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La Comunidad de Madrid enfrenta su mayor desafío: controlar la movilidad de un millón de personas con un gobierno dividido y la credibilidad por los suelos

La Comunidad de Madrid enfrenta su mayor desafío: controlar la movilidad de un millón de personas con un gobierno dividido y la credibilidad por los suelos

Madrid se enfrenta a partir del lunes a un reto ingente que no ha abordado ninguna otra comunidad autónoma desde que la crisis del coronavirus irrumpió con toda su virulencia en España el pasado marzo: restringir al mínimo la movilidad de casi un millón de personas para hacer frente a un virus desbocado que amenaza con colapsar de nuevo sus hospitales. 

Este viernes, el día en que la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, compareció junto a su socio de Gobierno, Ignacio Aguado, de Ciudadanos, y el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, del PP, la región registró 5.000 contagios en una sola jornada. Son mil más de los detectados durante todo el mes de julio. En 37 zonas de la región, la mayoría barrios pobres con una alta densidad de población, la situación está descontrolada. El epicentro de la pandemia constituye desde hace semanas un dolor de cabeza para el Gobierno de España y también para las regiones limítrofes: los responsables de Castilla y León y Castilla-La Mancha llevan dos semanas reuniéndose con dirigentes de Madrid para tratar de evitar la expansión de la pandemia. Por fin este viernes, se ha escenificado el gabinete de crisis en la Comunidad que va a tomar medidas «muy duras» –en palabras de Isabel Díaz Ayuso–.

Se cierran las zonas donde viven 855.193 personas, la mayor parte en el sur de Madrid, donde trabajan o acuden a los servicios decenas de miles más, y en un momento crítico para la coalición que apenas lleva un año y unos meses en el Gobierno y después de 72 horas de anuncios, rectificaciones, improvisaciones y silencios, que retratan a una administración desbordada, con una credibilidad por los suelos, que pone de manifiesto cada día unas grietas y enfrentamientos que trascienden ya a la división entre partidos que integran la coalición.

La propia foto de los tres comparecientes en la Puerta del Sol tiene ya una historia imposible. En el centro, la presidenta, desconfía de su número dos de Ciudadanos, Ignacio Aguado, situado en el escenario a su izquierda, y a quien en la Puerta del Sol acusan de múltiples deslealtades. La última, no ser tajante ante las invitaciones a la moción de censura que llegan desde la oposición. Y a la derecha, el responsable de la sanidad madrileña, Enrique Ruiz Escudero con el que Isabel Díaz Ayuso apenas trata desde que antes del verano dimitiese la directora general de Salud Pública, Yolanda Fuentes, reacia a firmar el documento para que Madrid pasase de fase y que obligaba a garantizar el refuerzo de la atención primaria y la contratación de un millar de rastreadores. 

Ese es el gabinete que a partir del lunes y sin recurrir al estado de alarma deberá controlar que casi un millón de personas en la región limiten al máximo sus desplazamientos, que no se reúnan ni en domicilios ni en otros establecimientos más de seis personas, se cierren los parques y no se atienda a nadie en la barra de los bares. Cuando se le preguntó a Ayuso qué efectivos iban a garantizar todo eso, la presidenta aludió a la dificultad de la situación, a la necesidad de que todas las administraciones arrimen el hombro y a la responsabilidad individual, lo que más ha fallado, según su diagnóstico, durante el verano. Hace unos días llegó a culpar de la situación a las costumbres de la población inmigrante que vive en el sur de Madrid

La última semana de Ayuso y su gobierno es la constatación de un fracaso. Acudió a la Asamblea de Madrid el lunes a anunciar otra ración de políticas neoliberales: bajadas generalizadas de impuestos y una medida estrella para atajar el problema de la okupación de las viviendas, que el PP trata de convertir en un asunto político central.

Este viernes, con los medios de comunicación de todo el país emitiendo en directo su comparecencia, llegó a decir que los recursos de las autonomías son limitados y que a veces hay que elegir entre comprar respiradores y aulas prefabricadas. Cuatro días después de comprometer otra bajada de impuestos en la región más rica de España y también en la que menos tributos cobra.

Antes había tenido que desconvocar la rueda de prensa habitual de los miércoles tras la reunión del gabinete, suspender actos públicos de los consejeros e imponer el silencio entre los suyos. La propia comparecencia de Ayuso bailó varias veces de hora: se programó para las 11:30, se retrasó una hora y media y se acabó celebrando a las cinco de la tarde. La explicación oficial aludía a la necesidad de dotar a las medidas anunciadas de seguridad jurídica, mientras entre las paredes de la Puerta del Sol afloraba de nuevo el runrún de las discrepancias entre los socios de gobierno. 

La desconfianza preside las relaciones dentro del Gobierno: la sintonía de Díaz Ayuso con sus responsables sanitarios –empezando por su consejero– es nula o muy mala, reconocen ya varias fuentes del Ejecutivo autonómico. Y el hombre al que había recurrido como solución a la pandemia, el viceconsejero, al que convirtió en el héroe del «hospital milagro» de Ifema, epicentro de toda la propaganda gubernamental, ni siquiera compareció este viernes. Está desaparecido desde que el miércoles anunció que habría confinamientos selectivos y fue rectificado casi al momento por la Presidencia de la Comunidad. 

A su vez, el responsable de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, está enfrentado con el consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero, de Ciudadanos. Aunque resulte difícil de creer, no existe interlocución entre la máxima responsable del Gobierno regional y el titular que gestiona la pandemia más grave del último siglo, cuando la región encabeza el número de contagios e ingresados en el país y en Europa y se dispone a tomar medidas drásticas tras cuatro meses de inacción y bronca contra el Gobierno central. 

Desde que Madrid pasó de fase, tras semanas de presión contra el Ministerio de Sanidad, al que acusaba de paralizar por sectarismo la locomotora económica de España, no se contrataron los rastreadores comprometidos, no se reforzaron los centros de salud ni se preparó con antelación el regreso a las aulas. Y ahora los hospitales se asoman de nuevo al abismo. 

Hasta ahora, a la opinión pública solo trascendían los desencuentros con su socio de Gobierno que en muchas ocasiones eran públicos con desmentidos y ataques directos. Ayuso ha intentado dejar a Ciudadanos al margen de toda gestión de la pandemia hasta el punto de que en numerosas ocasiones se ha enterado de algunos anuncios por la prensa. La relación entre la presidenta y su vicepresidente es «pésima», reconocen desde ambas formaciones, y la llamada de socorro al Gobierno central del vicepresidente autonómico este jueves solo contribuyó a irritar más a la presidenta. Aguado reconocía abiertamente la incapacidad de su Ejecutivo para hacer frente a la pandemia. Sus palabras acabaron con el ofrecimiento de urgencia del presidente Pedro Sánchez que se materializará este lunes en una reunión en la Puerta del Sol –sede del Gobierno regional–, aunque ambos equipos ya estén trabajando juntos. Ayuso quería dejar claro este viernes que Sánchez no baja a «tutelarla», sino a «colaborar”.

Este viernes la presidenta madrileña insistía en manifestar las diferencias con el Gobierno de Pedro Sánchez con el que ha confrontado desde el primer día, convertida en ariete de Pablo Casado. Ayuso volvía a situar en el origen del problema la falta de control en Barajas, pese a que su gobierno tiene datos de que no está ni mucho menos en el origen de la expansión del virus. En la última semana solo ha entrado un caso positivo por el aeropuerto, según la propia estadística de la Comunidad de Madrid.

Con este panorama, controlar la movilidad de 855.193 personas, el 13% de la población de la región, no será tarea fácil. El Gobierno regional anuncia ya sanciones de entre 6.000 y 600.000 euros a las personas que incumplan las medidas, que además de la movilidad –excepto para cuestiones como trasladarse al trabajo o ir al centro educativo– incluyen reducciones de aforo y cierre de parques [consulte aquí todas las medidas]. Este domingo, la Delegación de Gobierno y responsables de seguridad y protección civil de los ayuntamientos afectados se reunirán para coordinar una estrategia ante el reto de controlar las entradas y salidas de un gran número de población. 

La reacción de los consistorios afectados –Madrid, Fuenlabrada, Getafe, Parla, San Humanes, San Sebastián de los Reyes y Moraleja de Enmedio– por las nuevas restricciones es desigual. Los alcaldes tienen un arduo trabajo por delante: implementar medidas en dos días para que se puedan cumplir los cierres perimetrales impuestos por el Gobierno regional a partir de la noche del domingo. 

