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Madrid omite miles de casos para falsear el número real de contagios

Madrid omite miles de casos para falsear el número real de contagios

El pasado 2 de octubre, Madrid notificó 1.005 nuevos casos de coronavirus en la región el día anterior. Solo una semana más tarde, para ese misma fecha, aparecen en las tablas oficiales de la Comunidad 2.422 positivos: más del doble. Otro ejemplo más reciente, el 9 de octubre: ese día declararon 1.428 positivos en la jornada anterior. Solo cuatro días después, este lunes, han reconocido 2.183 casos ese mismo día: un incremento del 53%. 

Hay ejemplos aún más extremos. El 24 de septiembre, Madrid declaró 828 positivos. Hoy admite que ese día fueron cinco veces más: 4.276 nuevos contagios.

No son anomalías aisladas: es la norma habitual. Cada día, el Gobierno de Madrid va sumando nuevos casos en jornadas anteriores; contagios que se admiten a posteriori y que modifican la estadística de forma notable. La foto reciente nunca es completa: solo varios días después, hasta más de dos semanas, Madrid refleja en sus tablas oficiales toda la realidad. 

En las últimas semanas, hay jornadas en las que Madrid no apunta en un primer momento ni la cuarta parte de los casos totales de ese día que después afloran. La foto solo está completa con retraso y los datos más recientes siempre ofrecen una imagen distorsionada, que minusvalora la pandemia. 

No hay un solo día en la estadística de las últimas semanas que no esté enmendado. Siempre a posteriori, siempre para apuntar nuevos casos que en su momento no se contabilizaron.

 

Esta enorme dilación en los registros provoca dos cosas. La primera, que el dato del día siempre sea menos grave que la realidad. La segunda, que también se minusvalore la incidencia acumulada: ese indicador que hoy se ha convertido en el protagonista del debate político, en el enfrentamiento de la Comunidad de Madrid contra el Gobierno por el estado de alarma. 

Con los casos notificados del 2 de octubre con los que arranca este artículo, ese día la incidencia acumulada era de 569 casos por 100.000 habitantes las últimas dos semanas en la Comunidad de Madrid. Con los contagios notificados una semana después –más del doble– ascendía a los 631 casos. Esa cifra todavía puede cambiar porque la Consejería de Sanidad aún seguirá sumando nuevos contagios a esa jornada, ya que lo hace hasta más de dos semanas después. La incidencia acumulada varía por tanto según el día en el que se mida. 

La pelea entre el Gobierno central y el Ejecutivo madrileño está hoy en ese indicador: la incidencia acumulada. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, acusó este martes al Ministerio de Sanidad de utilizar criterios aleatorios que buscan «aniquilar» la autonomía de la región. 

En el Gobierno de Ayuso y en el PP defienden que Madrid ya está por debajo del umbral de incidencia acumulada de 500 casos por 100.000 habitantes –el fijado junto a otros criterios para decretar el cierre de una ciudad– y piden el levantamiento del estado de alarma. El ministro Salvador Illa ponía, no obstante, el acento en los retrasos en la notificación de los datos que dan una foto distorsionada del virus en la región.

Y es que Ejecutivo Ayuso está aprovechando los retrasos que acumula a la hora de notificar los nuevos casos positivos de COVID-19 para hacer ver que la situación de la pandemia es mucho mejor que la real en su pelea para que el Gobierno prescinda del estado de alarma. Esta dilación provoca una caída media artificial de entre el 20 y el 30% en la incidencia acumulada de casos entre los datos recién publicados y su actualización al incorporar durante días después los positivos atrasados, como se aprecia en los listados del Ministerio de Sanidad.    

Según los últimos datos, la Comunidad de Madrid ha notificado una incidencia acumulada para todo su territorio menor a 500 casos por cada 100.000 habitantes los días 7, 8 y 9 de octubre. Sin embargo, esa línea se sostiene apenas unos días a medida que van entrando los casos positivos retrasados. En la actualización del 13 de octubre, el día 7 ya ha superado ese nivel al llegar el cálculo a una incidencia de 524 positivos. Y aumentará según pasen los días porque Madrid notifica nuevos casos hasta semanas después.

Este modo de notificar los casos con retraso ni siquiera es nuevo. Desde hace meses, la Comunidad de Madrid comunica cada día un número de nuevos contagios que es bastante menor que el que certifica pasadas unas jornadas. Es decir, va incorporando durante semanas casos que corresponden a fechas anteriores a medida que va conociendo los resultados de las pruebas diagnósticas. Es lo que se llama en el decreto del estado de alarma para Madrid, «retrasos de notificación». Los casos que se suman cada día dan como resultado la incidencia acumulada de la enfermedad en los últimos siete o 14 días. Esta actualización según se confirman contagios en los laboratorios ha sido la norma habitual durante la pandemia y algo que presentan muchas comunidades autónomas. Cosa distinta es la utilización de esos retrasos.

Esta dinámica hace que la incidencia acumulada más reciente esté sistemáticamente infravalorada respecto a lo que es la situación real de contagios en un determinado lugar. Y que, según pasan los días, se vaya conociendo cómo estaban las cosas de verdad en esa fecha determinada: porque una buena parte de los nuevos enfermos de COVID-19 eran desconocidos en ese momento, pero estaban ahí, solo faltaba que llegaran los resultados de los test y se incorporaran al total.

El ministro Salvador Illa también ponía el acento este martes en el hecho de que la Comunidad de Madrid ha disminuido significativamente el número de pruebas diagnósticas que realiza a la población. El 29 de septiembre, el Gobierno regional cambió el protocolo y dejó de hacer PCR a los contactos estrechos de casos positivos: desde ese día solo se realizan a personas convivientes, vulnerables o que tengan síntomas. Los tests han disminuido desde entonces a más de la mitad. El día que más se hicieron, el 27 de septiembre, se realizaron 24.249 PCR diarias en la última semana, frente a las 11.468 del 9 de octubre. 

Todas estas circunstancias no son nuevas y eran conocidas por los responsables epidemiológicos del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas. Tanto, que las medidas aprobadas por votación en el Consejo Interterritorial de Salud del 30 de septiembre, incorporan una fórmula para paliar el problema y ofrecer una radiografía más fiel de lo que ocurre en cada localidad: la incidencia de los 14 días debe ser «medida hasta 5 días antes de la fecha de valoración», dice el acuerdo. Es decir, si se evalúa una ciudad concreta en una fecha, debe mirarse la incidencia acumulada de cinco días antes, que habría sido actualizada –al menos parcialmente– con la incorporación de positivos confirmados durante esos cinco días.

