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El dueño del Remdesivir pone precio al primer tratamiento aprobado para la COVID-19: 2.000 euros por paciente

La farmacéutica estadounidense Gilead ha puesto precio comercial a su antiviral Remdesivir, el primer tratamiento contra la COVID-19 que ha contado con el visto bueno de la Agencia Europea del Medicamento: 2.000 euros por paciente.

El consejero delegado de la empresa, Daniel O’Day, ha explicado cómo han puesto el precio a su fármaco en un comunicado público. «No existe un libro de reglas para poner precio a una nueva medicina durante una pandemia», ha escrito el directivo. Sin embargo, sí que ha indicado que han aplicado un baremo «muy por debajo del valor» que ofrece el medicamento. Gilead se basa en que los resultados preliminares del ensayo clínico llevado a cabo por el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas mostraba que los pacientes recibían el alta cuatro días antes. «Eso resultaría en un ahorro en gasto hospitalario de 12.000 dólares», ha calculado O’Day. 

Aplicando un patrón de tratamiento de cinco días, Gilead ha calculado cobrar unos 340 euros por vial y un precio total de algo más de 2.000 euros por persona tratada con este antiviral que se diseñó para pacientes infectados con el virus del ébola y que no alcanzó la autorización final al paralizarse el proceso cuando remitió el brote de la enfermedad. Con el brote mundial de SARSCov-2, un virus de otra familia, y la pandemia de COVID-19 que ha provocado el patógeno, se ha observado cómo funcionaba este compuesto en los nuevos pacientes. Los estudios han mostrado que alivia la condición de los pacientes graves hospitalizados, según relató la Agencia del Medicamento. 

La farmacéutica afirma que ha tomado la decisión de poner un precio único a su producto para no tener que negociar país por país y así acelerar el acceso al producto. Esas negociaciones se realizan entre las autoridades sanitarias y la empresa en virtud del volumen de tratamientos previsto. «Este precio será ofrecido a todos los gobiernos de países desarrollados donde se autorice Remdesivir», ha añadido el el directivo.  

El Remdesivir no es un tratamiento específico contra la COVID-19. «No es la panacea aunque nos va a ayudar mucho», ha dicho varias veces el director del Centro de Emergencias Sanitarias Fernando Simón. El estudio de los beneficios que aporta a los enfermos de la pandemia ha seguido una curva de montaña rusa, aunque, finalmente, ha logrado convencer a las autoridades sanitarias, al menos de EEUU y la Unión Europea, para convertirse en fármaco directamente recomendado para utilizarse manera generalizada. 

https://www.eldiario.es/sociedad/tratamiento-aprobado-COVID-19-costara-paciente_0_1043246516.html

La letra pequeña de los cuatro billones de euros que dice la UE estar movilizando contra el coronavirus

La literatura comunitaria habla de que la UE está movilizando más de cuatro billones de euros contra el coronavirus. Y es verdad, pero a medias. O es mentira, pero a medias. Es, sobre todo, un ejercicio hiperbólico que intenta responder a quienes acusan a la Unión Europea de estar tardando en concretar respuestas colectivas, que en la crisis de 2008 no tardaron meses sino años en llegar, y en diseñar un plan para frenar la caída en picado y diseñar la recuperación económica posterior. 

En realidad, las instituciones comunitarias responden en sentido extenso a la pregunta: ¿Qué es la UE? Y si la UE son sus instituciones y los Estados miembros que la componen, van saliendo las cuentas.

En todo caso, más de medio billón de esas cuentas que publicita el Ejecutivo comunitario están pendientes del visto bueno definitivo de los jefes de Estado y de Gobierno reunidos este jueves en el Consejo Europeo.

 

La Comisión Europea está distribuyendo en estos días un gráfico en el que cifran el dinero movilizado hasta el momento en casi 3,4 billones de euros. En contra de lo que alguien pudiera pensar, no se trata de 3,4 billones empleados por la Comisión Europea, que el es el Ejecutivo comunitario. Ni mucho menos.

 

330.000 millones de euros. Corresponden a medidas fiscales nacionales –es decir, de los 27– facilitadas por la activación de la cláusula general de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento –el que fija topes de déficit y deuda que cumplir–.

Es decir, dinero movido por los Gobiernos al amparo de una cláusula que permite la barra libre en el gasto que levanta, eso sí, la Comisión Europea después de que los Gobiernos dieran el visto bueno a la propuesta de Bruselas. 

2,45 billones de euros en medidas de liquidez nacionales, es decir, de los Gobiernos, aprobadas en el marco temporal de ayuda estatal de la Comisión Europea. De nuevo, la Comisión Europea levanta el pie con las pegas a las ayudas de Estado por atentar contra la competencia y la igualdad de oportunidades en el mercado único, para que los Gobiernos puedan conceder ayudas a las empresas y así evitar que cierren y despidan a sus trabajadores.

Tanto esta medida como la anterior al final dependen del músculo de cada país. Es decir, la liquidez que puede inyectar un gobierno y las ayudas que pueda conceder a una empresa van a depender de su riqueza. No será igual lo que puedan hacer Alemania y Holanda que países como España, por ejemplo.

100.000 millones de euros de la iniciativa SURE de la Comisión Europea para financiar ERTE de los países. Esta propuesta consiste en que la Comisión Europea emita deuda en los mercados, pero antes los Estados miembros han de ofrecer garantías equivalentes a 25.000 millones. Una vez hecho eso, Bruselas calcula que dispondrá de 100.000 millones para prestar a los países que tengan dificultades para pagar los ERTE. Es decir, se trata de ayudar a quienes vayan a cubrir con dinero público con esta fórmula de despido temporal, empresas y autónomos en problemas por el coronavirus.

La propuesta fue aprobada por el último Eurogrupo y se verá este jueves en el Consejo Europeo. De momento, no es dinero en circulación, está pendiente de ponerse en marcha a partir de junio. 

70.000 millones del presupuesto de la UE para apoyar a los sistemas sanitarios, las pymes, la investigación y los socios de fuera de la Unión Europea.

En tanto que es presupuesto de la UE, la Comisión Europea, en este caso, sí dispone de él para distribuirlo.

200.000 millones del Banco Europeo de Inversión para apoyar a las empresas, especialmente a las pymes. Esta partida también fue aprobada en el último Eurogrupo y, de nuevo, requiere del visto bueno del Consejo Europeo para ponerse en marcha en junio. 

La propuesta es crear un fondo con 25.000 millones de euros en garantías aportadas por los Estados miembros, lo que permitiría movilizar 200.000 millones de euros en financiación para dar liquidez a las empresas europeas. Es decir, dinero prestado para las empresas.