El municipio con más áreas afectadas y entre 400.000 y 500.000 ciudadanos concernidos por los cierres perimetrales, Madrid, no ha concretado cómo garantizará que se cumplen las medidas. El alcalde capitalino, José Luis Martínez-Almeida, arropaba a la presidenta regional, compañera de partido (PP), y avanzaba más presencia policial, refuerzos en los Servicios Sociales, más limpieza y un buzoneo para informar a cada madrileño sobre cuál es su zona básica de salud sin entrar al detalle. Su postura se desmarca de la que mantienen otros regidores de áreas afectadas, como Parla, Fuenlabrada o Getafe, que lamentan la falta de coordinación y comunicación con el Gobierno regional.

«En la misma calle habrá una parte afectada y otra no. Tenemos que ver cómo aplicamos el decreto de la Comunidad de Madrid. Va a ser complicado”, advertía el alcalde de Parla, tras conocer que 70.000 de sus vecinos están concernidos por las nuevas restricciones a la movilidad. En Fuenlabrada, con dos áreas cerradas, el alcalde se manifestaba «molesto» por la falta de comunicación y coordinación con el Gobierno regional, un malestar común a varios alcaldes socialistas del sur de Madrid. «Nos han hecho partícipes teniendo en cuenta que somos los que tenemos que realizar las labores de control y aplicación del decreto», señalaba Javier Ayala. «La presidenta pide colaboración a los ayuntamientos cuando les está ignorando», añadía, por su parte, la regidora de Getafe, Sara Hernández, también del PSOE.  

La presidenta madrileña hizo poca autocrítica sobre su gestión pese a que Madrid vuelve a estar a la cabeza de los contagios no solo en España, en todo el continente. La mala situación epidemiológica de la región la achacó al «exceso de confianza» de las personas «en entornos familiares». «Las reglas del juego han cambiado. Las casas eran los lugares más seguros y ahora son las aulas, los centros de trabajo, los lugares públicos, los restaurantes…», dijo la dirigente popular obviando la falta de rastreadores y la situación de la atención primaria que dependen de su gestión. Tampoco hubo anuncios encaminados a ese sentido. Las medidas se centraron en las restricciones y en una campaña de test rápidos masivos en las 37 zonas afectadas, pero no hubo nada encaminado a mejorar las condiciones de los centros de salud de estos lugares. 

La presidenta autonómica justificó estas carencias en que «los recursos de las autonomías son limitados» y por eso a veces hay que elegir entre «aulas prefabricadas y respiradores». Lo decía la misma semana que anunció rebajas generalizadas de impuestos que beneficiarán a las rentas más altas, mientras pronosticaba una caída del PIB en la región del 12,7% –unos 30.000 millones– provocada por la crisis sanitaria. Ayuso obvió además que la región ha recibido ya más de 1.200 millones de euros de los 16.000 millones del fondo que el Gobierno central ha puesto a disposición de las comunidades para hacer frente a la pandemia (en total recibirá unos 3.400 millones).

Ayuso defendió que hay que evitar «a toda costa el estado de alarma» y un confinamiento porque eso supondría «el desastre económico». Es la tesis que tanto ella como su número dos esgrimieron en mayo, durante su campaña para que Madrid pudiera pasar de fase. Tres meses después, su gobierno trata de evitar por todos los medios que la situación se repita y de luchar no solo contra el virus, también contra una hemeroteca implacable y la amenaza de una moción de censura que cada vez más partidos en Madrid consideran inevitable

https://www.eldiario.es/madrid/comunidad-madrid-enfrenta-mayor-desafio-controlar-movilidad-millon-personas-gobierno-dividido-credibilidad-suelos_1_6231426.html

La errática gestión de Ayuso sume en el desconcierto al personal sanitario, a los municipios más afectados por la pandemia y a su socio de Gobierno

La errática gestión de Ayuso sume en el desconcierto al personal sanitario, a los municipios más afectados por la pandemia y a su socio de Gobierno

«Hemos sorprendido al mundo. No nos van a robar el relato de la salud ni la Sanidad»; «lo que ustedes están pretendiendo es deshacer mi relato». Era mayo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, reivindicaba más autonomía para decidir sobre la desescalada en la región que era el epicentro de la pandemia. El Ministerio de Sanidad se había negado en dos ocasiones a autorizar el cambio de fase y Ayuso llevaba a los tribunales la decisión. De esas declaraciones de la presidenta madrileña en una entrevista y en el Pleno regional, habían pasado tan solo siete días desde que su entonces directora general de Salud Pública, Yolanda Fuentes, dimitiera tras negarse a firmar la solicitud de cambio de fase. Fuentes consideraba que la autonomía no estaba preparada, y antes de someterse a las presiones del Gobierno regional eligió la salida.

Aquel «relato» del que hablaba la presidenta madrileña en mayo se basó en la confrontación con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que ejercía de cortapisa a lo que la presidenta llamaba -y sigue llamando- «la locomotora de España”. La tesis era que un Gobierno de socialistas y comunistas se estaba cebando con Madrid por puro sectarismo. El mismo gobierno, por otra parte, que había autorizado el salto a la normalidad a Galicia, en vísperas de las elecciones autonómicas. El ambiente se había caldeado en la capital y algunos de los barrios más acomodados se habían echado a la calle contra Pedro Sánchez por seguir confinados. El propio líder del PP, Pablo Casado, se quejaba de que la coalición tenía a la gente «estabulada».

Desde el Ministerio de Sanidad se negaban a facilitar los nombres de los funcionarios que participaban en la decisión, pero alegaban que en Madrid había un problema con la atención primaria: ambulatorios y centros de salud permanecían cerrados porque su personal había sido enviado al hospital de campaña de Ifema, donde Ayuso había puesto todos los focos, y sobre todo advertían de que Madrid no podía pasar de fase mientras no contratase rastreadores. Todo aquello fue antes del verano.

A la vuelta de las vacaciones el resultado está a la vista. Improvisación en el regreso a las aulas, ausencia clamorosa de rastreadores, demoras de más de una semana en la entrega de las pruebas y una política de comunicación de anuncios y rectificaciones que mantiene en vilo al personal sanitario, a las localidades más afectadas por la pandemia e incluso al socio de coalición. Todo ha saltado por los aires en las últimas 48 horas ante un Ejecutivo completamente dividido –lo está prácticamente desde su nacimiento– que asume ya públicamente su incapacidad para hacer frente a la pandemia cuando la situación ya está descontrolada.

La incertidumbre es total en la comunidad sanitaria que mira con preocupación cómo las camas hospitalarias –también las UCIs– empiezan a llenarse de pacientes con coronavirus, después de que la Atención primaria lleve meses en el abismo. Y se ha instalado también en los ayuntamientos del Sur de la región, que leyeron en la prensa que sus municipios probablemente sufrirán medidas más restrictivas encaminadas a la limitación de la movilidad y la actividad a partir del fin de semana sin que nadie en la Puerta del Sol se haya preocupado por informar a sus alcaldes sobre si vale el anuncio que el responsable sanitario hizo el miércoles a primera hora tras informar de confinamientos selectivos a Ayuso por WhatsApp, o los desmentidos del equipo de la presidenta minutos después. Este viernes había programada una reunión de esos alcaldes con la presidenta madrileña, que Ayuso suspendió a menos de 24 horas de su celebración por «motivos de agenda». Tampoco se celebró la rueda de prensa semanal tras el Consejo de Gobierno, como ocurre todos los miércoles.

Pero el desconcierto también rige dentro del Gobierno de coalición. Ignacio Aguado, vicepresidente del Ejecutivo madrileño, admitía este jueves que la Comunidad de Madrid es incapaz de hacer frente a la pandemia en un comparecencia sin preguntas que se programó de imprevisto –después de haber anulado la de la víspera– y en la que el dirigente de Ciudadanos lanzaba un mensaje casi de desesperación al Gobierno central. «La situación de la epidemia en Madrid no va bien. Está empeorando. Vamos a necesitar hacer más esfuerzos», empezaba su intervención el número dos del Ejecutivo autonómico. «Es imposible acabar con una epidemia de estas características desde un gobierno regional», lamentaba admitiendo que ya no son capaces. Y proseguía: «Es necesario y urgente que el Gobierno de España se implique y se implique de forma contundente en el control de la pandemia en Madrid».