De esta manera, se busca evitar casos como el de Madrid, que utiliza datos desactualizados que luego modifica días después para simular que la evolución de la pandemia va mejor. La guerra descarnada del Gobierno de Ayuso obvia sus propios retrasos. La ofensiva ya es total para que se levante el estado de alarma.

https://www.eldiario.es/madrid/madrid-omite-miles-casos-falsear-numero-real-contagios_1_6289921.html

Por qué dejar de hacer PCR a contactos estrechos es una mala noticia: Madrid renuncia a ver la foto completa del coronavirus

Por qué dejar de hacer PCR a contactos estrechos es una mala noticia: Madrid renuncia a ver la foto completa del coronavirus

La Comunidad de Madrid decidió hace una semana dejar de hacer PCR a contactos estrechos de contagiados de coronavirus si no tienen síntomas, no son convivientes o personas vulnerables. El cambio en el protocolo se hizo efectivo en medio de la pugna política por el cierre de la capital y otras grandes ciudades en situación grave y a escasos días de que Sanidad lo hiciera obligatorio. Aunque pueda haber pasado desapercibida, la decisión no es menor y tiene implicaciones: la más clara es que no se detectarán todos los positivos que haya, lo que en la práctica supondrá que Madrid no será capaz de ver una foto completa de los contagios y solo observará una parte de lo que en realidad está ocurriendo con el coronavirus en la región.

El paradigma es lo que ocurrió en marzo y abril: solo se hacían pruebas a aquellas personas que tenían síntomas, y muy graves, de forma que los datos no revelaban el grado real de la infección. Con este cambio de criterio, Madrid identificará a los positivos que tengan síntomas, pero no a los asintomáticos. Hasta ahora, y así ocurre en el resto de comunidades, si, por ejemplo, alguien participaba en una comida de amigos, y uno de ellos confirmaba el contagio, al resto de asistentes también se les hacía PCR, independientemente de quién fuera y si presentaba o no síntomas compatibles. El objetivo era detectar precozmente a todos los posibles enfermos y trazar todas las cadenas de transmisión.

Pero el nuevo protocolo constata el fracaso del sistema de rastreo y vigilancia epidemiológica en Madrid. Hace escasas dos semanas, varios médicos de Atención Primaria avisaron de la inutilidad de las pruebas PCR con las demoras en las entregas de resultados, incluso de diez días, en algunas zonas. Y pidieron a la Consejería de Sanidad que dejara de hacer test a personas sin síntomas. Un «parche», decían, para destaponar los laboratorios y centros de salud, altamente presionados. Pero además de constatar el desborde del sistema, la decisión es «preocupante» para el seguimiento de la epidemia, explica Pedro Gullón, coautor de Epidemiocracia (Capitan Swing). El epidemiólogo apunta a que dejar de hacer test «cambia totalmente el significado de cómo seguimos los casos», lo que «se parece un poco más a marzo porque vemos un poco menos del iceberg» del coronavirus. Este lunes, Fernando Simón, que admitía dudas sobre los datos que está ofreciendo Madrid, ha constatado que el margen entre el inicio de síntomas y el resultado de la PCR, que en verano estaba en 48 horas, se ha ido estirando de forma «preocupante», y en algunas comunidades llega a los ocho días, lo cual complica la estrategia de detección. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha anunciado su intención de evaluar este martes el sistema de detección y rastreo de casos en Madrid en la reunión que mantendrán ambas administraciones.

Madrid, la región de Europa más afectada, tiene a día de hoy una incidencia de 560 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, pero «a partir de ahora, si hay una disminución de la incidencia, no sabremos si verdaderamente es porque hay una disminución de la transmisión del virus o porque no estamos viéndolo todo», prosigue Gullón. A lo mismo apunta Daniel López-Acuña, que fue director de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la OMS: «Puede que se reduzca la incidencia acumulada, pero es posible que sea a expensas de no diagnosticar positivos asintomáticos», resume. Siguiendo con la metáfora del iceberg, el epidemiólogo apunta a que lo que ha hecho Madrid «es subir el nivel del agua para ver menos. Eso solo nos lleva a no tener una medición y una conciencia clara de lo que está bajo el agua».

El también profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública cree que, además, el cambio de criterio puede tener repercusiones en un incremento de la transmisión. «Es realmente negativo para el control de la pandemia. Los países que han logrado atajar mejor la curva es porque justamente han hecho PCR a todos los sospechosos. Es una recomendación clara de los organismos internacionales y hay que ir por esta vía. Cuando no lo hacemos, tenemos más transmisión silenciosa». En realidad, aunque no haya una PCR, las personas que han estado en contacto con un positivo a menos de dos metros, 15 minutos y sin mascarilla, deben guardar cuarentena durante diez días precisamente para evitar que puedan contagiar. Algo que para Gullón es importante y por lo que duda de si la decisión tendrá un impacto grande en la transmisión: «No lo tengo claro porque estas personas tienen que estar en casa igual, se haga una PCR o no».

De hecho, Elena Martínez, vicepresidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), explica que hacer al principio de la cuarentena la PCR puede alentar al incumplimiento de la misma si sale negativa, por lo que apuesta como escenario ideal por hacerla a los diez días. Hacerlas, explica, «evita que se nos escapen casos asintomáticos».

Con todo, los tres expertos coinciden en que dejar de hacer las PCR es algo «contraproducente que no se justifica epidemiológicamente» y más teniendo en cuenta otra de las grandes medidas anunciadas por Isabel Díaz-Ayuso y que se produjo de forma casi simultánea: la realización de un millón de test de antígenos (luego se habló de casi la mitad) en las zonas con mayor incidencia. Por el momento, la campaña se ha iniciado en Vallecas, donde menos de la mitad de las personas convocadas fue a hacérselos. Hay varios ejemplos que abonan las dudas sobre la efectividad de este tipo de pruebas poblacionales masivas, pero implementar esta estrategia al tiempo que se reducen las PCR para contactos estrechos «es el mundo al revés», dice López-Acuña, para el que «no tiene sentido hacerlas de forma aleatoria y no a quienes más posibilidades tienen de estar infectados, que es alrededor de los casos».

Gullón coincide y apunta, además, a una variable relacionada con la medición de la pandemia. El nuevo protocolo implicará, no solo que la incidencia pueda estar infraestimada, sino que también será complicado interpretar la tasa de positividad, que actualmente está en la comunidad en el 18%. Este marcador mide el número de pruebas PCR que resultan positivas, es uno de los criterios usados por Sanidad para decidir cerrar municipios de más de 100.000 habitantes y da cuenta de si el esfuerzo diagnóstico es suficiente para el aumento de transmisión. Con el cambio de criterio, tendería a subir, pero al hacer pruebas masivas en estas poblaciones «puede que baje porque estás haciendo test a gente que tiene pocas posibilidades de estar enferma». Para el epidemiólogo, implica un agotamiento de recursos mal dirigidos y que, además, «sin un mecanismo de rastreo eficaz dificulta mucho más su utilidad» porque ese sistema sería necesario para trazar los contactos de esas personas que salen positivas. El propio Fernando Simón reconocía este lunes la necesidad de analizar con la Comunidad de Madrid el efecto de la puesta en marcha de los test de de antígenos en los datos diarios que sobre la pandemia ofrece el gobierno regional: «No me atrevería a afirmar si Madrid va a mejor o a peor, no podemos estar seguros con la información con la que contamos hoy».

