada, absolutamente normal, me gustaría que pudiera pedir disculpas por el comportamiento de la ultraderecha. […] Y deberíamos  condenar a partidos políticos que señalan a periodistas o que simplemente no los dejan entrar en alguna rueda de prensa porque ideológicamente no comparten sus supuestos».  

Por una vez, la representante de Vox se quedó sola hablando de la «cadena perpetua», contra el Estado de las Autonomías, y demás supersticiones neoliberales. Rocío Monasterio llegó a decir que el 97% de los españoles [sic] debería estar exento de hacer la Declaración de la Renta. Y aunque se presentó como «conservadora del medio ambiente», se quejó de que la cumbre contra el cambio climático vaya a celebrarse en Madrid. Lo hizo también a su manera: «Los 150 millones de euros que se va a gastar a la niña Greta a Madrid, los debería invertir en ayudar a los que tienen diésel». Al desplegar su recetario neocón, Monasterio apeló a su propia -y polémica- experiencia personal: «Yo en los 20 años que he estado trabajando en la empresa privada lo que he visto es que los políticos deben quitarse de en medio». La frase tiene su aquel viniendo de una dirigente a la que el Ayuntamiento de Madrid ha tenido que clausurar parte de la mansión en la que vive por haber construido mucho más de lo permitido. La misma profesional, que ha aparecido en las noticias por visar proyectos como arquitecta cuando aún no tenía el título. Minucias: el partido y la propia Monasterio tienden a quejarse de que el actual sistema abusa de una «burocracia infinita».

Aparte de Vox y Monasterio, quien en la hora y media de pugna dialéctica llegó a acusar a medios de comunicación de una agresión denunciada por una de sus candidatas en Euskadi y que anoche no había sido corroborada por la Ertzaintza, el debate se pareció más a los de la campaña de abril, cuando el PSOE y Unidas Podemos no habían partido peras y aún aspiraban a gobernar juntos. El enfrentamiento entre sus dos portavoces lo fue menos que el de las tres derechas representadas en el plató.

La socialista María Jesús Montero trató de exhibir la cara más progresista del PSOE, reivindicando el feminismo, al que dedicó el minuto final, y las políticas verdes. Si Sánchez se había ido al centro en el debate del lunes, en el que trató de competir en dureza contra el nacionalismo con la derecha, además de tranquilizar a los sectores de orden con el anuncio de que su vicepresidenta será Nadia Calviño, un perfil que aprueban la patronal y Bruselas; su ministra de Hacienda en funciones y en campaña exhibió como trofeos las medidas más izquierdistas de su gobierno, incluidas algunas impuestas por Unidas Podemos, como la subida del salario mínimo profesional a 900 euros.

La socialista Montero llegó a defender iniciativas que ya se esfumaron de su programa electoral como el impuesto a la banca. La otra Montero -Irene, de Unidas Podemos- le deseó suerte para «ganar la batalla a Sánchez y a Calviño» y dio a entender que en el equipo del presidente conviven dos PSOEs distintos y que su interlocutora formaba parte de esa facción con la que aún se puede hablar.

La enviada de Unidas Podemos trató de hacer ver, desde muy pronto, que entre los otros cuatro atriles no había grandes diferencias en política económica: «El modelo que proponen mis compañeros, que es la ley de la selva, lo que plantea es que no haya intervención democrática. Ya se intervino a los bancos, cuando tuvieron pérdidas, 60.000 millones de rescate, resulta que cuando ganan dinero, no. […] «No entiendo para qué creen que sirve la democracia, mejor no nos metemos en el alquiler, dejemos hacer negocio a las multinacionales con la sanidad. Para qué servimos?». Irene Montero planteó la necesidad de un gobierno de coalición con el PSOE que sirva «para equilibrar la balanza entre los grandes y los pequeños».

La dirigente de Podemos insistió en la necesidad de que su partido llegue por primera vez a gestionar el BOE para poner en marcha políticas para esa mayoría social que reivindica su partido.

Durante más de hora y media, en los turnos del PSOE se reclamaba el voto para desbloquear el Gobierno y poner freno a la extrema derecha.

Mensajes, todos, reiterados durante la eterna campaña que oficialmente ha durado una semana pero que se inició el pasado 25 de julio, cuando embarrancó la negociación de la investidura.

En el flanco derecho del plató sí hubo tiempo para más rifirrafes. El más brusco se dio mientras Ana Pastor, la política, intentaba presentar al PP como un partido de gestión con experiencia en las instituciones: «Muchas personas que no han gestionado nunca nada ni tiene ni idea de nada…» Arrimadas aprovechó entonces para interrumpirla: «ni robado de corrupción». Ahí se vivió un momento tenso. «Perdón», cortó el ataque la expresidenta del Congreso, que se dirigió a Arrimadas para advertir que ella en 30 años nunca había sido señalada ni puesta en duda por nada. La representante de Ciudadanos acabó dando un paso atrás -«yo a usted le tengo mucho respeto- y advirtió que se refería a su partido. Al PP.  El mismo al que se ofrece a apoyar para llegar a La Moncloa, después de haberle entregado autonomías y decenas de ayuntamientos. 

Aunque en el fondo el mensaje centrista de Pastor fue distinto al que desde hace un tiempo utiliza el PP y homologable al que otras derechas europeas aplican a los partidos ultras, la forma no ayudó a la exministra, que evidenció estar más acostumbrada a moderar los debates que a participar en ellos.