La petición de Aguado llegaba después de que la presidenta madrileña decidiera dejar de dar explicaciones ante el caos del día anterior y de que su viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero, que puso al frente de la gestión de la pandemia en mayo tras la dimisión de Yolanda Fuentes, se negase a grabar un vídeo para rectificarse a sí mismo tras haber hablado de «confinamientos selectivos». Zapatero, director del hospital de campaña de Ifema que Ayuso usó para su «relato», fue una apuesta personal de la presidenta madrileña. Pero en las últimas semanas había decidido hacer un discurso más contundente que el de la propia Ayuso para la contención de la pandemia. A finales de agosto ya había pedido a los ciudadanos de las zonas más afectadas «quedarse en casa» mientras Ayuso defendía que hacer tales declaraciones suponía poner freno a la economía de «la locomotora de España».

Aguado tomaba este jueves la iniciativa para reconocer la incapacidad de su Gobierno para gestionar la pandemia, ahora que la oposición le ha trasladado toda la presión para liderar una moción de censura que propicie un cambio tras 25 años del PP en el poder madrileño. Y el mensaje no gustó a Ayuso, algo que reconocen en la Puerta del Sol casi cada vez que habla su número dos, porque supone defender que la dirigente popular no está capacitada para afrontar la situación.

Pero no solo es su socio de Gobierno –al que Ayuso ha dejado al margen de la gestión de la pandemia, como reconocen dentro de Ciudadanos– quien pone en duda la capacidad del Ejecutivo autonómico. Cada vez son más los responsables sanitarios que se han decidido a decir públicamente lo que hasta ahora clamaban en privado.

El jefe de enfermedades infecciosas del hospital Ramón y Cajal de Madrid, Santiago Moreno, se preguntaba este jueves en una entrevista en El País, «por qué no se han tomado antes las medidas» que habrían evitado la expansión del virus, como hicieron en verano Aragón y Catalunya cuyos pésimos datos han descendido gracias a una gestión contundente. «Cuesta entender que aún no se hayan tomado algunas restricciones cuando hace tiempo que vemos venir la ola», se lamentaba.

En la gestión de la pandemia ha sido la Consejería de Sanidad quien siempre ha querido ser más prudente, aunque no siempre se ha encontrado con el respaldo de Ayuso. Se vio en mayo con la dimisión de la directora general de Salud Pública y ha vuelto a quedar patente este miércoles por el anuncio de «confinamientos selectivos» del viceconsejero que era desmentido mientras se producía.

El caso es ilustrativo de cómo se está luchando contra la pandemia en el territorio que más preocupa a todo el país. Zapatero informó a través de un WhastApp a la presidenta de que iba a anunciar confinamientos selectivos minutos antes de que lo hiciera en una rueda de prensa. El internista, al que Ayuso convirtió en su nuevo gurú frente a la pandemia, aseguró que «la presidenta apoya siempre cualquier medida que vaya en el sentido de proteger la salud de los ciudadanos. Esta medida la presidenta la apoya de forma determinante», preguntado por si contaba con su respaldo. Casi a la misma hora desde la puerta del Sol empezaban a aflorar los desmentidos que llegaban de fuentes cercanas a la presidenta.

El episodio recuerda -con muchas diferencias- a otro de hace dos semanas. La Consejería de Justicia autorizó una corrida de toros en Alcalá de Henares que iba a concentrar a más de 4.000 personas en contra del criterio del alcalde socialista de la localidad. El mismo día que se daba el último aprobado, Sanidad filtró un informe de Salud Pública en el que «desaconejaba» el evento taurino ante el riesgo para los ciudadanos. Una vez en los medios, la feria terminó suspendiéndose al día siguiente.

La situación dos semanas después es mucho más delicada. La Comunidad de Madrid ya cuenta con más de 2.700 personas ingresadas en los hospitales de la región solo por coronavirus, 371 de ellos en unidades de cuidados intensivos (UCIs) que empiezan a ver su capacidad superada. La región acumula más de 15.000 fallecidos desde que se iniciara la emergencia sanitaria y solo en los últimos siete días ha sumado más de 21.000 casos positivos, 3.443 solo en las últimas 24 horas.

Fuentes del entorno de Ayuso trababan este jueves de justificar el caos vivido en el seno del Gobierno regional. “Zapatero habló de ‘confinamientos selectivos’, pero usó ese término como concepto para que todos lo entendiéramos, no dijo que vayan a aprobarse confinamientos selectivos, sino que en todo momento habló de restricciones”, aseguraban. También se quejaban de que son medidas que han puesto en marcha otras comunidades sin que a ellas se les haya puesto en duda, obviando que esas autonomías no dejaron pasar tanto tiempo ni se desmintieron al momento.

El consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, grababa a mediodía el vídeo que se había negado a hacer su viceconsejero por la mañana. Escudero pedía «calma» ante «las interpretaciones» que había generado el anuncio de que se iban a producir confinamientos selectivos. Pero confirmaba que las medidas que iban a aprobarse iban encaminadas a «restringir la movilidad y la actividad» en las zonas con más incidencia del virus.

Nueve de los diez grandes municipios que cuentan con más casos diagnosticados de coronavirus en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes en toda España están en la Comunidad de Madrid. La ciudad más castigada es Parla, con 992 casos por 100.000 habitantes, pero también figuran Alcobendas, Fuenlabrada, Madrid capital, Collado Villalba, Torrejón de Ardoz, San Sebastián de los Reyes, Getafe y Alcorcón. Dentro de la capital, hay tres distritos que rondan los 1.200 casos por cada 100.000 habitantes en dos semanas: Puente de Vallecas (1.280), Villaverde (1.208) y Usera (1.198).

La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, hacía este jueves una valoración «tremendamente negativa» de la forma de gestionar la pandemia por parte del Gobierno regional. «A menos de 24 horas a los municipios de la zona sur, a los alcaldes y alcaldesas de la zona sur, que son las zonas más afectadas por la pandemia nos acaban de suspender una reunión en la que queríamos tratar precisamente de eso, la pandemia», lamentaba. También la regidora de Alcorcón, Natalia de Andrés, criticaba que «en estos momentos donde debe prevalecer la coordinación entre administraciones para luchar contra el Covid» se estuviera dejando de lado su criterio.

Las críticas se producen cuando las costuras del Gobierno regional vuelven a quedar al descubierto por las discrepancias sobre cuáles son las medidas a adoptar y cuál debe ser su contundencia. Aguado reconoce ya la incapacidad del Gobierno autonómico ante un desborde en «escalada». Y su llamamiento de ayuda terminaba por la tarde con una carta que Pedro Sánchez remitió a la presidenta madrileña en la que le pedía una reunión «a la vista de la evolución» de la pandemia en la región, que es la que registra un mayor número de contagios y fallecidos en las últimas semanas.

El presidente del Gobierno hablaba de «cooperación» y se ofrecía a trasladarse a la Puerta del Sol –sede del Gobierno regional– para abordar «conjuntamente» los siguientes pasos para hacer frente a la evolución de la Covid-19 en la región. Ayuso aceptaba el encuentro aunque decía haberse sentido muy «sola», pese a que es la comunidad que más fondos va a percibir del Gobierno, 3.400 millones de los 16.000 para todo el territorio y pese a que tenía en su mano haber solicitado el decreto de estado de alarma. La situación es de «emergencia», advierten sanitarios y epidemiólogos. Este viernes se despejarán las dudas de hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de Ayuso para frenar la evolución de la pandemia.

https://www.eldiario.es/madrid/erratica-gestion-ayuso-sume-desconcierto-personal-sanitario-municipios-afectados-pandemia-socio-gobierno_1_6228521.html

Sánchez pide por carta una reunión a Ayuso y ella acepta pero asegura haberse sentido «sola» en la gestión de la pandemia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha enviado este jueves una carta a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pidiéndole una reunión «a la vista de la evolución» de la pandemia en la región, que es la que registra un mayor número de contagios y fallecidos en las últimas semanas y que se ha llegado a plantear endurecer las medidas frente al virus.

En la misiva, Sánchez considera «capital reforzar los mecanismos de cogobernanza para complementar los esfuerzos y medios» puestos ya en marcha por la Comunidad de Madrid. «Desearía tener la oportunidad de estudiar conjuntamente el modo de reforzar los esfuerzos y medios que pueda aportar el Gobierno con el fin de superar cuanto antes los momentos críticos que atraviesa la región en beneficio de sus ciudadanos», afirma en su carta el jefe del Ejecutivo.

El presidente ha señalado que para poder abordar ‘in situ’ estos asuntos estará «encantado» de desplazarse a las dependencias de la Presidencia regional, en la Real Casa de Correos. «Si te parece bien, nuestros equipos pueden empezar a trabajar en una reunión en cuanto sea posible», ha añadido.