Junto a los «test, test, test» que ya en el mes de marzo pidió la Organización Mundial de la Salud (OMS), contar con capacidades reforzadas para rastrear a todos los contactos y aislarles es la clave para el control de la pandemia. En realidad, son piezas de un mismo engranaje, pero la segunda ha pasado desapercibida en las últimas semanas en medio de las tensiones por el cierre de Madrid. La polémica, de hecho, ha camuflado que la orden de Sanidad acordada en el Consejo Interterritorial con los votos en contra de la mayoría de comunidades del PP y Catalunya –y que desde este martes aplican también León y Palencia– incluye la obligación en estos municipios de «reforzar sus capacidades para la detección precoz y el control de la enfermedad, así como en el ámbito de la atención sanitaria».

Ya estaba contemplado en el plan de respuesta temprana aprobado en julio para afrontar los rebrotes, pero «nos hemos olvidado de que es una de las tareas pendientes en Madrid», señala Gullón. A ello se refería la viróloga del CSIC, Margarita del Val, en una reciente entrevista en Antena 3, donde apuntó a la importancia de ver el nivel de «prevención, rastreo y capacidad de Atención Primaria» como fórmula para atajar esta segunda ola. Al contrario de la estrategia madrileña de restringir las PCR a los contactos estrechos, la también inmunóloga apostó por reforzar los diagnósticos, la identificación de contactos y facilitar la cuarentena a las personas que tengan problemas para guardarla.

Pero en los últimos meses, el sistema de vigilancia y rastreo en la comunidad se ha revelado insuficiente, como venían denunciando expertos en Salud Pública y sindicatos desde el principio. Aunque no solo, parte del problema radica en la escasez de profesionales y a que el Gobierno de Isabel Díaz-Ayuso ha ido improvisando una estrategia que no parece todavía haber derivado en un equipo amplio, consolidado y coordinado. Ya en verano, la polémica creció por su incapacidad para contratar rastreadores. El Ejecutivo llegó a subcontratar a 22 de ellos mediante un contrato de 194.223 euros a la empresa Quirón Prevención SL y llegó a rechazar un plan para ceder 100 trabajadores municipales, aunque después solicitó voluntarios. La apuesta ha resultado un fracaso y solo tres trabajadores municipales están actualmente en activo.

En agosto, y ya con una curva de casos ascendente, la región ofrecía una cifra de más de 400 rastreadores sin concretar el dato exacto. Las dudas sobre la implementación del sistema se acrecentaron también con las denuncias de usuarios que relataban experiencias sobre la falta de llamadas de Salud Pública al haber sido contactos estrechos de un positivo. Ya por aquellas fechas, la Atención Primaria comenzaba a dar los primeros avisos de una situación que se ha vuelto insostenible en la mayoría de centros de salud, muchos al límite. Dos de las piezas fundamentales para doblegar la curva no estaban siendo lo suficientemente reforzadas, algo que tampoco parece estar siendo una prioridad ahora.

Según anunció la Comunidad de Madrid a mediados de septiembre, y ya con una incidencia que superaba los 600 casos en 14 días, la región contaba con más de 800 rastreadores y el objetivo era acabar a fin de mes con 1.100 y en octubre llegar a las 1.500. A ello, hay que sumar unos 150 rastreadores del Ejército que realizan estas labores desde hace aproximadamente un mes. Pero nadie sabe cuál es la cifra exacta total ni de qué manera se coordinan con Atención Primaria, la puerta de entrada al sistema. Ni CCOO ni UGT tienen constancia de la incorporación de estos profesionales y los expertos piden que, más allá de la cifra, Madrid lleve a cabo «un plan de choque sanitario» con PCR a contactos estrechos –justo lo que ha dejado de hacer–, capacidad de aislamiento de positivos, más recursos en los centros de salud y una coordinación eficaz, explica López-Acuña. Porque el número de rastreadores, dice, es «clave», pero «es una pieza más del engranaje total».

Con la altísima incidencia que hay ahora mismo en la comunidad, los expertos creen que poner encima de la mesa este requisito «es la gran tarea pendiente» y aluden a que no haber reforzado estas capacidades sanitarias en su momento ha tenido mucho que ver con la escalada de contagios en Madrid. «Se ha obviado y eso tiene un alto coste», sentencia el epidemiólogo. Lo cierto es que ya con esta transmisión comunitaria elevada, el rastreo tiene más dificultades para controlar las cadenas porque una parte importante de los contagios no se pueden asociar a brotes. Sin embargo, reitera Gullón, «eso no significa que no sea útil» y, de hecho, «hay que ser capaz de detectar y aislar para conseguir que el virus no se expanda todavía más».

En este sentido, López-Acuña alude a que «en estos momentos esta reivindicación es de manera muy clara urgente en Madrid, pero sirve para otras comunidades con altas incidencias». El especialista, además, echa de menos que el Gobierno central sea más específico a la hora de reclamar estas medidas a los ejecutivos autonómicos y lamenta que no haya umbrales cuantitativos que deban cumplir. Es una demanda que varios colegas llevan haciendo desde el inicio de la desescalada, y consideran que la pugna política entre Madrid y Sanidad ha acabado por darles la razón. En esta materia, lo que pide el epidemiólogo es una mayor implicación por parte del departamento dirigido por Salvador Illa, al que reclama «un monitoreo semanal de cómo está funcionando y hasta qué punto se está cumpliendo ese fortalecimiento de la Atención Primaria, la vigilancia epidemiológica y el rastreo».