Ni Arrimadas ni Pastor se atrevieron a defender en La Sexta la moción de Vox que pedía ilegalizar a los partidos independentistas. Mientras las dirigentes de PP y Ciudadanos abjuraban de la proposición no de ley que incluso llegaron a poner en duda, pese a la insistencia de María Jesús Montero, Rocío Monasterio se felicitaba de que la idea hubiera sido de su partido y animaba a ambas a no renegar de lo firmado. Irene Montero se preguntó si también pensaban ilegalizar a los dos millones de personas que votan independentismo. 

El formato de La Sexta, más ágil que el de anteriores duelos televisivos, sirvió también para que Ciudadanos implorase el voto a unas horas de la jornada de reflexión. Con el partido hundido en las encuestas y la propia supervivencia de su líder, Albert Rivera, a prueba este domingo, Arrimadas pidió «no tirar la toalla» e insistió en que una subida de dos puntos porcentuales podría dar al partido 20 escaños.

Por lo demás, la contienda dialéctica moderada por Ana Pastor, la periodista, evitó la enésima sobredosis de procés. En el apartado sobre pactos, el PSOE defendió anoche un gobierno en solitario con Unidas Podemos como socio desde fuera, el partido de Pablo Iglesias insistió en la coalición, y el PP se presentó como única alternativa viable a todo lo anterior. Arrimadas insistió en que si los números dan apoyará al PP pero que si no, se compromete a no bloquear la formación de gobierno con algunas condiciones. (En el cuartel general de Rivera hace semanas que se temen lo peor).

La representante de Vox, Rocío Monasterio, quien dijo no querer sillones, sino «ideas que pueden llevar a España a un futuro fantástico, se despidió recordando que con ellos está la «alternativa patriótica». Cerró su intervención con un «viva España», igual que había hecho su jefe de filas tres días antes. Pero a diferencia de Abascal, lo de Monasterio ya no fue un plácido mitin en horario de máxima audiencia.

https://www.eldiario.es/politica/Debate_0_961004699.html

Un CIS viejo y sin demasiadas claves

Quien esperase una revolución en los datos aportados por el Centro de Investigaciones Sociológicas tendrá que esperar a otra ocasión. El estudio que acaba de publicar el instituto demoscópico de referencia fue realizado en medio de la tensión derivada del conflicto catalán, pero antes de muchos de los principales acontecimientos relacionados con ese proceso. 

La encuesta se hizo entre los días 2 y 11 de octubre. Para entonces ya se había producido el referéndum que ha desencadenado otra catarata de acontecimientos, que la encuesta no ha llegado a medir. Ni la declaración de la DUI, ni la convocatoria electoral, ni el viaje de Puigdemont y parte de su Govern a Bruselas ha tenido efecto alguno en el sentido de las respuestas. 

Los expertos en demoscopia aseguran que los resultados de los estudios varían sustancialmente entre las ocasiones en las que hay elecciones a la vista y las que no. En este caso, los casi 2.500 encuestados desconocían que el Gobierno de Rajoy usaría la aplicación del artículo 155 para convocar elecciones en Catalunya. De haberlo sabido, y aún cuando se trata de unas elecciones autonómicas, el dato habría tenido sus efectos. 

Sobre los resultados, el dato más destacable es el ascenso de Ciudadanos, con un crecimiento de en torno a 3 puntos con respecto a la consulta anterior. El premio obtenido por los de Rivera se fraguó cuando el Gobierno todavía no había enseñado sus cartas principales para gestionar la crisis: 155 y elecciones.

El CIS ofrece una foto interesante pero incompleta. La factura electoral de la gestión del conflicto catalán tiene aún casillas vacías que habrá que ir completando con otros trabajos más pegados a los acontecimientos. 

Quizás por ello, los cambios son sutiles y alejados del espectáculo que muchos esperaban para esta entrega. Ciudadanos sube y no es novedad: siempre lo ha hecho en recientes escenarios de inestabilidad, pero otra cuestión distinta es qué se convierten esas previsiones cuando las urnas preguntan por el partido naranja. Rivera suele ser un político de encuestas alegres y campañas tristes. 

En cuanto a Podemos, no se ha producido la hecatombe que muchos analistas daban por segura. En este punto la explicación sigue siendo la misma: las fechas del trabajo de campo de la encuesta no permiten una medición exacta de la situación actual. Como muestra, un dato: en el momento de elaborar la consulta el líder de Podemos en Catalunya todavía no había presentado su dimisión. 

En cuanto al PSOE y el PP todo parece seguir igual. Los de Rajoy siguen bajando, pero muy suavemente y en lo que parece el dibujo de un suelo electoral en torno al 28% que la encuesta le da en este mes de noviembre. 

Con respecto al PSOE de Pedro Sánchez, algo muy parecido: valores estables en torno al 24% y poca fiesta en Ferraz, en donde hace solo tres meses celebraban su velocidad del crucero en un CIS que hoy ha frenado en seco.

Habrá que esperar a una nueva encuesta del CIS o a los trabajos que otras empresas privadas realizan más pegados a la actualidad. Hasta entonces se mantiene la duda sobre si la crisis catalana tiene un efecto revolucionario en el sentido del voto de todos los españoles a nivel del Estado.     

 

http://www.eldiario.es/politica/CIS-demasiadas-claves_0_705529784.html

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