La semana pasada fue la propia Ayuso la que solicitó a Sánchez una reunión para abordar la situación de la región. Y, este jueves, nada más conocer la misiva del presidente, la dirigente madrileña ha publicado un tuit alegrándose del ofrecimiento. «La Comunidad de Madrid ha estado demasiado tiempo sola. Celebro que el presidente del Gobierno acceda por fin a reunirse conmigo», ha señalado.

Minutos después, Ayuso ha enviado otra carta al jefe del Ejecutivo en la que señala que al Gobierno madrileño no le importa «más que la buena marcha» de la región y de España, «sortear las dificultades que está provocando el virus y la situación en la que está dejando a tantos ciudadanos». «Como te he trasladado en las distintas conferencias de presidentes que hemos celebrado en estos meses, aunque Madrid haya puesto a funcionar a pleno rendimiento todos sus recursos, se hacen necesarias estrategias nacionales puesto que ser capital, motor económico y centro de la península, requiere de una coordinación específica entre administraciones para acabar con la epidemia», apunta Ayuso.

«La movilidad, la densidad de población, sus lazos familiares y económicos con el resto del país, su posición internacional y su situación geográfica convierten a la Comunidad de Madrid en una autonomía de especial vulnerabilidad que requiere de estrategias conjuntas entre administraciones para atajar antes la pandemia», prosigue, en su carta.

«Además de todos los servicios públicos propios destinados a este fin, ya sean sanitarios, sociales o educativos, necesitamos seguridad jurídica, actuaciones en dependencias estatales y respaldo en materia legislativa y de seguridad ciudadana, competencias de las que carecemos, para que todas las demás medidas sean efectivas. Pido a mi equipo que se ponga a disposición del tuyo para coordinarse y comenzar a trabajar lo antes posible», conluye.

Esta mañana, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, hacía un llamamiento al Ejecutivo de Pedro Sánchez para que se «implique de forma contundente» en el control de la epidemia en Madrid, una petición, ha dicho, que había trasladado a la presidenta regional.

«¿Alguien piensa que una pandemia se va a solucionar únicamente con un Gobierno regional?». «Es imposible acabar con una epidemia de estas características desde un gobierno regional, ha lamentado el vicepresidente regional de la comunidad autónoma que más presionó por que terminase el estado de alarma y que en la desescalada criticó los criterios del Gobierno central para no dar el cambio de fase pidiendo autonomía para gestionar la pandemia porque era el Ejecutivo de Madrid quien sabía qué le iba mejor a los ciudadanos.

https://www.eldiario.es/politica/sanchez-envia-ayuso-carta-pidiendole-reunion-abordar-crisis-sanitaria-madrid_1_6228646.html

La gestión del Gobierno de Ayuso deriva en un caos con los hospitales en plena alerta y la Atención Primaria colapsada

La gestión del Gobierno de Ayuso deriva en un caos con los hospitales en plena alerta y la Atención Primaria colapsada

La Comunidad de Madrid anunció este miércoles a través de sus responsables sanitarios que estaba preparando «confinamientos selectivos» en la región. Y a los pocos minutos se desmintió a sí mismo generando un desconcierto en la población, el Ministerio de Sanidad y las comunidades limítrofes que observan con estupor lo que ocurre en Madrid. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso volvía a protagonizar un nuevo ejemplo de caos por la gestión de la crisis de la Covid-19. Todo ello mientras la región, que fue el epicentro de la epidemia en primavera, vuelve a estar a la cabeza de casos en el país, con la presión sanitaria disparándose. A falta de refuerzos, la Atención Primaria está colapsada y el siguiente escalón son los hospitales –una de cada cinco camas ya están ocupadas por pacientes con coronavirus– y, sobre todo, las UCI.

En medio de este escenario, el anuncio del viceconsejero de Salud Pública y Plan Covid-19, Antonio Zapatero, de que habrá restricciones a la movilidad a partir del fin de semana en las zonas más afectadas de la región desataba un nuevo terremoto en el Gobierno regional con desmentidos e improvisaciones sucesivas sin que al final del día se sepa qué planes tienen las autoridades sanitarias de Madrid para el corto plazo.

Díaz Ayuso se enteró de las medidas que anunció el hombre al que ha confiado la gestión de la pandemia la misma mañana del miércoles a través de un mensaje de WhatsApp. Zapatero, que llegó al puesto tras la dimisión de la anterior directora de Salud Pública, durante el peor momento de la crisis, comparecía para hacer balance de la situación epidemiológica en la región y se lanzó a anunciar más medidas restrictivas para el fin de semana en un momento en la autonomía acumula 21.131 casos diagnosticados los últimos siete días –3.438 las últimas 24 horas–, según los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad. El endurecimiento de las restricciones, admitía el viceconsejero, atendía a la «repercusión de la pandemia en la Atención Primaria y en los hospitales». 

Cuando los primeros titulares empezaron a asomar en los diarios digitales y las radios, desde el equipo de la presidenta precisaron que «la decisión sobre posibles confinamientos no estaba tomada» y añadieron que hasta el viernes no se conocerán cuáles son realmente las medidas que el Gobierno regional aprobará para frenar una curva de contagios cada vez más empinada.

«Los asuntos de posibles medidas se debaten en el Consejo de Gobierno y hoy no se ha abordado nada al respecto de confinamientos», resumían fuentes del Ejecutivo que censuraban que Zapatero hubiera actuado por su cuenta. La polémica derivó en la cancelación de la rueda de prensa habitual del vicepresidente y portavoz del Ejecutivo madrileño, Ignacio Aguado, tras el Consejo de Gobierno en la que este suele informar de los acuerdos y responde a la pregunta de los periodistas. Fuentes del Gobierno regional se limitaban a decir que se suspendía porque «las medidas a adoptar ante la evolución del Covid-19 en la revisión quincenal no estaban cerradas», pese a que en esa comparecencia se tratan también otros temas.

Los anuncios y desmentidos sobre nuevas restricciones llegan después de que la presidenta madrileña se sometiera este lunes y martes al debate parlamentario más importante del año en la región –junto al de presupuestos– en el que no hubo alusiones a ninguna de estas medidas. Su discurso, con un marcado tono triunfalista, se basó en rescatar viejos anuncios con los que Ayuso recuperaba las banderas de siempre del PP como la rebaja «histórica» de impuestos pese a la pandemia y una ley para blindar la educación concertada. Sobre la situación epidemiológica, la presidenta madrileña se limitó a hablar de los efectos económicos, que cifró en una caída del PIB del 12,7% –aún así prometía la rebaja fiscal–, y anunció un plan para la Atención Primaria con una inversión de 80 millones en tres años.

Desde el Gobierno regional no responden a la pregunta de si Ayuso estaba al tanto de las medidas que este miércoles anunciaba su viceconsejero, pero Zapatero, que se hizo con el puesto tras dirigir el hospital de Ifema que la presidenta convirtió en el escaparate de su gestión (pese a que fue levantado por el Ejército y no atendió a los casos más graves), aseguraba que la presidenta había sido informada por WhatsApp antes de la rueda prensa. Preguntado por si Ayuso las respaldaba, Zapatero respondió que «la presidenta apoya siempre cualquier medida que vaya en el sentido de proteger la salud de los ciudadanos. Esta medida la presidenta la apoya de forma determinante». Lo decía mientras el equipo de Ayuso censuraba sus anuncios.

Ya por la tarde, el consejero de Justicia, Enrique López, salía a pedir «disculpas». “Por el concepto de confinamiento», dijo en la Cadena SER. «Asusta y nos hace a todos volver a pensar en la situación de marzo o abril», añadió. López aseguró que el Gobierno regional no tiene instrumentos «para confinar a los ciudadanos en sus casas» por razones de Salud Pública, aunque el Gobierno central ha puesto a disposición de las Comunidades Autónomas pedir estados de alarma que lo permitiría. «Sí se pueden establecer restricciones a la movilidad en zonas cuando lo justifique la situación», aseguraba, dando nuevas pistas sobre por dónde pueden ir las medidas que en principio se van a anunciar este viernes.

López se limitó a hablar de «restricciones a la movilidad» en contra de lo manifestado por el viceconsejero por la mañana. Zapatero, sin embargo, no fue capaz de concretar en qué se materializaría el confinamiento selectivo, de producirse: a qué zonas o localidades afectaría ni cómo se organizaría. Tampoco aclaró si estos confinamientos supondrán el cierre de los colegios o la hostelería de las zonas más afectadas. El consejero de Justicia se limitó después a pedir «tranquilidad» y a asegurar que las personas podrán seguir yendo a sus trabajos y a los centros educativos como hasta ahora.