Los dos elementos referidos por López-Acuña, el establecimiento de umbrales como las lagunas en el rastreo, son también los dos fallos cometidos por España durante la desescalada que subrayó un reciente artículo internacional publicado en la revista científica The Lancet. El texto comparaba las estrategias para levantar restricciones de nueve países y regiones. De nuestro país se señalaban dos carencias claras: que los parámetros epidemiológicos no habían tenido un peso claro en el proceso de toma de decisiones y que se habían producido «dificultades» con la implementación de sistemas de vigilancia –detección, pruebas, rastreo y aislamiento de casos–. Un aviso que, una vez finalizada la desescalada, sigue más vigente que nunca en la segunda ola.

https://www.eldiario.es/sociedad/pcr-contactos-estrechos-mala-noticia-madrid-renuncia-ver-foto-completa-coronavirus_1_6268887.html

Las únicas diez ciudades españolas afectadas por los criterios de Sanidad para aplicar restricciones están en Madrid

Las únicas diez ciudades españolas afectadas por los criterios de Sanidad para aplicar restricciones están en Madrid

El Gobierno y la Comunidad de Madrid han pactado llevar al Consejo Interterritorial de Salud unos criterios sobre qué indicadores marcarían la adopción de medidas más estrictas para contener la pandemia de COVID-19 en las ciudades de más de 100.000 habitantes en toda España. En la práctica, solo 10 localidades de la Comunidad de Madrid se ajustan a los baremos apuntados por el Ministerio de Sanidad.

La lista se centra en Fuenlabrada, Parla, Alcobendas, Torrejón de Ardoz, Madrid, Getafe, Leganés, Móstoles y Alcalá de Henares, cuya incidencia acumulada de la enfermedad supera los 500 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días. En el nivel marcado por el ministro Salvador Illa se encuentra también la capital navarra, Pamplona.

Sin embargo, tras la reunión entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno, el Ministerio de Sanidad también ha añadido que, además de la incidencia, se tendrán en cuenta el porcentaje de pruebas PCR positivas por SARS-Cov-2, con un umbral del 10%, y la ocupación de UCI con un límite en el 35% para implementar restricciones más severas. Todo siempre supeditado a que se le dé el visto bueno en el Consejo, como ha recordado el ministro Illa. El Gobierno foral de Navarra asegura que Pamplona ya no entra en ese grupo una vez incorporados más criterios porque sus UCI no están muy ocupadas.

Para la positividad de los tests, el límite se ha situado en el 10%. Esto es que de cada diez pruebas PCR que se hagan, una o más confirman un caso de COVID-19. La Comunidad de Madrid, en general, supera el 20% de positividad en estos momentos. Esto indica que se está llegando tarde a la hora de trazar y rastrear las cadenas de contagio desde que se localiza un positivo. La detección precoz implica rastrear los contactos de los enfermos confirmados rápidamente para que no puedan, a su vez, expandir el virus sin saber que lo portan. Aunque Sanidad no ofrece datos desglosados por municipios, ciudades madrileñas como Fuenlabrada y Parla tienen una incidencia superior a 1.000 casos por 100.000 habitantes, Alcobendas supera los 900, Torrejón, Madrid, Getafe, Alcorcón o Leganés rebasan los 700 casos, muy por encima del mínimo marcado por Sanidad y la Comunidad, lo que apunta también a una positividad alta en las pruebas. En Pamplona, dice el Ejecutivo navarro, la positividad está en el 10,2%.

De igual manera, este pre-pacto incluye que la ocupación de la unidades de cuidados intensivos esté en el 35%. «Pamplona no cumple el criterio», asegura el Gobierno foral, que cuantifica la ocupación en el 22%. «En Pamplona se encuentran casi la totalidad de las camas UCI de toda la Comunidad foral, salvo unas 10 ubicadas en Tudela», aclaran. En la Comunidad de Madrid, aunque todas estas ciudades tienen, al menos, un hospital de la red pública (aunque de distinto rango de complejidad), los porcentajes de ocupación de sus UCI no son públicos. Además, al ser Madrid una comunidad uniprovincial, caben las derivaciones entre centros como podría ocurrir entre el hospital Infanta Sofía, pegado a Alcobendas, y el hospital de La Paz o el de Parla y el 12 de Octubre. En todo caso, la ocupación media de las UCI en la Comunidad de Madrid supera el 40% de las camas habituales dispuestas en los hospitales.

https://www.eldiario.es/sociedad/unicas-diez-ciudades-espanolas-cumplen-criterios-sanidad-aplicar-restricciones-madrid_1_6255959.html

Los expertos consideran que la situación en Madrid requiere ya medidas más estrictas

Los expertos consideran que la situación en Madrid requiere ya medidas más estrictas

La situación de la COVID-19 en Madrid exige ya medidas contundentes, según expertos en Salud Pública y medicina preventiva, tras observar el “choque de trenes” sin precedentes entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno a cuenta de cómo afrontar la pandemia.

El Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso ha decidido que basta con ampliar a ocho nuevas zonas las restricciones de movilidad y actividad decretadas hace una semana. El Ministerio de Sanidad le había pedido medidas más severas para controlar la transmisión del virus, como perimetrar toda la ciudad de Madrid y cualquier área con una incidencia de 500 casos por 100.000 habitantes (la mitad del umbral trazado por la Comunidad).

“En esta situación, con este nivel de contagio, el horizonte de un confinamiento perimetral en Madrid es esperable. Se podrá, como mucho, diferir alguna semana, pero poco más”, analiza el catedrático de Medicina Preventiva Fernando Rodríguez Artalejo. “La situación requiere medidas contundentes que, además, sabemos que cuanto más temprano se toman más efectivas son y menos tiempo duran”, remata. 

“Este choque nunca debería haberse producido”, indica el ex secretario general de Sanidad y profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, José Martínez Olmos. “Considero que, llegados a este caso, debería mantenerse el criterio del Gobierno de España porque, si pudiéramos poner en una balanza cuál de las dos opciones de medidas va a proteger más a los madrileños, ¿Cuáles serían?». En todo caso, Martínez Olmos entiende que con la situación creada este viernes “la gente debe estar cabreada y desconcertada”.  

Para la exdirectiva de la OMS, Milagros García Barbero, la escena de esta mañana se asemeja a “una pelea de gallos» que lanza un mensaje de «absoluto descontrol, de falta de cogobernanza y de ser incapaces de ponerse de acuerdo en una situación tan compleja y peligrosa”. Reclama “menos espectáculos de estas características” porque “ya bastante confusa está la ciudadanía, que no entiende ni siquiera las medidas que se anuncian, como que se cierren los parques y se abran las casas de apuestas, o que haya vecinos de calles contiguas que puedan ir a los bares y otros no”, se lamenta.

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha optado por incorporar a otras 160.000 personas a las zonas con limitaciones de transporte, cierre de parques, reducción de los aforos y prohibición de algunas actividades. El resto de la comunidad seguirá igual. “El resto a seguir adelante”, ha afirmado Díaz Ayuso tras evidenciarse públicamente la diferencia de criterios. La opción del Ministerio de Sanidad era llevar las medidas más drásticas como prohibir el servicio de barra en los bares, limitar los aforos al 50% en hostelería y pedir a toda la población que restrinjan sus movimientos al máximo a todo el territorio. “Es poner por encima la economía a la salud. Al Gobierno no le va a quedar más remedio que intervenir”, abunda Martínez Olmos que preferiría “que hubiera primero un diálogo, pero casi no queda tiempo para eso”. 