240.000 millones de euros en préstamos sin condiciones del Mecanismo Europeo de Estabilidad para financiar los costes sanitarios directos e indirectos de la pandemia.

De nuevo, se trata de préstamos. Esta vez, para que los Estados respondan a la crisis sanitaria. 

Se activaría una línea de crédito preventiva a la que podrían acceder todos los países que lo necesiten. Esta línea permitiría desembolsar financiación por hasta el 2 % del PIB del país que lo solicite –unos 25.000 millones en el caso de España–.

Estaría disponible por un periodo inicial de 12 meses, los créditos vencerían en un plazo de entre cinco y diez años y los costes de servicio se rebajarían. Las condiciones se limitarían a destinar los fondos recibidos a costear la respuesta económica y sanitaria y respetar las reglas fiscales europeas.

870.000 millones del Banco Central Europeo. Esta partida no figura en el gráfico que está distribuyendo la Comisión Europea, pero es fundamental  para dar liquidez a los mercados y evitar que las primas de riesgo de los países se disparen. Si las primas de riesgo se disparan es cuando los países empiezan a tener problema para financiarse.

Este miércoles la prima de riesgo española cerró en 161 puntos, tras subir 13,7, aunque esta subida provoca que sea más caro financiarse (antes de la crisis del coronavirus rondaba los 65 puntos) todavía está muy lejos de los más de 600 puntos a los que llegó durante la crisis financiera. De hecho, esta subida se ha traducido en que para la emisión de deuda a 10 años por importe de 15.000 millones de euros que ha tenido lugar este miércoles haya habido una demanda muy superior de 96.500 millones de euros, la más alta recibida por cualquier emisor público o privado para una sola referencia, según el Tesoro Público.

En caso de que la prima se desboque, se puede utilizar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) conjuntamente con el programas de compras de activos del BCE para lograr una estabilización para facilitar las necesidades de financiación y reducir los pagos de intereses.    

https://www.eldiario.es/economia/pequena-billones-UE-movilizando-coronavirus_0_1019448894.html

De la crisis de las vacas locas al Brexit: historia de un matrimonio fallido entre el Reino Unido y la UE

A pocos días para que el Reino Unido dé carpetazo a los 47 años de pertenencia al club de países de la Unión Europea, he vuelto a echar un vistazo a algunos recortes de prensa de mi época como corresponsal en Bruselas. Una foto de ganaderos mirando preocupados sus animales en un mercado de Banbury era portada con el siguiente titular: «Europa prohíbe la carne de vacuno británica. Caen los precios del ganado. Las comidas escolares se ven afectadas. Se rompen las ‘reglas’ de la UE».

A lo largo de los años, la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea ha pasado por muchas crisis; desde la lucha de Margaret Thatcher a principios de los 80 para que la UE reembolsara al Reino Unido parte de su contribución anual al presupuesto de la Unión (el denominado cheque británico) hasta la salida del Reino Unido del Mecanismo de tipos de cambio (MTC) en 1992. Sin lugar a dudas la guerra entre el Reino Unido y la UE por la carne de vacuno ha sido una de las más intensas.

El 29 de marzo de 1996 la Comisión Europea anunció que había decidido prohibir la exportación de carne de vacuno británica [y de todos sus derivados, salvo los lácteos], no solo a otros países de la Unión Europea, sino a todo el mundo. El Ejecutivo comunitario optó por una medida drástica después de que el Gobierno conservador del Reino Unido admitiera que podía haber un vínculo entre la enfermedad de las «vacas locas» y la cepa mutante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, que podría matar a seres humanos.

Yo solo llevaba tres meses en Bruselas y esa era una noticia importantísima. Ahora, cuando he releído los artículos que escribí en ese momento he tenido la sensación de que no ha pasado el tiempo. Lo que más me ha llamado la atención, mientras mi mente se fijaba de nuevo en los acontecimientos de hace 24 años, ha sido la relevancia que cobra este prolongado y tortuoso episodio de la carne en el contexto del Brexit.

Cuando la Comisión Europea anunció su decisión explosiva, Francia y Alemania ya habían impuesto sus propias prohibiciones unilaterales a la carne de vacuno británica. Los ministros británicos habían anunciado que tendrían que ser sacrificadas millones de reses. Miles de escuelas optaron por excluir la carne de los almuerzos infantiles. Los precios de la carne de vacuno cayeron en picado.

Inevitablemente, en esos días de irritación, los parlamentarios euroescépticos culparon a los europeos. El difunto Sir Teddy Taylor, miembro del Parlamento y un crítico acérrimo del proyecto de la UE [uno de los rebeldes de Maastricht], abogó por tomar represalias y prohibir el vino francés y la carne de vacuno francesa, mientras que Bill Cash, que en la actualidad sigue ocupando un escaño del Partido Conservador, quería llevar a la Comisión Europea a los tribunales.

A lo largo de la primavera y el verano de ese año, la crisis se intensificó. En ese momento, las ambiciones de los más firmes defensores de la UE en Bruselas, Bonn y París estaban en su apogeo. Helmut Kohl y Jacques Chirac planeaban el lanzamiento del euro para dar el gran salto hacia la unión política y monetaria que el tratado de Maastricht había trazado.

Los líderes europeos se preparaban también para admitir a varios países de la exórbita de la Europa del Este comunista. De hecho, este fue uno de los proyectos que el Reino Unido apoyó sin fisuras. El Gobierno británico creía en una Europa «más amplia, no más profunda».

Sin embargo, John Major, que había iniciado su mandato como primer ministro en 1990 con la promesa de poner a Gran Bretaña «en el corazón de Europa», se vio atrapado políticamente cuando empeoró la crisis de las vacas locas.

Los tabloides de derechas hacían campaña contra la Unión Europea y exigieron al primer ministro que se opusiera a la prohibición de la carne de vacuno como lo hubiera hecho Margaret Thatcher. En un editorial a finales de marzo, The Sun advirtió de que estaba en juego nada menos que la supervivencia de un Reino Unido independiente. «Si Bruselas tiene el poder de impedir que Gran Bretaña venda un producto en cualquier parte del mundo, entonces ya no somos una nación soberana e independiente que controla sus asuntos internos», decía el periódico. «Somos solo uno de los rebaños. John Bull ha sido castrado».

En el Reino Unido, Tony Blair y el Nuevo Laborismo se consolidaban como favoritos en las encuestas. El 21 de mayo, Major vio que perdía la partida y, para tratar de calmar a los «bastardos» de su propio partido –así llamó el primer ministro a los rebeldes euroescépticos de su formación–, anunció que el Reino Unido se negaría a cooperar en las reuniones de la UE hasta nuevo aviso. La no cooperación británica con Europa, y sus políticas, se había convertido en política oficial.