Sí defendió López la necesidad de endurecer las medidas en las zonas más afectadas. Nueve de los diez grandes municipios que cuentan con más casos diagnosticados de coronavirus en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes en toda España están en la Comunidad de Madrid. La ciudad más castigada es Parla, con 992 casos por 100.000 habitantes, pero también figuran Alcobendas, Fuenlabrada, Madrid capital, Collado Villalba, Torrejón de Ardoz, San Sebastián de los Reyes, Getafe y Alcorcón. Dentro de la capital, hay tres distritos que rondan los 1.200 casos por cada 100.000 habitantes en dos semanas: Puente de Vallecas (1.280), Villaverde (1.208) y Usera (1.198).

Las costuras del Gobierno regional han vuelto a quedar al descubierto con estos datos como telón de fondo y una huelga indefinida de sanitarios de Atención Primaria a partir del 28 de septiembre que Ayuso trató de despejar (sin éxito) con el anuncio de una inversión de 80 millones en tres años. El Ministerio de Sanidad expresaba el mismo día que se evidenciaba esta descoordinación en la gestión madrileña la «preocupación» por la evolución de la pandemia en Madrid y emplazaba al Ejecutivo autonómico a adoptar «medidas adicionales» frente al virus. 

Entre las medidas que se plantea Ayuso está la de reabrir el hospital de campaña de Ifema, según informa El Mundo, lo que supondría el reconocimiento de que la sanidad madrileña vuelve a no dar abasto más de cuatro meses después de haberlo cerrado con una fiesta en la que la presidenta madrileña presumió de gestión y provocó una aglomeración inexplicable.

En marzo y abril, Ifema se sostuvo a costa de los sanitarios de la Atención Primaria y en el Gobierno regional no explican ahora cómo piensan mantenerlo en el caso de que se reabra, a la vez que aseguran que “no hay más sanitarios para contratar“, dijo la propia Ayuso este martes en el Debate del Estado de la región.

Los centros de salud están desbordados. Las atenciones domiciliarias se han multiplicado entre el 15 de julio y el 15 de septiembre casi por 30: de 495 casos a 14.160, según los últimos datos de la Consejería. Los profesionales doblan turnos para hacer PCR, identifican contactos, les hacen seguimiento telefónico cada día a todos y, si pueden, atienden a algún paciente que llega por cualquier otra dolencia. Esas no han cesado. «No damos más de sí ni física ni mentalmente», dice una médica de un centro de salud de Fuenlabrada que ha colgado un cartel donde cada día actualizan el número de sanitarios que están trabajando. En el barrio de Lavapiés, el ambulatorio ha colgado otro esta semana: «Estamos tres médicos de ocho, disculpen las molestias». 

En los hospitales, que se asomaron al abismo en la primera ola, el temor de los sanitarios va en ascenso. «Los casos crecen despacio pero sin piedad», resume el traumatólogo Carlos Castaño, presidente de AFEM. Una de cada cinco camas ya están ocupadas por un enfermo de coronavirus, una tasa del 22% que dista mucho del 8,5% de media en España. La Covid-19 va ganando terreno, de nuevo, en los centros hospitalarios. Las cirugías programadas ya se han suspendido completamente al menos en tres (Doce de Octubre, Infanta Leonor y Gregorio Marañón) mientras los sanitarios piden más «liderazgo» y «coordinación» por parte de la administración para no repetir lo que pasó en marzo y abril.  

«Este segundo pico de la pandemia se está focalizando en el sur, empezamos a estar llenos y falta una gestión a nivel regional para que aquí no concentremos todo y nos desbordemos», lamenta Ana Jiménez, médica de urgencias en el hospital Infanta Leonor y delegada del sindicato AMYTS. En el centro, cuenta, los sanitarios han organizado una recogida de firmas para enviar una carta a Sanidad que pide una suerte de «corredor Covid-19 para distribuir a los pacientes» por varios hospitales. «No puede ser que los hospitales del sur se queden paralizados otra vez», asegura. Aquí, dice Jiménez, «lograr un traslado cuesta sangre, sudor y lágrimas». La UCI, de siete puestos, está llena desde el 4 de septiembre. Hoy hay nueve personas críticas ingresadas, dos de ellas en la URPA. A fecha 16 de septiembre hay 371 personas en estado crítico en los hospitales madrileños. Hace una semana, eran 294. 

Esta vez, dicen varias profesionales de hospitales del cinturón sur, «no es cuestión de falta de espacio, sino de personal». En el Doce de Octubre, dentro del distrito de Carabanchel, las camas estructurales de UCI están completas, según UGT. Son 38. En una reunión mantenida este jueves con la dirección, se planteó incorporar como zona de críticos también la Reanimación, un área en el que se quedan normalmente los pacientes que salen de una cirugía. «Pero no podemos ampliarla. No por falta de espacio, ni de respiradores sino porque no hay personal”, contesta Araceli Rojo, delegada del sindicato. Una parte de los sanitarios aún no ha regresado de vacaciones y las bolsas de empleo están agotadas, según los sindicatos. Sanidad responde que ha contratado a 10.000 profesionales más y mantiene «prácticamente todos», pero a pie de hospital falta gente. 

Pese a esta situación sanitaria, el responsable de Salud Pública de Madrid, Antonio Zapatero, descartaba un cierre total de la autonomía a primera hora pero avisaba, no sabemos si con el beneplácito de Díaz Ayuso: «Si la situación de Madrid avanza, Madrid tomará las medidas que tenga que tomar». Para ello, la presidenta de la Comunidad de Madrid tiene a su disposición pedir un estado de alarma específico para Madrid en el Congreso de los Diputados, una opción que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso a disposición de las comunidades el pasado 25 de agosto y que Ayuso se limitó a rechazar pese a que la tendencia al alza de casos ya empezaba a ser incontrolable en la capital. 

La presidenta madrileña siempre ha defendido que hablar de un escenario de cierre para Madrid supondría poner en peligro a la «locomotora económica» del país y por eso lo rechaza. Sin embargo, la situación empieza a ser crítica en la región tras una polémica gestión durante el verano caracterizada por la falta de rastreadores y la improvisación para el plan de vuelta a las aulas. Fue Madrid también la última autonomía en imponer como obligatoria el uso de la mascarilla y ha permanecido a rebufo del resto a la hora de aplicar restricciones por territorios, pese a ser la comunidad más afectada.

En el Gobierno de Sánchez descartan por el momento una intervención de la autonomía y se limitan a asegurar que acompañarán a Madrid en las decisiones que tome.

https://www.eldiario.es/madrid/gestion-gobierno-ayuso-deriva-caos-hospitales-plena-alerta-atencion-primaria-colapsada_1_6226337.html

La mayor víctima de la pandemia en Madrid es Díaz Ayuso y luego está toda esa gente que se ha muerto

La mayor víctima de la pandemia en Madrid es Díaz Ayuso y luego está toda esa gente que se ha muerto

Vaya verano tuvo que pasar la reputación de Ángel Gabilondo en las redes sociales. El tuit desde la izquierda más abrasivo contra el portavoz socialista en la Asamblea de Madrid era tan cierto y divertido como gamberro: «Os metéis con Gabilondo y él no ha hecho nada». Y los más cabreados decían: pues claro que no hace nada en la oposición a Isabel Díaz Ayuso. El exrector universitario había decidido no unirse a la estrategia de tierra quemada que caracteriza a la política española y dar aire al Gobierno madrileño para que elaborara su estrategia ante el coronavirus en unas condiciones terribles para cualquier Administración. Ayuso lo agradeció compitiendo con Pablo Casado en la tarea de atacar por todos los medios al Gobierno de Pedro Sánchez. Eso dejó a Gabilondo con la imagen del típico individuo del que es fácil aprovecharse. Eso es demoledor en política. Nadie te respeta.

En la segunda jornada del debate del estado de la región en la Asamblea de Madrid, Gabilondo tuvo la oportunidad de dejar clara su posición en la tribuna. Ya en meses anteriores había explicado lo poco que le interesaba la idea de una moción de censura en plena pandemia. Y además esa moción estaba condenada a la derrota y eso no parece que haya cambiado mucho. El portavoz socialista cedió un poco a esa presión en la que incluso ha intervenido de forma algo confusa el líder del PSOE madrileño, José Manuel Franco, y pronunció unas palabras que en realidad no le comprometen en nada: «Estoy dispuesto como candidato más votado para asumir lo que me corresponda», dijo en relación a un posible cambio de Gobierno, y para ello no descarta emplear los «mecanismos parlamentarios».