En contra de lo insinuado por el viceconsejero de Sanidad de Madrid, Antonio Zapatero, los epidemiólogos no ven que haya indicadores de que “estemos mejor que hace una semana”. Entonces, la Comunidad ordenó que las poblaciones de zonas básicas de salud con incidencia de COVID-19 de 1.000 casos por 100.000 habitantes no salieran de sus áreas, pero introdujo un listado de excepciones muy amplio: ir al trabajo, a estudiar, realizar trámites oficiales, cuidar a alguien o ir al banco… El resultado es que el 85% de la población de ese perímetro (que sumaba algo más de 800.000 ciudadanos) debe desplazarse fuera solo para trabajar (sin analizar el resto de excepciones), según un reciente análisis del Grupo de Investigación de Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad de la Universidad Politécnica de Madrid. Con todos esos desplazamientos se transporta potencialmente el virus. 

Garcia Artalejo estima que la dimensión alcanzada por la segunda ola en Madrid está imponiendo una creciente presión en el sistema de asistencia sanitaria “tanto en Atención Primaria como en los hospitales lo que redunda en una peor calidad también para los pacientes no COVID. Ya solo por eso merecía la pena adoptar medidas más contundentes”. Además, expone, “o se controla sustancialmente las altas tasas de contagio que van a ir antes o después al hospital, o se irá a la saturación del sistema”.

Este catedrático describe que lo que se pide es, más bien, “volver a una fase 1 de desescalada, pero, incluso con menos restricciones porque nadie está hablando de imponer horarios para salir a la calle o a los aforos de comercios”. García Barbero cree que el gobierno de la Comunidad de Madrid no puede seguir con “cierres parciales o tibios”. “Tienen que ser valientes y tomar medidas más contundentes, que es lo que reclaman todos los expertos”, aboga la exdirectora de salud de la OMS, quien se inclina más por las recomendaciones de Sanidad, aunque no por las formas.

Con todo, lo que se ha visto este viernes con dos administraciones discrepando en público y simultáneamente sobre la manera de gestionar la pandemia ha dejado perplejos a los especialistas. «Deben dejarse de diferencias ideológicas o económicas, porque no se puede jugar con el miedo y la angustia de la gente de esa manera”, concluye García Barbero. “Es muy negativo y desaconsejable”, coincide el resto.

https://www.eldiario.es/sociedad/expertos-consideran-situacion-madrid-requiere-medidas-estrictas_1_6246620.html

Salvador Illa: «En este momento no es necesario confinar Madrid, si se adoptan las medidas adecuadas»

La sala está preparada para la entrevista –luces, cámaras, micrófonos, apuntes– pero el ministro se retrasa. Acaba de llegar de la sesión de control en el Congreso y tras la última pregunta se apresurará a posar para las fotos antes de volver a la sala para una reunión por videoconferencia con la OMS. El ritmo de la agenda de Salvador Illa (La Roca del Vallès, Barcelona, 1966) no le resta amabilidad. Tampoco paciencia para esquivar cada posible reproche a la gestión de Madrid, convertida en el epicentro de la COVID-19 en España.

Con el mismo tono reposado con el que ha surfeado los meses más difíciles de la pandemia –la que le convirtió en el ministro con más poderes de la democracia apenas dos meses después de asumir una cartera ‘menor’– defiende que no es momento para criticar sino para actuar juntos y doblegar una curva de contagios que crece cada día. Cuesta que se encienda ante una pregunta –»cuando no informamos porque no informamos y cuando contamos las cosas, porque creamos falsas expectativas», se queja ante las dudas sobre la llegada de la vacuna– tanto como sonsacarle alguna crítica concreta a su gestión, pero también a la de sus adversarios políticos: «Parece que hay gente que está obsesionada en ver qué errores se han cometido, y yo estoy obsesionado con combatir el virus», zanja.

España es, de lejos, el país de Europa más afectado por la COVID-19. ¿Qué ha pasado en el verano para que estemos así?

En toda Europa estamos experimentando un crecimiento de casos que podemos llamar una segunda ola. También en España. Es verdad que tiene unas características diferentes de lo que vivimos en marzo y abril. En aquel momento detectábamos un 10% de los casos; ahora estiman nuestros técnicos que detectamos entre un 60 y un 80% de los casos, la mitad de los cuales son asintomáticos. Con una edad media más baja y con una letalidad del 1%; en marzo era del 12%. Y con una presión hospitalaria que se ha ido incrementando pero que no presenta los niveles de aquel momento. Pero es verdad que es preocupante en la medida en que va creciendo de forma sostenida la incidencia acumulada y por tanto hay que tomar medidas. ¿Qué medidas? Las que están previstas en el plan de respuesta temprana que acordamos con las comunidades autónomas.

La presión hospitalaria ha crecido mucho: las UCI de Madrid al límite, también problemas en Aragón, La Rioja… ¿Estamos realmente tan lejos de la situación de marzo en este tema?

Es verdad que ha ido creciendo. Quizá la comunidad donde se presentan unos índices más altos es Madrid. Todas las comunidades autónomas tienen planes de contingencia para escalar las capacidades asistenciales, pero eso no nos tiene que tranquilizar. Lo que hemos de hacer es poner todo el esfuerzo en estabilizar el crecimiento de casos y doblegar la curva, que es lo que están haciendo las comunidades autónomas y lo que también estamos haciendo en Madrid, con un mecanismo de coordinación reforzada que hemos puesto en marcha este lunes.

Madrid tiene una incidencia de 330 casos por 100.000 habitantes los últimos 7 días mientras que Milán, una ciudad equiparable, está en 16. ¿Qué ha puesto a Madrid en esta situación? 

Los escenarios en los que nos movemos son inestables, cambiantes. Es una característica de esta pandemia. Nosotros, por ejemplo, vimos aparecer los primeros brotes en España tras el fin del estado de alarma en Aragón y en Cataluña, muy vinculados a actividades de empresas hortofrutícolas. Luego hemos visto cómo se ha ido desplazando a otras comunidades autónomas. El segundo foco de rebrotes importante tuvo que ver con el ocio nocturno. Bien, esto ha llegado a Madrid, que presenta unas características especiales de densidad y de movilidad. Lo importante ahora, lo que yo quisiera resaltar, es que es muy importante la reunión que tuvo el presidente del Gobierno y la presidenta de la Comunidad Autónoma. Estamos trabajando en múltiples reuniones para revisar las medidas, complementarlas si hace falta y actuar desde la unidad, desde la lealtad, para conseguir estabilizar y doblegar la curva en Madrid. 