No fue un movimiento sin importancia. En las áreas en las que los ministros británicos tenían derecho a veto en las reuniones del Consejo, la falta de cooperación supuso que bloquearon las decisiones de la UE, frustrando los planes europeos para una mayor integración. A mediados de mayo de 1996, Major dijo a la Cámara de los Comunes: «Si la UE no avanza hacia el levantamiento de la prohibición [de exportar carne de vacuno británica] no puede esperar que cooperemos normalmente en otros asuntos comunitarios. No continuaremos actuando como si nada dentro de Europa cuando nos enfrentamos al claro desprecio por parte de algunos de nuestros socios hacia la razón, el sentido común y el interés nacional de Gran Bretaña».

La falta de cooperación llevó rápidamente las relaciones entre Londres y Bruselas a un mínimo histórico. Por primera vez en más de dos décadas, algunos políticos británicos y europeos de alto nivel cuestionaron públicamente la pertenencia del Reino Unido a la UE.

La crisis de la carne de vacuno en sí misma era un asunto aislado y muy específico. Pero la forma en que se había disparado había puesto de relieve profundas fallas en una relación entre un Estado miembro decidido a no ceder poderes –y con muchos medios de comunicación marcadamente euroescépticos– y los defensores de un proyecto europeo de posguerra que tenía como único propósito la unificación de Europa y la necesaria cesión de soberanía a Bruselas por parte de los Estados miembros.

Los líderes de la UE empezaron a preguntarse si el Reino Unido podría continuar como miembro de pleno derecho si seguía empeñado en poner trabas a los esfuerzos de integración siempre que tuviera alguna queja. En un artículo publicado a principios de junio de 1996, el entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Santer, advirtió que se acercaba «l’heure de vérité» (la hora de la verdad).

El difunto Sir Leon Brittan, entonces comisario del Reino Unido, percibió que la brecha podía conducir al desastre e instó a los empresarios británicos a que se posicionaran a favor de Europa «si no queremos ser atraídos, paso a paso insidiosamente, por el peligroso camino hacia la salida de la Unión Europea».

La hora de la verdad

El próximo viernes 31 de enero, medianoche en Bruselas y las once de la noche en el Reino Unido, todo habrá terminado. Los peores temores de los europeístas británicos y del continente se habrán hecho realidad. La bandera de la Unión será arriada durante la noche, de forma discreta, en los edificios del Parlamento Europeo en Bruselas y Estrasburgo y en la representación del Reino Unido en Bruselas.

El Reino Unido habrá salido de la UE. La bandera que ondeará hasta el viernes en el edificio del Parlamento de la capital de la UE se trasladará al museo de la Casa de la Historia Europea, situado cerca de allí. A partir de entonces, la participación del Reino Unido en el proyecto europeo solo será un capítulo de la historia y formará parte de la exposición.

En Londres, el Gobierno conservador de Boris Johnson presentará el momento como el comienzo de un nuevo amanecer. El gobierno organizará una exhibición especial de luces a las 11 de la noche. Antes de que finalice el año, diez millones de monedas conmemorativas de 50 peniques entrarán en circulación. Johnson será uno de los primeros en recibir una.

Para aquellos de nosotros que hemos pasado tantos años observando de cerca la relación del Reino Unido con la UE, el acto final de la salida será difícil de asumir. En la mente de todos los miembros de la UE que siempre han querido que la relación sea un éxito, siempre habrá lamentos profundos y preguntas que nunca podrán ser respondidas en su totalidad. ¿Podría haber funcionado? En caso afirmativo, ¿la culpa fue de la UE, del Reino Unido, o de ambos? ¿Qué líderes británicos y de la UE no dieron la talla? ¿O se trata de un proyecto que estaba condenado al fracaso desde el inicio?

Mientras el Reino Unido se preparaba para la salida, pregunté a diplomáticos, políticos y periodistas de ambos lados del canal por qué pensaban que habíamos llegado hasta esta situación y citaron una multitud de razones. Las profundas diferencias en las actitudes de posguerra entre el Reino Unido y sus socios europeos; un liderazgo deficiente en la UE y el Reino Unido; unos medios de comunicación británicos constantemente hostiles, y la mala suerte de una sucesión de hechos en el peor momento.

Sir Nigel Sheinwald, exembajador del Reino Unido ante la UE y Washington, cree que todos estos factores jugaron un papel. «Europa siempre pareció ser una cuestión de elección, no de necesidad para el Reino Unido, a diferencia de la percepción francesa y alemana», indica.

«Las sucesivas generaciones de líderes políticos británicos no lograron explicar las realidades y la importancia de nuestra pertenencia a la UE, prefiriendo vivir con, en lugar de enfrentarse a la actitud de ‘little-Englandism’ de los medios de comunicación británicos [expresión del siglo XIX para referirse a aquellos que se oponían a la expansión del imperio]».

Asimismo, la tormenta perfecta a corto plazo: el impacto de la crisis financiera, la indignación con las élites políticas y la puerta abierta que dejó a los euroescépticos la falta de liderazgo de Cameron y el propio euroescepticismo de Corbyn.

«El Brexit nunca fue inevitable y la ironía es que estamos dejando la UE en el momento que más alineada está con las prioridades del Reino Unido en materia de libre comercio, competencia, políticas internacionales activas y responsables y cooperación en seguridad», argumenta Sheinwald.

El diputado alemán Norbert Röttgen, que preside la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag, sugiere que la idea del Brexit siempre ha resultado tan extraña y una pesadilla para los líderes de la UE que han preferido ignorar las señales de advertencia. Cuando el Reino Unido celebró en 2016 el referéndum ya se había perdido la oportunidad de abordar la crisis.

«Para la UE era inimaginable que un país decidiera abandonar la unión», explica Röttgen. «Como consecuencia, subestimaron la gravedad de la situación y no le dieron a David Cameron nada con lo que trabajar durante el referéndum. Para ser justos, dadas todas las cláusulas de exclusión que ya tenía el Reino Unido, eso no habría sido fácil, pero fue un error por parte de la UE no hacer el esfuerzo».

El eurodiputado alemán David McAllister, de padre escocés y madre alemana, y que creció en Berlín Occidental, indica que la decisión del Reino Unido de no participar en el euro y en el acuerdo de fronteras abiertas de Schengen fue un punto de inflexión que llevó al Reino Unido a desconectarse de la esencia de la UE. «El principio del fin fue Maastricht. No unir los dos proyectos más grandes, la moneda común y Schengen».

Sin embargo, en su opinión, irónicamente la ampliación de la UE con la entrada de países del este, proyecto que el Reino Unido siempre ha defendido, ha desempeñado un papel importante en la crisis ya que ha abierto nuevos interrogantes en torno a la libertad de circulación de los ciudadanos europeos (y su entrada en el Reino Unido). Dudas que el Reino Unido ya no podía resolver con sus socios antes del referéndum. «La libre circulación es vital para los nuevos miembros y no están dispuestos a renunciar a ella», sostiene.