Con eso, ya empezaron a volar los titulares que decían que el socialista alentaba la moción de censura o que invitaba a Ciudadanos y Vox a dejar caer al Gobierno de Ayuso, pero el ruido era mayor que las palabras realmente pronunciadas. Gabilondo también dijo que «lo importante ahora es afrontar la pandemia». Muchas ganas no tiene.

Por lo que pueda valer, Díaz Ayuso elogió en dos ocasiones la moderación de Gabilondo, que es la típica ayuda que te echan al cuello y que te deja con menos aire del que tenías.

La intervención del portavoz de Ciudadanos no ofreció ninguna pista de que su partido esté interesado en buscar una nueva pareja de baile. Las relaciones de Cs y el PP entraron en crisis en primavera cuando los primeros empezaron a sospechar que Díaz Ayuso pretendía endosarles la responsabilidad de la situación de las residencias de ancianos. Las especulaciones sobre una remodelación del Gabinete se fueron después apagando. La presidenta se deshizo en loas a Ciudadanos y al vicepresidente, Ignacio Aguado, el día anterior, lo que indica que las heridas han cicatrizado. El Gobierno sólo tiene un año de vida y aún debe afrontar el regreso de la pandemia con toda su fuerza en otoño e invierno.

Gabilondo sí hizo oposición en su discurso para los que se quejaban de su pasividad. Siempre con su estilo de profesor que no levanta la voz ni siquiera cuando algo le enfada, en el caso de que eso ocurra alguna vez. Fue incisivo y concreto cuando dijo que el 88% de «los médicos de menos de 40 años no tienen contrato estable» en la precaria sanidad madrileña. O al denunciar que el Gobierno no ha contratado ni los médicos de Atención Primaria ni los rastreadores necesarios. «Lo que se ensaña con usted y con su gestión son los datos», dijo respondiendo al victimismo en el que reside Ayuso con todos los gastos pagados.

Madrid cuenta con un tercera parte de los contagiados actuales con sólo el 14% de la población española. En estos momentos, la Comunidad con un mayor porcentaje de camas ocupadas es Madrid con un 21%. Las siguientes (Aragón, Baleares, Castilla La Mancha y Euskadi) están en un 12%.

Las representantes de Más Madrid y Podemos fueron más agresivas que Gabilondo, aunque eso ya estaba en el guión. «Han perdido cuatro meses de oro», dijo la doctora Mónica García. «¿Por qué demonios no se han contratado los 1.300 rastreadores que se necesitan?». Su líder, Íñigo Errejón, dijo en el Congreso a la misma hora que si el PSOE no presenta una moción de censura, lo harán ellos con García de candidata. Sus representantes en la Asamblea no dijeron tal cosa, así que hay que suponer que no estaban informados de lo que su jefe iba a decir.

Sea esa moción una posibilidad o una serpiente de final de verano, Díaz Ayuso se picó con las palabras de Mónica García y le vino a decir que a ver qué se creía por ser médica. No le respondió con hechos, sino con insinuaciones, y para ello recurrió al 8M, que es lo que suele hacer el PP cuando la cosa se pone caliente. «El 8M del que apenas hablo yo, pero ahí está», comentó para que supiéramos que desde luego que iba a hablar de la manifestación feminista. Y lo hizo para acusarle poco menos que de negligencia profesional: «Usted pudo elegir entre ser sanitaria y ser activista» y fue a la convocatoria. A Ayuso le puso nerviosa que le hablara una médica: «No me hable de ser sanitaria. No me dé lecciones».

Poco antes había dicho que ella nunca le ha «faltado el respeto a un partido» y «nunca he cogido el nombre de un político y le he acusado de muertes». Pero si le presionan duro, siempre está ahí el comodín de 8M para sugerir que hay políticos que han matado a gente, igual sin querer. No como ella, que ha salvado a tantos que ni sabe cuántos son.

Fue el momento del Pleno para las réplicas a los portavoces de la oposición cuando Díaz Ayuso volvió a activar el modo destrucción masiva. Su cerebro activó todos los sistemas de combate. No hay personal sanitario en paro en Madrid así que no pidan más. Habló de «las leyes eugenésicas» de la izquierda (si hay moción de censura, saca seguro a Hitler). Los liberados sindicales son unos vagos que deberían estar trabajando en los hospitales. En marzo y abril había solidaridad, pero ahora «todo son reivindicaciones, todo son quejas» (lógico, la gente no quiere morirse si le dan a elegir). «Yo no gobierno para los gestos», lo que son buenas noticias para los que presenciaron su acto de fin de fiesta en el hospital de Ifema en el que hasta se subió a un camión de venta de comida para las fotos. «Los países que estaban libres en la primera ola se están contagiando ahora», una noticia que es toda una novedad para algunos de esos países.

En definitiva, aquí hay «una campaña de desprestigio» contra mí que me da un poco igual porque soy así, pero no permito que se ataque a Madrid. «Lo que no voy a tolerar es que se ofenda a esta región y a los madrileños», dijo, aunque en realidad todas las críticas se dirigen a ella y a su partido. En la mejor tradición del procés, los ataques a Ayuso son ataques a Madrid.

Su cerebro estaba en posición de ráfaga y algo tenía que acabar mal. En su lista de razones de los brotes de la pandemia en el sur de Madrid, incluyó una referencia xenófoba, de esas que consisten en acusar a los de fuera por sus costumbres extravagantes o sencillamente deplorables. «Se están produciendo, entre otras cosas, por el modo de vida que tiene nuestra inmigración en Madrid y también por la densidad de población que tienen esos distritos y municipios». No como los españoles pata negra y bandera española en la mascarilla que no salen de su casa en verano ni aunque les pongan explosivos en la casa.

¿De dónde había sacado esa idea? Muy probablemente, del programa de radio de Federico Jiménez Losantos, cuyo presentador señaló el día anterior a los latinoamericanos por sus «costumbres poco higiénicas para la pandemia». La solvencia científica de la acusación queda probada por esta frase: «No nos podemos ir con la gallina peruana fantástica al Retiro». Si Donald Trump anda repitiendo todo lo que ve en Fox News, está ahora más claro de dónde saca Ayuso el material para sus análisis epidemiológicos.

Jacinto Morano, portavoz de Podemos, le exigió después que retirara esas palabras por considerarlas racistas. El cerebro no iba a tolerar tal provocación: «Le animo a que me lleve a los tribunales por si he dicho algo racista, y si no, olvídeme».

Eso es lo que hizo Ayuso de inmediato. Olvidarse de todos ellos y de sus campañas contra la mayor víctima de la pandemia. Ella.

https://www.eldiario.es/politica/victima-pandemia-diaz-ayuso_129_6223001.html

El Gobierno considera una «contradicción» que Ayuso pretenda bajar impuestos mientras se queja de no tener «suficiente para pagar la sanidad o la educación»

El Gobierno ve una «contradicción» en la intención de Isabel Díaz Ayuso de bajar los impuestos, en concreto medio punto para los tramos del IRPF, en plena pandemia y mientras reclama al Estado fondos para hacer frente a la crisis que deja la COVID-19. Aunque ha dejado claro que respeta las competencias de las autonomías en materia tributaria, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha cuestionado que «este sea el momento adecuado» para bajar los impuestos teniendo en cuenta que la «recaudación está mermada». «No aconseja que haya una caída añadida de esa recaudación», ha expresado en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Montero considera que es una «contradiccion» que «uno se pueda permitir una bajada fiscal» mientras se demandan «recursos extraordinarios» al Estado. La ministra ha asegurado que si se rebajan los impuestos «es poco de recibo que luego se vaya al Gobierno de España a pedirle que no tiene suficientes para pagar la sanidad o la educación». También ha rechazado la «teoría que tienen ellos» -en referencia a los conservadores- de que bajar impuestos ayuda a aumentar la recaudación por otras vías. «No hay ninguna evidencia científica», ha rematado.

En todo caso, la titular de Hacienda ha rebajado las expectativas respecto a que la Comunidad de Madrid, a la que otras autonomías acusan de dumping fiscal, termine bajando los impuestos en la línea de lo que ha defendido Ayuso. Para Montero es una mera «declaración de intenciones»: «No he escuchado compromiso de fecha concreta». Nada más empezar la pandemia, Ayuso reclamó en torno a 1.200 millones de euros extra para hacer frente a la pandemia. La Comunidad de Madrid es la que más dinero recibirá del fondo de 16.000 millones no reembolsable que aprobó el Ejecutivo en junio. Ayuso siempre ha reclamado que el criterio para el reparto fuera el de la población, que beneficia a la región.