Ayer recomendó a los madrileños salir lo mínimo posible de casa, a todos, no solo a los de las 37 zonas sobre las que se tomaron medidas. ¿Debería regresar toda la Comunidad de Madrid a algo parecido a la fase 1 de la desescalada?

Esto lo están trabajando los técnicos. Es verdad que nosotros pensamos que es bueno tener un esquema de trabajo en etapas. De hecho esto está recogido en el Plan de Respuesta Temprana. Podemos llamarle fases, para ir viendo los sucesivas escenarios a los que tendríamos que ir haciendo que ir haciendo frente. Yo hice una recomendación que me parece que es de sentido común. Con una incidencia acumulada superior a 700 casos por 100.000 habitantes en 14 días, yo creo que hay que pedirle a la ciudadanía que limite al máximo la movilidad. Y hay zonas donde por orden del consejero de Sanidad ya está limitada la movilidad.

¿Pero es suficiente con poner medidas solo en esas 37 zonas?

Bueno, es un paso adelante muy relevante. Los grupos de trabajo que hemos creado y que están ya en marcha van a ver si hay que complementar estas medidas o no. Vamos a esperar a que los expertos, los técnicos, nos acaben de dar su recomendación. Yo creo que habrá que complementar las medidas de alguna forma, pero ocurra lo que ocurra, reitero la recomendación de reducir al máximo la movilidad a todos los ciudadanos de la Comunidad Autónoma de Madrid. Y, por descontado, cumplir estrictamente la orden de no reunirse más de seis personas, excepto en el trabajo y los ámbitos que suponen excepciones. 

Han hecho un grupo de trabajo especial con Madrid y no con ninguna otra comunidad autónoma, aunque algunas otras también tienen muy alta incidencia. ¿Por qué? ¿Hay algo que Madrid no estaba haciendo?

Pues porque Madrid presenta unas características muy especiales de densidad urbana, de movilidad, es un hub de movilidad muy importante en nuestro país. Y porque la situación epidemiológica aconsejaba una máxima coordinación reforzada en este caso. Yo celebro que se haya tomado esta medida, porque me parece muy necesaria y conveniente para combatir el virus juntos y con lealtad. Con el resto de comunidades autónomas tenemos una relación muy fluida. Cada semana hacemos una reunión del plenario de la Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Aparte de esto, por ejemplo, hemos hecho cuatro reuniones con las dos Castillas y la Comunidad de Madrid.

Precisamente por eso, nos consta que se han reunido mucho con todos los gobiernos. ¿Por qué hacía falta un grupo especial con Madrid?

Insisto, las especiales características de la comunidad han aconsejado hacer esta coordinación reforzada. Con el resto, aparte de los foros colectivos en los que estamos conjuntamente, hay una relación constante a nivel de los técnicos del país y también mía con los consejeros. Cada semana, como mínimo, hablamos una vez.

El hecho de formar esta comisión especial supone una corresponsabilidad en lo que se haga a partir de ahora en Madrid. ¿El Gobierno asumirá los errores que se pudieran cometer a partir de ahora?

Nuestra prioridad es doblegar la curva de Madrid. Cada uno tiene sus competencias, que van a ser respetadas, pero vamos a trabajar juntos en esto. Yo el acento lo voy a poner aquí y creo que todos haríamos bien en ponerlo aquí. Hay que actuar con determinación, hay que tomar el control del virus en Madrid, hay que estabilizarlo y bajarlo. Ahí vamos a poner todas las energías. Yo no voy a gastar ni un segundo en esos momentos en entrar ni en reproches ni en valoraciones. En su momento, lo haremos.

Si no llegaran a ponerse de acuerdo con el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso para tomar medidas más contundentes ¿El Gobierno estaría dispuesto a tomarlas unilateralmente o a forzarlas de alguna manera?

Estamos trabajando bien y con lealtad, y no contemplo este escenario.

Su compañero, el ministro José Luis Ábalos, dijo en una entrevista que una de las claves de lo que está pasando ahora es no haber culminado la desescalada, que se aceleró por la falta apoyo al estado de alarma. ¿Está de acuerdo con que se precipitó el paso a la nueva normalidad por presiones políticas?

Todo el mundo sabe cómo fue la desescalada, qué proceso tuvo, qué decisiones tomó cada quien. Yo lo único que puedo decir es que la segunda ola la estamos viendo no en España sino en toda Europa. Y, por tanto, ya sabíamos que estas cosas podrían ocurrir. 

La desescalada tuvo como objetivo llegar a un estadio que en su momento llamamos de ‘nueva normalidad’, que significa el aprender a convivir con un virus; estar en una situación de control; tomar medidas que permitan que su incidencia, su índice de contagiosidad, no ponga en peligro el nivel asistencial de nuestro Sistema Nacional de Salud. Esto, con carácter general, se ha ido consiguiendo.

Lo que hay que hacer es tomar medidas para mantener este estadio de control donde no existe, que es básicamente en este momento en la Comunidad de Madrid. El resto de comunidades han conseguido estabilizar; es verdad que algunas presentan incrementos, pero son mucho más acotados, mucho más vinculados a brotes con trazabilidad conocida, y se están tomando las medidas para estabilizarlos.

¿Usted cree entonces que la desescalada se hizo en tiempo y forma y no tuvo nada que ver con las presiones políticas o económicas de cara a la temporada turística?

Yo no voy a entrar en eso. Todo el mundo conoce perfectamente las posiciones que cada uno defendió. Las hemerotecas están al alcance de cualquiera. Yo no voy a añadir nada nuevo a esto. Tiempo habrá de valorar, de analizar. Hay muchas iniciativas en ese sentido, las vamos a apoyar porque es de justicia hacerlo. Pero ahora no, no hay que confundir los tiempos. Ahora mi tarea principal, la encomienda que yo tengo de presidente del Gobierno, es centrar todas las energías en controlar y doblegar la curva.

Ha dejado claro que no quiere entrar en reproches, pero la Comunidad de Madrid pasó de fase prometiendo 400 rastreadores que finalmente nunca nunca tuvo. ¿Les engañó el Gobierno de Madrid en la desescalada?

Vamos a ver, en el documento que acordamos con las comunidades autónomas el 16 de julio, que es el plan de respuesta temprana, está contenido todo lo que hay que hacer. Entiendo que formulen las preguntas y entiendo, además, el interés que puede tener, pero yo ahora no voy a entrar en ningún tipo de reproche. Yo voy a concentrar todas las energías en aunar esfuerzos y en combatir, porque ahí nos va mucho. Me gustaría que las valoraciones se hicieran siempre con un espíritu constructivo, pero cada uno será responsable de la forma en que haga las cosas. Yo ahora me hago responsable de mis palabras y de mis actos y no quiero entrar en esta dinámica. Créame, no aportaría nada.