Como cualquier otro matrimonio, la UE y el Reino Unido también tuvieron momentos felices.

Desde que en 1973 Edward Heath consiguiera que el Reino Unido ingresara en la entonces Comunidad Económica Europea, los sucesivos primeros ministros, Thatcher, Major, Blair, Gordon Brown, iniciaron su mandato afirmando que eran europeístas convencidos. Incluso Cameron dijo que quería que su partido dejara de «golpear» el proyecto europeo.

En 1975, en un discurso ante el Grupo conservador para Europa, Margaret Thatcher [en ese momento líder de la posición] defendió la permanencia y criticó al Partido Laborista en el Gobierno por su campaña en contra del proyecto europeo y por convocar un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la CE [en esa ocasión, los votos a favor casi duplicaron los votos en contra]. «Somos parte intrínseca de Europa», afirmó. «Ni Foot, ni Benn, ni nadie más podrá ‘sacarnos de Europa’, porque estamos en Europa y siempre ha sido así», subrayó.

Sin embargo, desde los años setenta todos los primeros ministros del Reino Unido han tenido tensiones con Europa. En sus primeros años como primera ministra, Thatcher libró y ganó una dura batalla para reducir las aportaciones del Reino Unido al presupuesto europeo, antes de asegurarse el reembolso de la UE en Fontainbleu en 1984. No obstante, una vez hubo conseguido lo que quería, fue una firme defensora del mercado único europeo, aunque en los años ochenta volvió a tener diferencias, esta vez con Jacques Delors y Helmut Kohl, en lo relativo a los planes de ambos mandatarios para la integración monetaria.

Charles Powell, que en aquella época era su asesor en política exterior, afirma que su entusiasmo europeo fue por etapas. «Digamos que, como Picasso, tuvo sus fases azul y rosa», señala Powell. «Durante cinco años y medio no se sintió satisfecha con el presupuesto. Sin embargo, después de 1984 tuvo una reacción más positiva e impulsó el mercado único. Luego se sintió traicionada con los planes relativos a la moneda única». El consejero asegura que la mandataria nunca contempló salir de la UE.

Sin embargo, en la UE son muchos los que creen que Thatcher sentó las bases del Brexit. Guy Verhofstadt, el exprimer ministro belga, afirma que ella introdujo la idea del «excepcionalismo» (rebajas y opt-outs –posibilidad de excluirse de ciertas medidas–) que ha socavadola unidad y la eficiencia de Europa.

«[El excepcionalismo] empezó con el reembolso de Thatcher», señala. «Al hacer una concesión como el reembolso se motiva a los que no quieren o no les gustan los principios básicos de la Unión Europea. La consecuencia es que la UE no es eficaz debido a estas excepciones. No puede actuar allí, sólo puede actuar parcialmente aquí. Eso alimenta de nuevo a los euroescépticos, que dicen: ‘ya ves que no funciona’. Al crear estas excepciones plantamos una semilla para que la UE sea ineficaz, y para que los partidarios del Brexit tengan argumentos a favor de la salida».

Para Major, que sucedió a Thatcher, no hubo un solo momento de tregua. La salida del Reino Unido del MTC en otoño de 1992 fue una crisis de la que ya no se recuperó. Luchó y consiguió la exclusión del proyecto de moneda única de Maastricht, pero los «bastardos» de su partido nunca se rindieron. En los últimos días como primer ministro trató de convencer a los líderes de la UE de que acariciaran la idea de una Europa a dos velocidades en la que el Reino Unido se encontrara en el carril más lento, pero para entonces sus homólogos europeos esperaban que Blair ganara las elecciones de 1997 y se abriera un nuevo período de relaciones positivas.

Todavía recuerdo la emoción en los círculos de la UE en la primera cumbre europea a la que asistió Blair a finales de mayo de 1997 después de 18 años de Thatcher y Major. En esa reunión en Noordwijk, Holanda, el teletipo más importante sobre la cumbre de la agencia de noticias italiana Ansa tenía el titular «Tony Blair, superestrella» y los periodistas italianos lo llamaron «el día de Blair en Europa». El programa electoral de los laboristas había dejado abierta la posibilidad de que el Reino Unido se uniera al euro cuando las condiciones fueran las adecuadas. El deseo de Blair de mejorar las relaciones con la UE era sincero y sólido

Sin embargo, se había ganado el apoyo de los periódicos de Rupert Murdoch, incluido The Sun, para las elecciones de 1997 y su asesor, Alastair Campbell, detectó claramente el peligro. Campbell llegó a la escena europea con un aire de desprecio, sin duda deliberado, por muchos de los complejos y arcanos debates de la UE, describiéndolos como «eurobollocks», porque temía una reacción de la prensa sensacionalista si Blair se mostraba demasiado europeísta.

En la misma reunión de Noordwijk recuerdo que Campbell me acusó de «haber adoptado la mentalidad de Bruselas» por escribir sobre los sistemas de votación en la UE, que para entonces él no había conseguido entender.

En sus primeras tomas de contacto con la UE, el equipo de Blair dio muestras de fanfarronería, lo que enfureció a los líderes europeos. Con transcurso de los meses estallaron las disputas entre Blair y Brown por el lado del Reino Unido, y Kohl y Chirac por el otro, ya que el Reino Unido exigía el derecho a estar presente en las reuniones de los ministros de economía europeos cuyos países habían acordado unirse al euro, a pesar de que el Reino Unido se había negado a entrar.

En una cumbre en Luxemburgo, Chirac se irritó tanto que le dijo a Blair que tendría que aprender a inclinar la cabeza tres veces ante la bandera tricolor antes de ganarse el respeto en la UE. La mayor frustración llegó cuando los líderes de la UE se dieron cuenta de que Brown había diseñado, con su asesor Ed Balls, un medio infalible para bloquear el ingreso de Blair al euro, a través de sus «cinco pruebas económicas».

Verhofstadt y otros líderes afirman que Blair, cuyas relaciones con Chirac y otros se deterioraron aún más con la guerra de Irak, tuvo la oportunidad de cambiar el curso de la historia, pero no lo logró.

Y después del difícil mandato de Brown, en el que promovió una visión británica mucho más que la europea, le llegó el turno a Cameron. Cuando se postuló como líder del Partido Conservador ya prometió sacar al Reino Unido de la principal agrupación de centroderecha, el Partido Popular Europeo, y se posicionó como un firme euroescéptico.