En cuanto a la fiscalidad a nivel estatal, Montero ha reconocido que habrá «ajustes fiscales» en la elaboración de los presupuestos generales del Estado de 2021, aunque aparcar la reforma fiscal que pretendía acometer la coalición. La ministra no ha querido dar ningún detalle de la negociación que ya ha emprendido con Unidas Podemos, pero ha asegurado que la hoja de ruta respecto a la recaudación será el acuerdo programático sellado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, aunque tendrán que «adecuarlo al momento».

Respecto a las reuniones que Iglesias va a mantener con algunos grupos, como ERC o Bildu, para abordar las negociaciones presupuestarias, tanto Montero como Carmen Calvo -que ha comparecido junto a la portavoz para presentar la ley de memoria democrática- han enmarcado esos esos encuentros en la normalidad, aunque han dejado claro que la letra pequeña corresponderá a la ministra de Hacienda y, en su caso, a la comisión encargada para negociar con los grupos, que pilota Montero junto al secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez.

«los Presupuestos, como en todos los gobiernos del mundo, los tiene que hacer la ministra de Hacienda como es lógico, y coordinaremos entre las dos formaciones que sostenemos este gobierno progresista. Pero lo que es evidente, que cualquier miembro del Gobierno puede hablar con los grupos parlamentarios y en este caso el líder de otro partido político”, ha dicho la vicepresidenta primera. Preguntada por si esa ronda iniciada por el vicepresidente segundo está mandatada por Pedro Sánchez para allanar el apoyo de ERC o EH Bildu, Montero no lo ha aclarado, pero ha deslizado que es una estrategia comunicada en el seno del Ejecutivo: «En este Gobierno ningún ministro ni ningún vicepresidente actúa por su cuenta y todos los ministros y todos los vicepresidentes tienen iniciativas, y ambas cuestiones son compatibles”. “Cualquier ministro y cualquier vicepresidente, cuya iniciativa se contribuye a que se consiga ese fin último será bienvenida”, ha dicho sobre la aprobación de los presupuestos, que es clave para la supervivencia de la coalición. No obstante, ha reiterado que cuando llegue el momento de los «detalles y los números» con los grupos les tocará el turno a ella y a Álvarez.

https://www.eldiario.es/politica/gobierno-considera-contradiccion-ayuso-pretenda-bajar-impuestos-queja-no-suficiente-pagar-sanidad-educacion_1_6222778.html

Ayuso se la juega con el inicio de curso: un Gobierno partido en dos y la amenaza de la moción de censura

Ayuso se la juega con el inicio de curso: un Gobierno partido en dos y la amenaza de la moción de censura

Después de un agosto crítico en Madrid, con los contagios disparados y una gestión del Ejecutivo autonómico puesta en entredicho, el nuevo curso político será la prueba definitiva para el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Los epidemiólogos alertan desde hace días de que en la región hay transmisión comunitaria. Y la vuelta a las aulas, advierten, puede ser la «tormenta perfecta» para que el inicio de la segunda ola epidémica se descontrole por completo si las medidas anunciadas no llegan en la comunidad autónoma que fue la zona cero de la pandemia en primavera.

A la vuelta de vacaciones se le acumulan los frentes a la dirigente popular: la reapertura de los centros educativos coincidirá, además, con el inicio de la comisión de investigación sobre la gestión de las residencias, que partió en dos el Gobierno regional con un enfrentamiento sin precedentes entre consejeros de PP y Ciudadanos que sigue enquistado. Hay compañeros de Gobierno que no se hablan y las zancadillas se suceden entre las dos alas de la coalición. La amenaza de una moción de censura planea sobre el Gobierno desde hace muchas semanas, aunque ningún partido de la oposición se ha atrevido a dar el paso.

Díaz Ayuso regresaba de sus vacaciones el pasado martes para presentar personalmente –diez días antes de la reapertura de los colegios– el plan que ha diseñado su Gobierno para la vuelta al cole. Dos días antes de la reunión de coordinación fijada por el Gobierno con todas las autonomías, la presidenta madrileña prometía la contratación de 11.000 profesores –7.400 para la educación pública y el resto para la concertada– con el objetivo de garantizar ratios de 20 alumnos por aula.

Pero el plan arranca con fisuras: el Gobierno regional esperó hasta el pasado miércoles para aprobar una partida presupuestaria de 18,9 millones de euros destinada a la adecuación de los colegios (nuevos espacios, ventilación…). Las obras, según anunció el vicepresidente regional Ignacio Aguado, se alargarán hasta finales de año. La oposición y los sindicatos consideran que es un muestra más de la «improvisación» en la elaboración de las medidas teniendo en cuenta que los colegios cerraron en marzo. La huelga que anunciaron antes de conocerse el plan regional, por tanto, se mantiene. Es el primer territorio donde se convocó.

Díaz Ayuso es la única presidenta autonómica que se enfrenta a las movilizaciones de la comunidad educativa. Los principales sindicatos mantienen el paro a la espera de que los planes anunciados se materialicen. Aunque la música les suena bien, porque el plan del Gobierno regional recoge muchas de sus reivindicaciones –más profesorado, ratios más bajas y pruebas serológicas masivas para los docentes–, en CCOO, UGT, CGT y Stem no se acaban de fiar de que se vayan a poner en marcha a tiempo. «No es la primera vez que prometen una cosa y luego no cumplen, ya no nos fiamos», decía esta semana la portavoz de Comisiones Obreras Isabel Galvín a elDiario.es. Además siguen reclamando presencialidad de todos los niveles que garantice la igualdad de oportunidades de docentes y alumnos.

La presidenta madrileña afronta el reto de gestionar la educación –pero también la sanidad y las residencias– sin el paraguas del estado de alarma, que Ayuso utilizó para confrontar con el Gobierno de Pedro Sánchez y para culparle de la situación económica y sanitaria de la autonomía durante las peores semanas de la pandemia, a pesar de que todas las competencias sanitarias seguían siendo regionales. La dirigente del PP hacía un llamamiento estos días a que el Gobierno central vuelva a asumir las riendas de la pandemia: «No se puede pasar del estado de alarma a la nada», decía la jefa del Ejecutivo madrileño. Ayuso, sin embargo, rechazaba el ofrecimiento de Sánchez de que las comunidades autónomas soliciten estados de alarma individualizados.

La experiencia de gestión de Ayuso este verano desde que decayera el estado de emergencia el 21 de junio ha terminado con la región desbordada por los contagios. En los distritos y municipios del sur, el condicionante socioeconómico –menos recursos, trabajos precarios, viviendas pequeñas, pisos patera…– ha disparado los casos hasta el punto de que la incidencia por cada 100.000 habitantes dobla la de otros lugares de la región. Y está bajo sospecha el plan que presentó al Ministerio de Sanidad antes del verano para pasar de fase, cuando la presidenta y todo su partido acusaba al Gobierno central de boicotear a Madrid, «la locomotora de España», por intereses partidistas. Ahora se sabe que el Ejecutivo regional no contrató a los rastreadores que había comprometido. Algunos centros de salud siguen cerrados. Y los médicos de Atención Primaria, la gran damnificada de la sanidad madrileña, se asoman al colapso. Madrid también fue la última autonomía en imponer como obligatoria la mascarilla.

El viceconsejero de Salud Pública y Plan Covid-19, Antonio Zapatero, volvía a recomendar esta semana «evitar viajes innecesarios» y permanecer en casa en los municipios más afectados. Zapatero lleva diez días avisando de que la región estudia nuevas restricciones a la movilidad y a «actividades sociales» como la restauración y los encuentros familiares. El mensaje del que fuera el director del hospital de Ifema choca con la petición de Ayuso de «no alarmar», ya que eso podría perjudicar a la economía de Madrid, argumentó la presidenta regional sobre la preocupación manifestada por el Ministerio de Sanidad por la situación descontrolada en la autonomía. Mientras tanto, desde el Ayuntamiento de Madrid, el Gobierno de Martínez-Almeida cierra parques y piscinas.

Los datos no acompañan a la presidenta madrileña: la región concentra ya más de un tercio de todo lo que se está diagnosticando a nivel nacional. Sanidad notificó este viernes 9.799 casos, de los que 3.441 pertenecen a la Comunidad de Madrid. Las hospitalizaciones semanales tampoco han dejado de multiplicarse desde principios de agosto, y aunque la región está lejos de la situación asistencial que tenía en los peores meses de la pandemia cuando la sanidad colapsó, los profesionales sanitarios miran de reojo las cifras preocupados por lo que pueda pasar.