En primavera repitió muchas veces que el confinamiento domiciliario había sido lo que había logrado frenar el virus. ¿Lo descarta ahora para toda España, o concretamente para Madrid?

En aquel momento era absolutamente imprescindible, a mi juicio. Creo que la forma en que se desarrolló la pandemia una vez se tomaron esas decisiones, que fueron muy duras y que fueron ejemplarmente seguidas por la población, da la razón a las medidas que tomamos. Pero como he dicho antes, lo que estamos viviendo ahora no es lo que vivimos en marzo y abril. Afortunadamente. En estos momentos hay que tomar medidas muy adaptadas con los territorios. Hay que actuar muy proporcionalmente a lo que ocurre en cada sitio con las medidas adecuadas, y en algunos casos ya se han tomado estas medidas, no son nuevas. Cuando ha sido posible por la configuración geográfica del territorio en cuestión hemos ido a confinamientos perimetrales.

Pero en el caso de Madrid hablamos de transmisión comunitaria descontrolada. ¿Por qué cree que esta vez lograremos frenarla sin confinamiento domiciliario?

Porque se han tomado medidas adecuadas que estamos viendo cómo hay que complementar, porque la población es una población responsable y adulta, porque si se le dan unas indicaciones a la población, las sigue. Y porque yo confío que con estas medidas y las que podamos adoptar en sucesivos días, vamos a conseguir estabilizar y doblegar la curva, no tengo ninguna duda.

¿Descarta entonces un nuevo confinamiento obligatorio en las casas este otoño?

Yo digo que en esos momentos, por lo que me comentan los expertos y por la información que recibo, no es necesario. No lo es si se toman las medidas adecuadas, las que se han tomado y algunas que podamos tomar. En un futuro… La experiencia nos ha enseñado que de este virus hay que hablar con mucha prudencia y que no hay que perderle el respeto. 

Dijo alguna vez que a la primera ola llegamos tarde a tomar las medidas porque no sabíamos lo suficiente sobre el virus. Ahora sabemos mucho más. ¿Hemos llegado tarde otra vez en Madrid?

Creo que si hacemos lo que tenemos que hacer, no va a ser necesario volver al  confinamiento. Usted puede decir que esto es un desideratum. No, esto está apoyado en lo que hemos hecho en otras partes. Hemos visto que la Comunidad Autónoma de Aragón tenía incidencias muy altas, las han estabilizado. Lo hemos visto también en el área Metropolitana de Barcelona. Lo hemos visto en ciudades también importantes de nuestro país. No hay razón para pensar que no lo podemos hacer en Madrid. Es verdad que adaptando las decisiones a la comunidad autónoma. Nosotros vamos a desplegar toda esta acción. Yo quiero enfocar mis energías aquí.

¿Nos ha mostrado esta pandemia que España era un poco peor de lo que creíamos, que el sistema autonómico no funcionaba tan eficientemente, que nuestro sistema de salud no era tan bueno? 

La pandemia supone una cura de humildad para todo el mundo, porque esto ha afectado a todos los países. Yo creo que hemos de tener todos un punto de cura de humildad, de modestia, y de que cuando esto acabe, que todavía va a tardar unos meses, sacar las lecciones oportunas. 

Dicho esto, creo que nuestro país ha funcionado razonablemente bien. El marco institucional ha dado una respuesta razonablemente adecuada, el Sistema Nacional de Salud, también. Tenemos, afortunadamente, un sistema de salud público y universal. Observo y respeto algunas opiniones vinculadas a veces a alguna formación política, que tienen mucho empeño en poner el acento en lo que hemos hecho mal y en señalarlo. Yo pongo el acento ahora en unir fuerzas para seguir luchando contra el virus. Ya haremos la evaluación. Del Gobierno por descontado, de las comunidades autónomas, del mundo académico. De todos. Pero en mí van a encontrar siempre un esfuerzo por hacerlo de forma constructiva.

¿Qué destacaría entre lo positivo?

España es el primer país y creo que el único que ha hecho un estudio de seroprevalencia. Yo pregunto cuál es el alcance de la primera ola de la pandemia en otros países y no tengo respuesta. Sin embargo, se sigue diciendo que en España… Bueno, aquí hicimos esto, colaborando el Estado y todos los gobiernos de las autonomías. Tres oleadas un estudio que ha recibido una acogida unánimemente favorable de la ciencia. Por lo tanto, hemos hecho cosas bien, cosas regular y cosas que hay que mejorar. Por más comentarios que haya de ciertos sectores, yo no voy a despistarme del objetivo que creo que me corresponde como ministro de Sanidad, que es tener el empeño en atajar este incremento de casos en todo el territorio de España. 

España ha apostado mucho al uso de mascarillas en todos los espacios, pero en otros países europeos con actualmente menos incidencia no son obligatorias. ¿Se replantean la estrategia?

No, el uso de la mascarilla es esencial. Al principio las opiniones de científicas de los expertos no eran ni mucho menos unánimes, pero ahora sabemos que hay tres cosas que son esenciales y muy efectivas para combatir y cortar la transmisión. Una es el uso de la mascarilla; otra es la distancia, los metros entre personas como las que estamos teniendo en el transcurso de esta entrevista; y la tercera es las manos. La mascarilla es muy importante.

¿Cree que han podido generar una sensación de falsa seguridad en algunos contextos?

Entre las tres medidas que he mencionado, ninguna sustituye a otra. Porque me lave las manos, no puedo dejar de usar mascarilla y no respetar las distancias. Siempre hemos dicho que el uso de mascarilla es un cambio de hábito importante para la ciudadanía. Y no nos debería de generar una sensación de falsa seguridad, de que porque llevo la mascarilla ya puede no mantener la distancia. No. Es importante resaltar que es esencial usar mascarilla, pero también mantener una distancia siempre que sea posible y de dos metros. Hay veces que no es posible, pero siempre que sea posible. Y una higiene de manos muy, muy constante.

Ayer Boris Johnson anunció en el Parlamento medidas muy restrictivas para Reino Unido porque prevén que los próximos seis meses van a ser muy complicados. ¿Cómo se prepara España para el invierno? ¿Cuál va a ser el papel del Gobierno de España y del Ministerio?

El Gobierno de España va a seguir el plan de respuesta temprana que acordamos, está fijada la estrategia nacional y los escenarios.

¿No está desfasado ahora, con la actual incidencia?