Cuando en 2016 convocó el referéndum sobre la permanencia o la salida de la Unión Europea, prometió renegociar un mejor acuerdo para el Reino Unido en la UE, creyendo que esto sería suficiente para que los votantes apostaran por la permanencia. El resto es historia.

No consiguió que la UE hiciera suficientes concesiones como para convencer a sus colegas conservadores, entre ellos Boris Johnson y Michael Gove, que se convirtieron en los artífices de la campaña del Brexit. Cameron abrió la puerta a la salida del Reino Unido de la UE y el pueblo británico decidió cruzarla el 23 de junio de 2016.

El de Cameron es el nombre que se cita con más frecuencia en la UE cuando se busca a un responsable del Brexit. En este sentido, Röttgen señala que «en un momento decisivo, cuando el Reino Unido necesitaba líderes sólidos, solo tenía unos políticos mediocres. David Cameron demostró ser un cobarde, falto de la talla de estadista que John Major había demostrado durante su mandato».

Pero Röttgen sabe, como todo el mundo, que ha sido toda la clase política europea la que no ha logrado impedir que sucediera lo «inimaginable». En vísperas del Brexit, su compatriota McAlliste, con raíces británicas y alemanas, muestra su pesar. «Será muy triste», dice. «Apenas conozco a nadie que se alegre por esta situación y que no echará de menos a los británicos, su pragmatismo, su humor, sus conocimientos. El 31 de enero será un día con una gran carga emocional. No quiero estar en Bruselas el día en que se retire la Union Jack».

Toby Helm es editor político de The Observer y ha cubierto durante más de 30 años las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea.

Traducido por Emma Reverter.

https://www.eldiario.es/theguardian/Brexit-matrimonio-Reino-Unido-UE_0_989701759.html

La Unión Europea se conjura para digerir el Brexit y mirar al futuro: «La fortaleza está en la unidad»

La UE a 28 ha muerto, larga vida a la UE. Algo así, parafraseando el espíritu de las sucesiones monárquicas en el siglo XV es lo que han venido a proclamar los tres presidentes de las principales instituciones europeas: Charles Michel, del Consejo Europeo; David Sassoli, del Parlamento Europeo; y Ursula von der Leyen, de la Comisión Europea. 

A escasas horas de la marcha de Reino Unido de la UE, las figuras que personifican la UE han reivindicado su fortaleza y el valor de la unidad ante los retos presentes: la crisis climática y la revolución digital.

«Es un día particular para Europa», ha arrancado Sassoli, en italiano, «se inicia una estación nueva. Hoy a media noche, Reino Unido saldrá. Después de tres años de trabajo en las negociaciones, la UE ha conseguido avances con la discusión: se ha conformado un espacio europeo precioso para los europeos y el mundo, un mercado europeo, el primero del planeta».

Sassoli ha recordado que ahora empieza otra discusión, la de la relación futura entre la UE y Reino Unido: «Será natural defender nuestros intereses, con amistad y fraternidad, pensando en nuestros ciudadanos. Estamos en vísperas de revoluciones digitales, el futuro de Europa, la escena geopolítca… Ante eso, hay que reforzar nuestra unión y pensar en la conferencia sobre el futuro de Europa, donde discutir los objetivos y no sólo concentrarse en los instrumentos, también en las políticas y un debate con la sociedad civil».

«El día de hoy es una herida», ha reconocido Sassoli, «¿hemos hecho todo lo posible para hacer entender el valor de Europa? Creo que hay que hacerse la pregunta. Este día entrará en la historia de Europa. Pero hay que estar unidos en la defensa de un espacio vital para Europa y los ciudadanos del mundo».

El presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, también ha reconocido estar ante «un día excepcional, con sentimientos mezclados. Abrimos un nuevo capítulo, para construir una UE más fuerte y ambiciosa.  Hemos discutido las tres cómo mejorar la cooperación y encarar los desafíos, como el cambio digital y el climático. Tenemos valores fuertes, el Estado derecho, 27 democracias, mercado único… Tenemos que pensar cómo usar nuestras herramientas de forma más eficiente, y hacer más por los ciudadanos. En los próximos meses tenemos que demostrar que este proyecto único es optimista para los ciudadanos».

Sobre la negociaciones que se van a abrir ahora, Michel ha lanzado un mensaje claro: queremos tener las relaciones más estrechas posibles con Reino Unido, pero cuanto más se aleje, menos estará en el mercado europeo».

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha recordado una frase de Jean Monnet: «No soy pesimista ni optimista, estoy determinado». Lo que le ha dado pie para afirmar que ella, Sassoli y Michel están «determinados» para hacer avanzar la UE: «Sabemos que el sol sale mañana y un nuevo capitulo para la UE a 27 empezará. Queremos que la UE siga liderando en clima y en la revolución digital. Acaba medio siglo de Reino Unido en la UE, pero la experiencia nos ha demostrado que la fortaleza está en la unidad. En ningún lugar hay 27 naciones con 24 idiomas, trabajando y viviendo juntos. No es por accidente, es por siglos de historia compartida, y la determinación de dibujar un futuro juntos. No hay dudas de que los desafíos y las oportunidades no han cambiado por el Brexit: el cambio climático y la revolución digital».

https://www.eldiario.es/internacional/UE-conjura-divorcio-Reino-Unido_0_990751164.html

Llegó el ‘Día B’: Reino Unido se despide de la UE

Por fin. Tres años y medio después del referéndum, Reino Unido sale oficialmente de la UE. La carrera hasta aquí se ha cobrado decenas de víctimas, entre ellas dos primeros ministrosmás de una veintena de altos cargos del Gobierno –y otros tantos diputados del Partido Conservador–. Tras más de 10 meses de bloqueo y retraso de la fecha inicial, el Brexit sale de las paredes de la Cámara de los Comunes y pasa del papel a la realidad.

A las 22:00 hora local, un reloj proyectado en la fachada del Gobierno marcará la cuenta atrás para la entrada del Brexit. El primer ministro, Boris Johnson, dará un discurso y el Gobierno lanzará la campaña ‘Ready to Trade‘ [Listos para comerciar] en 17 ciudades de 13 países fuera de la UE para firmar acuerdos comerciales. Durante sus 47 años de pertenencia al bloque comunitario, Reino Unido no ha podido cerrar este tipo de acuerdos con otros Estados porque la política comercial es competencia exclusiva de la UE. Este ha sido uno de los principales argumentos de los ‘brexiters‘ y uno de los pilares fundamentales del lema ‘take back control’ [recuperar el control].

En cualquier caso, la película aún no ha acabado. Todo este capítulo ha sido para negociar los términos del divorcio, pero ahora hay que estudiar qué tipo de relación tendrá esta pareja desenamorada en el futuro. Y solo tienen hasta el 31 de diciembre. «Un nuevo reloj está en marcha. 11 meses es demasiado poco y el primer ministro Boris Johnson ha dicho que no prorrogará este periodo», señaló a principios de semana Michel Barnier, negociador jefe de la UE para el Brexit.