Madrid vuelve a estar a la cabeza de casos en el país y la explicación que dan los expertos tiene que ver con la polémica gestión en la contratación de los rastreadores. El Gobierno regional ha ido aumentando a trompicones la plantilla de controladores recurriendo, meses después de prometer al Ministerio los suficientes para pasar de fase en la desescalada, a voluntarios, a la privatización y a personal de ayuntamientos. La plantilla es actualmente de 560 rastreadores –uno para cada 12.000 habitantes–. La administración regional espera sumar otros 150 de los militares que el Ministerio de Defensa puso a disposición de las comunidades autónomas.

A la falta de controladores se suma otro problema al sistema de rastreo madrileño. La última semana, uno de los principales hospitales de la capital,  el Clínico San Carlos, ha dejado de notificar las pruebas diagnósticas por falta de reactivos para la realización de las PCR. La avalancha de tests también ha puesto en evidencia la falta de técnicos de laboratorio, como denunciaba este viernes Juan Carlos Rodríguez, presidente de la Asociación Española de Técnicos de Laboratorio (AETEL), en una entrevista en La Sexta.

Desde el Ejecutivo regional algunas voces reconocen que Ayuso lo fió todo al hospital de emergencias en Valdebebas que no estará operativo hasta octubre o noviembre, y en el que ha invertido más de 50 millones de euros. En el Gobierno autonómico estas mismas personas admiten que ha sido una estrategia «fallida» porque se «subestimó» lo que podía ocurrir en verano. Otros creen que cuando se ponga en marcha servirá para frenar la ola: «Cuando el hospital de pandemias abra esto será otra cosa», dice un portavoz del equipo de la presidenta madrileña.

Para los expertos, el tiempo que Madrid dejó de rastrear el virus –todo el mes de julio– ha sido un tiempo perdido que hipoteca lo que pueda ocurrir en los próximos meses. «Se ha perdido mucho tiempo y esto ha tenido una explosión en el número de casos por los asintomáticos que no se detectaron a tiempo», concluye Pilar Serrano, secretaria general de la Asociación de Salud Pública de Madrid. Serrano es positiva y cree que la curva todavía se puede frenar, pero la gestión que haga el Gobierno regional las próximas semanas será «determinante», concluye la epidemióloga.

El Gobierno regional se escuda en que la situación no es tan grave porque la carga asistencial en los hospitales no es la que vivió la región en primavera. Los ingresos rondan los 1.500 cuando en las peores semanas de marzo y abril alcanzaron los 15.000. ¿La explicación? los contagios este verano se han concentrado en la población de entre 15 y 49 años, en la que el virus es menos letal. También porque la carga viral es menor que hace unos meses, algo que los expertos creen que podría cambiar en otoño por un mayor uso de los espacios cerrados. No obstante, la situación no es igual en todos los hospitales. El 12 de Octubre, situado en la zona de más contagios, empieza a ver desbordada su capacidad y ha comenzado a suspender cirugías. Otros, como el Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares, o el de Getafe, ya no permiten las visitas a los pacientes hospitalizados, según confirmó la Consejería de Sanidad a elDiario.es esta semana.

Con este escenario, el nerviosismo y las discrepancias internas en la gestión de la epidemia vuelven a vislumbrarse en el Gobierno regional incluso entre consejeros del mismo signo. La cancelación de la feria taurina prevista para este fin de semana en Alcalá de Henares puso de manifiesto cómo los intereses económicos y los sanitarios no siempre van de la mano en las decisiones del Gobierno regional, como ocurrió en mayo cuando la entonces directora de Salud Pública, Yolanda Fuentes, acabó dimitiendo tras negarse a firmar un informe que pedía el cambio de fase en la región. En este caso, la Consejería de Interior autorizó la corrida de toros y horas después Salud Pública emitió un informe dirigido al Ayuntamiento de Alcalá de Henares en el que lo «desaconsejaba» por la incidencia que el virus podía tener en un evento que iba a congregar a más de 5.000 personas. Interior acabó suspendiendo el evento taurino solo un día después de autorizarlo por la alarma de la Consejería de Sanidad.

Las deficiencias en la gestión del Gobierno madrileño durante el verano ponen la gestión de la presidenta madrileña en el ojo del huracán. En el PP algunas voces ya cuestionan la estrategia «estridente» de Ayuso contra el Ejecutivo central y critican algunas de sus decisiones. Para frenar el ruido interno, el presidente popular, Pablo Casado, se trasladaba el pasado jueves a la Puerta del Sol para respaldar públicamente a la presidenta madrileña, su gran apuesta en las elecciones autonómicas de 2019.

Este apoyo llega después de que Casado ascendiera al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, como portavoz nacional, en un giro que algunos en el partido interpretaron como una apuesta por la moderación contrario al que ha representado hasta ahora Ayuso. El presidente del PP terminó su visita para conocer el plan madrileño para la vuelta al cole reafirmando su compromiso con la líder madrileña, cuya Presidencia es clave para el dirigente popular en los difíciles equilibrios internos con los que tiene que lidiar en el partido. Casado necesita a Ayuso. Pero a una Ayuso fuerte.

La realidad es que todo puede pasar en este nuevo curso político. La vuelta al cole no es el único reto al que se enfrenta Ayuso y cualquier traspié podría impulsar la moción de censura que reclaman algunos desde la oposición. Desde el PSOE, el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, la descartaba por ahora. «No es el momento», dijo Franco, que daba una pista sobre por dónde pueden ir los tiros de esa espera: los socialistas preparan la salida de Ángel Gabilondo como Defensor del Pueblo –para ello necesitan al PP– antes de ponerse a pensar en sacar a Ayuso del Gobierno. En el PSOE no quieren una moción para perderla y para ello necesitan que Ciudadanos la apoye. Si se despistan mucho, Más Madrid y Unidas Podemos-IU, que llevan semanas reclamándola, se pueden adelantar.

«Se inicia un curso político marcado por la improvisación, que por otra parte ha sido la tónica general de este Gobierno desde hace un año», dice el portavoz de Más Madrid, Pablo Gómez Perpinyà. «Nosotros tenemos la representación que nos han otorgado los ciudadanos y estamos dispuestos a hablar con cualquier grupo para que haya una alternativa cuanto antes», añade Perpinyà. Para la portavoz de Unidas Podemos-IU, «echar a Ayuso es un imperativo moral».

El calendario político podría dar la mejor excusa. En septiembre arranca en la Asamblea de Madrid la comisión de investigación sobre lo ocurrido en las residencias –donde fallecieron más de 6.000 ancianos en pocas semanas sin acceder a la atención sanitaria–, que amenaza con poner sobre la mesa las deficiencias de una gestión cuanto menos controvertida. Las órdenes internas de no trasladar a los residentes a los hospitales ya partieron en dos al Ejecutivo madrileño con el duro enfrentamiento público entre el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, y el de Políticas Sociales, Alberto Reyero. Y el desfile por la Cámara madrileña de técnicos, trabajadores, familiares y sanitarios asusta a ambos partidos.

De momento, el letargo estival ha servido para disimular las rencillas internas en el Gobierno regional, pero las delicadas relaciones entre los socios de coalición pueden volver a estallar por los aires en septiembre si la gestión de la pandemia se descontrola de nuevo. La estrategia de Ayuso para sacar cabeza del bache veraniego pasa por aprobar en otoño las cuentas de 2021. La presidenta madrileña necesita a Vox y para ello prometió una crisis de gobierno que redujera varias carteras para cumplir con una de las exigencias de la extrema derecha. La remodelación está en marcha y desde Ciudadanos y PP creen que podría anunciarse a mediados de septiembre coincidiendo con un debate del Estado de la región. Sobre la mesa también está el cese de los consejeros de Sanidad y Políticas Sociales, aunque algunas voces creen que la gestión del verano podría frenarlas: «Si destituye a Escudero sería como reconocer que la gestión que ha hecho durante el verano ha sido nefasta. Se estaría enmendando. Eso salvaría a Alberto Reyero porque Ciudadanos no va a permitir que sea la cabeza de turco y menos con la comisión empezada», argumenta un diputado de Ciudadanos.

Tras la discutida gestión de la sanidad en la primera ola, y el fiasco de las residencias, el Gobierno de Ayuso se enfrenta ahora al inicio de curso más complicado, con un gabinete partido en dos y la imagen de la presidenta por los suelos.

https://www.eldiario.es/madrid/ayuso-juega-inicio-curso-gobierno-partido-amenaza-mocion-censura_1_6188252.html

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