Hemos ido tomando acciones coordinadas en salud pública. Adoptamos una el 14 de agosto sobre el ocio nocturno y fumar en la vía pública. Una segunda a principios de septiembre acerca del reinicio de la actividad educativa presencial. Otra de la vacunación de gripe para la primera quincena de octubre. Y otra acción coordinada para reconocer el papel de los entes locales y en materia de vacunación del COVID-19. No se habían planteado este tipo de acciones nunca en España, en 40 años de democracia. Y todo esto tiene como base la Estrategia Nacional del Plan de Respuesta Temprana. Este plan, insisto, se ha puesto, se ha desplegado y en muchas comunidades autónomas se ha demostrado eficaz. Hay que ir viendo. Pero yo creo que son los instrumentos necesarios para hacerle frente.

Estamos casi en octubre. ¿De verdad cree que tendremos vacuna para final de año? ¿Teme estar creando unas expectativas que no se van a cumplir?

Bueno, cuando no informamos porque no informamos y cuando contamos las cosas, creamos falsas expectativas. La decisión que ha tomado el Gobierno es dar información veraz a la gente. España participa en una estrategia europea que garantiza que compramos conjuntamente con los socios europeos un portfolio de vacunas. Son un mínimo de siete vacunas distintas a las que vamos a tener acceso equitativo los países de Europa. De momento se han firmado dos contratos, uno con la empresa AstraZeneca y otro con la empresa Sanofi. De acuerdo con el primer contrato, si se superan todas las fases de validación de la vacuna, que van a ser estrictas y que van a garantizar su eficacia y su seguridad en el uso, la compañía entregaría al conjunto de la Unión Europea 30 millones de dosis el mes de diciembre, y a partir de ahí cada mes sucesivamente hasta llegar a 300.000 millones de dosis. De esos primeros 30 millones, a España le corresponderían aproximadamente unos tres. Esto es lo que está firmado y lo que hay. ¿Van a salir bien todos los procesos de validación? Vamos a verlo. Se está informando cada vez que hay un percance. Pero esto es lo que está firmado.

¿Qué pienso yo que va a pasar? No lo sé. No va a depender de mí que la vacuna supere los análisis. Con la compañía Sanofi se ha firmado otro contrato de suministro de dosis de vacunas y las entregas serían a partir de mitad del año que viene, también si supera todos los análisis. Y se está en proceso de negociación o de cierre de contrato con otras cinco vacunas. Esto es lo que tenemos. Personalmente creo, por la información que recibo, que a finales de este año o a principios del año que viene habrá vacunas disponibles. Hay que ver los criterios de eficacia que demuestran y los criterios de seguridad, y eso es lo que trasladamos a la ciudadanía. Ni más, ni menos.

¿Cuánto tiempo calcula que nos costará vacunar a la población de riesgo y conseguir una mínima inmunidad de grupo?

Bueno, no va a ser una tarea de una semana. Estamos trabajando, adoptamos también una coordinación en salud pública con las comunidades autónomas, en un plan de vacunación COVID-19. Es muy importante crear un registro de vacunas, pero es una tarea que va a llevar meses.

Recomienda a todos los madrileños salir lo mínimo de casa, pero mientras, hay empresas que están obligando a sus empleados a ir presencialmente a trabajar. ¿Están siendo responsables estas empresas? 

Ayer justamente el Consejo de Ministros aprobó una ley de teletrabajo, una norma pionera y muy importante. Han hecho un magnífico trabajo ahí los colegas del Gobierno, en particular la ministra de Trabajo. Yo hice una recomendación de limitar al máximo la movilidad siempre que sea posible. No voy a entrar en la casuística de cada empresa, pero en estos momentos todo lo que pueda evitar desplazamientos de movilidad es aconsejable en Madrid.

Usted ha aceptado reunirse con los científicos que le propusieron una auditoría en The Lancet. ¿Cómo quiere que sea esa evaluación? ¿Qué haría si la conclusión es que el Gobierno cometió errores graves?

Creo que es bastante irreprochable y conocida la actitud y el esfuerzo que ha tenido el Gobierno en cuanto a transparencia, de dar cuentas en el Congreso de los Diputados. El presidente del Gobierno, cada 15 días durante el estado de alarma fue a solicitar refrendar la prórroga en el Congreso de los Diputados. Yo he comparecido semanalmente durante el estado de alarma. El Gobierno está realmente dispuesto a que se haga una evaluación. Pero parece que hay gente que está obsesionada en ver qué errores se han cometido, y yo estoy obsesionado con combatir el virus. Ahora mi prioridad no es pensar en errores. Ni tan siguiera señalar los que puedan haber cometido otros, los que puede haber cometido la oposición. Y cuando veamos, que va a llegar el día, que hemos derrotado al virus, que será cuando tengamos una vacuna eficaz y se la hayamos podido administrar a la gente, haremos las evaluaciones y veremos lo que hay que hacer. Y nos planteamos todos cómo podemos mejorar los sistemas de nuestro país para combatir pandemias.

El 13 de enero de 2020 usted asumió su cargo como ministro de Sanidad de España. Aquel día la OMS también informó del entonces primer caso confirmado fuera de China. Si volviera atrás, con lo que ahora sabe, ¿volvería a decirle que sí a Pedro Sánchez?

Si, sí, sí. Yo considero que es un honor ser ministro de España. Me siento muy orgulloso, muy reconocido por que el presidente del Gobierno me confiara una tarea en su gabinete, y me confió esta tarea. Intento hacer las cosas lo mejor posible, pero no acostumbro a arredrarme ante las dificultades, y por lo tanto volvería a hacerlo. Claro que nadie esperaba esto. Yo desde luego, no. Pero las cosas vienen como vienen. Pero no me arrepiento en absoluto.

¿Cómo cree que ha podido ocurrir que en esta situación tan compleja usted haya mejorado su imagen y sea una de las personas mejor valoradas del Gobierno?

Pues no lo sé. Pero voy a hacer una confesión. Me ha preocupado muy poco mi imagen en estos días. Muy poco. Me ha preocupado hacer las cosas bien, dar apoyo al equipo magnífico que tenemos en el Ministerio de Sanidad. Poner de relieve el trabajo que ha hecho toda la sanidad española y todo el conjunto de personas de actividades esenciales. Eso es lo que me ha preocupado. Mi imagen, no sé si ha bajado o ha subido. Me ha preocupado esto y actuar en conciencia, haciendo lo que pensaba que tenía que hacer en cada momento.

¿Será el candidato del PSC en Catalunya?

No. Yo tengo una tarea muy específica y muy concreta como ministro de Sanidad y voy a intentar corresponder a la confianza que en su día me dio el presidente del Gobierno. 

https://www.eldiario.es/sociedad/salvador-illa-medidas-madrid-confinamiento_128_6241870.html

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