«Esta es una situación única porque Europa ha estado trabajando en eliminar fronteras, no en crearlas». El periodo de transición fue diseñado para durar 21 meses, pero las sucesivas prórrogas solicitadas por Reino Unido lo han acortado a 11.

El miércoles el Parlamento Europeo aprobó el acuerdo de salida negociado entre ambas partes en una votación cuyo resultado ya se sabía de antemano. Llegar aquí no ha sido fácil y la principal batalla no ha sido entre la UE y Reino Unido, sino en el Parlamento británico. Tras seguir muy de cerca las decenas de votaciones nocturnas sin salida en Londres, Nigel Farage, una de las caras más visibles del Brexit, entraba triunfante en la Eurocámara con su particular sonrisa. Una vez sentado, mostraba orgulloso sus calcetines con la bandera nacional.

Este jueves, víspera del Brexit, los líderes de las tres principales instituciones comunitarias, David Sassoli, presidente del Parlamento Europeo, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, se han reunido para discutir el futuro de Europa. El lugar del encuentro no es casualidad, han escogido la casa de Jean Monnet, uno de los fundadores del proyecto europeo.

«Se supone que el Brexit consiste en ‘recuperar el control’, pero ¿qué significa eso? Significa crear barreras donde no existen. La decisión de acabar con el libre movimiento significa impedir a los ciudadanos que se muevan libremente entre la UE y Reino Unido para estudiar, trabajar o retirarse», señaló Barnier. «El Brexit va de salirse de las normas comunitarias. Normas desarrolladas junto a Reino Unido que protegen el interés general, garantizan una competitividad justa y abierta y permiten un comercio sin fricciones», añadió.

Un órdago, un error de cálculo

El 23 de junio de 2016, Reino Unido votó a favor de la salida de la Unión Europea en el referéndum convocado por el entonces primer ministro, David Cameron. El día siguiente, Cameron dimite. El órdago no le salió como esperaba: convocó el plebiscito para calmar a sus colegas euroescépticos pensando que no saldría adelante.

Cuando Nick Clegg, del partido Liberal Demócrata y socio de coalición de Cameron, le dijo que era una estrategia muy arriesgada, este le contestó: «Puede que tengas razón, ¿pero qué más puedo hacer? Mis diputados son increíblemente euroescépticos y tengo al UKIP respirándome en el cuello [sí, Farage, el de los calcetines]». El intercambio lo recoge en su libro David Laws, compañero de partido de Clegg y entonces alto cargo del Gobierno.

Tras cobrarse su primera víctima, May tomó el relevo y fijó la fecha del Brexit para el 29 de marzo de 2019. Menos de un mes después, la primera ministra convoca elecciones para intentar reforzar su posición negociadora con la UE. «Con un Parlamento dividido no podemos afrontar las negociaciones con la UE», señaló. «Los laboristas han amenazado con votar contra el acuerdo final que alcancemos», añadió sin saber que sería su propio partido el que bloquearía el acuerdo de salida. Lejos de ganar escaños, May pierde la mayoría absoluta.

En julio de 2018 impone su estrategia de Brexit al resto del gabinete. Tan solo un día después, el ministro para el Brexit, David Davis, y el ministro de Exteriores, Boris Johnson, dimiten por su oposición a la estrategia fijada por Theresa May. «Nos dirigimos a la condición de colonia», denunció Johnson.

El periplo en la Cámara de los Comunes

Tras meses de duras negociaciones, Bruselas y Londres alcanzan en noviembre de 2018 un principio de acuerdo para el Brexit. Se produce entonces una nueva ola de dimisiones, entre ellos el nuevo ministro para el Brexit, Dominic Raab, que llevaba solo cuatro meses en el cargo. Raab es el actual ministro de Exteriores de Johnson. Un mes después, May se ve obligada a aplazar la votación del acuerdo en el Parlamento porque se enfrenta a una derrota estrepitosa.

La primera ministra, sin embargo, no consigue evitar el fracaso y el Parlamento rechaza el acuerdo en una derrota humillante, la peor de un Gobierno británico desde los años 20: 432 votos en contra y 202 a favor. Un día después, May supera por 19 votos una moción de censura. En marzo, el Parlamento vuelve a rechazar el acuerdo. Quedan dos semanas para el Brexit y Reino Unido pide una primera prórroga.

May, a la desesperada, ofrece su dimisión a sus compañeros de partido si estos apoyan el acuerdo de salida en tercera votación. Los rebeldes se mantienen firmes y rechazan el texto por tercera vez. Reino Unido solicita una segunda prórroga hasta el 31 de octubre para intentar convencer (sin éxito) a los suyos. May anuncia su dimisión entre lágrimas. Tres intentos, tres fracasos.

Llega el turno de Johnson, que tenía solo tres meses para cumplir su promesa de salir sí o sí el 31 de octubre. En una de sus primeras medidas, Johnson suspende las sesiones en el Parlamento durante cinco semanas para impedir que diputados opositores aprueben una ley que frene un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre. Sin embargo, el Parlamento se anticipa y aprueba de emergencia una moción que desmonta su estrategia.

Como respuesta a la votación, el primer ministro pide convocar elecciones anticipadas, pero el Parlamento lo rechaza en dos ocasiones. El Partido Laborista, que llevaba meses pidiendo comicios, vota en contra de la moción de Johnson porque quiere garantizar primero el cumplimiento de la legislación para frenar un Brexit sin acuerdo.

Johnson, que se oponía al acuerdo negociado por May, acuerda un nuevo texto con Bruselas el 17 de octubre. Sin embargo, el Parlamento le obliga a pedir una nueva prórroga. El primer ministro cumple la ley, pero vuelve a intentar convocar elecciones anticipadas y esta vez lo consigue gracias al apoyo laborista. Los conservadores arrasan, obtienen mayoría absoluta y el Parlamento finalmente aprueba el nuevo documento.

Y de las negociaciones, los trámites parlamentarios y las declaraciones políticas, a un Brexit que comienza a materializarse. El miércoles, después de que Farage mostrara con orgullo sus calcetines, los eurodiputados británicos escenificaban la salida de la UE entonando entre llantos y unidos de la mano el himno Auld Lang Syne. Un día después, Bruselas despedía a Reino Unido iluminando su plaza principal con los colores de la bandera británica.

Este viernes a medianoche harán lo mismo los principales edificios públicos de Londres, pero en este caso para celebrarlo.

https://www.eldiario.es/internacional/Llego-Dia-Reino-Unido-UE_0_990401795.html

La Eurocámara aprueba definitivamente el Brexit: Reino Unido dejará la UE el 31 de enero

Bye, bye, UK. El Reino Unido está a horas de convertirse en un ex miembro de la Unión Europea. Después de un referéndum ganado por los pelos hacer tres años y medio, después de unas negociaciones que se han llevado por delante a Theresa May y su gobierno, después del riesgo de un Brexit caótico, finalmente la UE y Reino Unido alcanzaron un acuerdo el 17 de octubre, ratificado en unas elecciones generales dos meses después y, posteriormente, por el irredento Parlamento británico.

A partir de ahí, había una fecha marcada en el calendario: el 31 de enero, último día de Reino Unido en la Unión Europea. Pero, como paso previo, el Parlamento Europeo debía dar una aprobación final que ha llegado este miércoles, como paso previo a la adopción del acuerdo por parte del Consejo de la UE este jueves. La votación ha sido: 621 votos a favor; 49 en contra y 13 abstenciones.

Aunque se han producido escenas de despedidas tristes entre eurodiputados que dejan su escaño y los que se quedan, lo cierto es que las instituciones estaban deseando que llegara este día, una vez que el Brexit se volvió irreversible. 

Toda vez que el Brexit se volvió irreversible, lo que querían Bruselas y las capitales comunitarias era acabar con la agonía de las negociaciones, las cumbres, las idas y venidas a cuentas de la frontera irlandesa… 

Por fin había un acuerdo y por fin ha pasado todos los trámites parlamentarios.

Eso sí, a partir de ahora no pasa nada, en realidad. En tanto que hay un acuerdo, el 1 de febrero Reino Unido no será miembro de la UE ni tendrá eurodiputados ni comisario europeo, pero a efectos prácticos seguirá dentro del club comunitario mientras dure el periodo de transición en el que las dos partes tienen de margen hasta el 31 de diciembre para alcanzar un acuerdo sobre la relación futura. 

Si nadie lo remedia o pospone, esa relación futura arrancará el 1 de enero, por lo que apenas hay 8-9 meses para llegar un acuerdo que luego tendrá que ser traducido y pasar todos los trámites parlamentarios.

Se trata de un acuerdo comercial, fundamentalmente, que reconozca los derechos de los ciudadanos británicos en la UE y viceversa, y que establezca la frontera blanda en Irlanda del Norte y la fluida circulación de mercancías, personas, aviones, etc… Para ello, la UE tiene ejemplos para todos los gustos: Canadá, Noruega, etc…

De momento, el acuerdo de retirada firmado por el primer ministro, Boris Johnson, con la UE y ratificado este miércoles en el Parlamento Europeo, establece un Brexit sin controles en Irlanda del Norte, evita que se levante una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, al tiempo que mantiene la integridad del mercado único europeo: se pacta que Irlanda del Norte permanecerá alineada con ciertas normas del mercado único, pero el Parlamento norirlandés podrá decidir en el futuro si deja de aplicarlo.

https://www.eldiario.es/internacional/Eurocamara-Brexit-Reino-Unido-UE_0_990051636.html

El PP cree que el comunicado del Parlamento Europeo es «otro pago a los separatistas» antes de la investidura

La portavoz del PP en la Eurocámara, Dolors Montserrat, ha afirmado este sábado que el comunicado del Parlamento Europeo que reconoce formalmente a Junqueras como eurodiputado es «otro pago a los separatistas» cuando queda un día para la investidura de Pedro Sánchez. Ha enviado una carta al presidente del Parlamento Europeo, David Maria Sassoli, para que revoque su decisión su decisión tras la reciente decisión de la Junta Electoral Central (JEC).

«A un día de la investidura de Sánchez, el presidente socialista del Parlamento Europeo emite un comunicado reconociendo a Junqueras como eurodiputado. No es casualidad, es otro pago a los separatistas. Le exigimos que respete a la Junta Electoral y revoque el comunicado», ha escrito en Twitter Montserrat.

En la carta, a la que ha tenido acceso Europa Press, Montserrat recuerda que la Junta Electoral Central declaró la inelegibilidad sobrevenida de Junqueras, por haber sido condenado a una pena privativa de libertad recogida en la sentencia dictada por la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

La ‘popular’ ha defendido que la JEC es el «órgano legítimo y competente» en España para dirimir las quejas y reclamaciones que se plantean, como la iniciada por, entre otros, el Partido Popular, que «ha motivado el citado acuerdo».

Teniendo en cuenta la legitimidad del órgano competente, el PP ha pedido al Parlamento Europeo que asuma y acepte, a los efectos legales y parlamentarios oportunos, el criterio de la Junta Electoral Central, contenido en el acuerdo fechado el 3 de enero de 2020.

En todo caso, el PP ha asegurado que va a mantener en todo momento «una posición firme de respeto y defensa de la legalidad y justicia española y europea»; y que va a seguir «explicando y reclamando justicia por la grave e irresponsable actuación de los políticos separatistas catalanes dirigida contra la ley, el orden democrático y la normal convivencia en España».

Asimismo, ha subrayado que va a mantener abiertas todas las vías de denuncia «para luchar contra quienes, en fraude de ley, pretenden evitar y sortear todas sus responsabilidades penales pendientes con la justicia española por hechos que tuvieron lugar mucho antes de las últimas elecciones europeas». «Inmunidad no es impunidad», ha sentenciado Montserrat.

«Finalmente, esperando sea atendido el ruego que con urgencia y máximo interés le formulamos, y deseando una pronta respuesta que respete la justicia y legalidad española, reiteramos nuestro compromiso en la defensa de los principios y valores ciudadanos que inspiran nuestra Unión», concluye la carta enviada al presidente del Parlamento Europeo.

https://www.eldiario.es/politica/PP-Parlamento-Europeo-Junqueras-eurodiputado_0_982002029.html

La defensa de Junqueras pide al Supremo su «inmediata liberación» y la nulidad de la sentencia del ‘procés’

La defensa del exvicepresident de la Generalitat Oriol Junqueras ha solicitado este martes a la sala que juzgó la causa del procés independentista en el Tribunal Supremo que declare la nulidad de la sentencia y ordene la «inmediata liberación» de su cliente para que pueda acudir al Parlamento Europeo a obtener su acta de diputado, todo ello como consecuencia de haber sido reconocida su inmunidad por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

El abogado Andreu Van den Eynde hace estas peticiones en un escrito de 15 páginas que ha presentado a requerimiento del propio tribunal tras conocerse el pasado jueves el contenido de la sentencia del tribunal europeo. Tras recibir todas las alegaciones -aún falta conocer las de la Abogacía del Estado- la sala deberá adoptar una decisión respecto a la situación personal de Junqueras, que cumple condena firme de 13 años de cárcel por un delito de sedición.

En su escrito, la defensa del líder de ERC exige a la sala presidida por Manuel Marchena que garantice el libre desplazamiento de Junqueras al Parlamento Europeo bajo la prerrogativa de inmunidad establecida en el artículo 9.II del Protocolo de Privilegios e Inmunidades de la Unión Europea, «dando lugar a su inmediata liberación».

También solicita que «tomando en consideración la exclusiva facultad
del Parlamento Europeo para levantar la inmunidad de sus miembros y autorizar la tramitación de cualquier procedimiento penal», se declare en suspenso la tramitación de la causa en el Tribunal Supremo desde el pasado 13 de junio -fecha en la que se proclamó oficialmente a Junqueras como candidato electo a la Eurocámara- y, en consecuencia, decrete la nulidad de la sentencia del procés.

https://www.eldiario.es/politica/Junqueras-Supremo-inmediata-liberacion-sentencia_0_977452397.html

Sánchez, a ERC: solo PSOE y Unidas Podemos apuestan por el «diálogo» para resolver «la crisis política»

Pedro Sánchez emplaza a ERC a facilitar su investidura dado que, según ha explicado, PSOE y Unidas Podemos son «las únicas formaciones» que apuestan por «el diálogo dentro de la Constitución» para resolver la «crisis política en Catalunya». Así se ha pronunciado el presidente en funciones poco después de que Adriana Lastra, encargada de pilotar las negociaciones con el resto de grupos, y Gabriel Rufián se reunieran en el Congreso y que los republicanos catalanes hayan expresado que su posición es, por ahora, un ‘no’ porque no ven variación en la posición del PSOE respecto a la «represión». 

«PSOE y Unidas Podemos somos las dos únicas organizaciones a nivel nacional que apuestan por el diálogo dentro de la Constitución para resolver la crisis política en Catalunya -ha expresado Sánchez en una comparecencia en Moncloa-. Aquellos que se oponen a un Gobierno progresista formado por PSOE y Unidas Podemos, que es el único posible, nos tendrán que explicar qué alternativa proponen».

Las palabras de Sánchez son relevantes ante las exigencias que había planteado ERC para cambiar del ‘no’ a la abstención -necesaria para que la investidura salga adelante-. Los republicanos catalanes piden que el Gobierno reconozca que hay un «problema político» en Catalunya -algo que ha hecho hoy Sánchez, que siempre ha hablado de crisis territorial o de convivencia, al referirse a una «crisis política»- y un diálogo «entre iguales». ERC ha pedido una mesa de negociación en la que estén representados partidos e instituciones

Sánchez ha enmarcado en el Parlament la negociación de las fuerzas políticas catalanas. «Los primeros que tienen que hablar son los catalanes», ha expresado el aspirante socialista, que considera que ya hay una mesa de diálogo en el seno del Parlament «que tiene que ser activada»: «A partir de ahí, el Gobierno de España siempre estará en favor de encontrar una solución política a la crisis territorial que desgraciadamente vivimos desde hace unos años». El Gobierno de Sánchez llegó a aceptar antes de la ruptura con la Generalitat que desembocó en el fracaso de los presupuestos y las elecciones del 28 de abril la creación de una mesa de partidos en la que estuvieran representadas formaciones catalanas y a nivel estatal. Por otro lado, dejaba en manos de la Comisión bilateral Estado-Catalunya el diálogo institucional. 

No obstante, Sánchez ha reclamado a todas las fuerzas políticas, a excepción de Vox, que apoyen lo que ha denominado que es un «acuerdo histórico para la gobernabilidad»: «Apelamos a la responsabilidad de todos los partidos políticos sin excepción, salvo la ultraderecha, para que dejen paso a la única posibilidad de gobierno que hay». El presidente en funciones ha dejado claro que aspira a ser investido en el mes de diciembre -en Moncloa manejan la tercera semana-. 

El socialista, que endureció el tono contra el independentismo durante la campaña, lo ha rebajado y ni siquiera ha querido contestar a la pregunta de si mantendrá el compromiso que alcanzó durante el debate a cinco en la campaña de reformar el Código Penal para incluir la convocatoria de referendos. Sánchez se ha escudado en que el programa de gobierno se está completando y que lo desgranará en el debate de investidura en un discurso, que según ha explicado, «elaborará» con los socios del grupo confederal. 

Preguntado por qué ha cambiado para que ahora sí acepte la presencia de Pablo Iglesias como vicepresidente en el Ejecutivo, Sánchez ha contestado que ha «pesado2 la «voluntad de desbloquear la situación» tras tres procesos electorales en un año y cuatro generales desde 2015. «El acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos es ilusionante, abre una esperanza de entendimiento entre la izquierda, es novedoso, la primera vez en 40 años que se ofrece la posibilidad de un gobierno de coalición entre fuerzas progresistas, un plus de novedad o dificultad respecto a lo que ha ocurrido en otros países», ha dicho en la línea de lo que expresó en su breve intervención tras firmar el acuerdo con Iglesias.

«Este acuerdo incorpora las garantías que para las dos formaciones eran necesarias: para Unidas Podemos estar en el gobierno y para el PSOE tener un gobierno cohesionado y solidario respecto a las responsabilidades», ha asegurado Sánchez, para quien «se abre una nueva etapa política ilusionante». 

Sánchez ha comparecido en Moncloa junto al presidente electo del Consejo Europeo, Charles Michel, tras una reunión que estaba prevista antes del acuerdo que sellaron el socialista y Pablo Iglesias para un Gobierno de coalición. El objetivo era abordar la reunión del Consejo Europeo del mes de diciembre al que Sánchez asistirá en todo caso aún en funciones. «Felicidades al presidente, mi amigo Pedro, por el resultado de las elecciones», ha comenzado Michel, que ha dado por hecho que Sánchez seguirá al frente del Gobierno español al saludar que seguirán trabajando juntos por el «proyecto europeo».

«Confío mucho en la capacidad de cooperación fructífera del presidente Sánchez y me complace seguir trabajando con él», ha respondido el presidente del Consejo Europeo a la pregunta de si le genera inquietud la coalición con Unidas Podemos: «España es una democracia, acabamos de verlo. Ha habido muchas citas electorales en poco tiempo y respeto los resultados de las elecciones y confío en el mecanismo constitucional». 

https://www.eldiario.es/politica/Pedro-Sanchez_0_963454092.html

Preocupación en el PSOE ante una repetición electoral tras una negociación a cara de perro con Unidas Podemos

El PSOE es una piña en torno a Pedro Sánchez desde su victoria en las primarias y más desde que llegó a la Moncloa. No habrá una voz más alta que otra ni un comentario crítico en los órganos de dirección más allá de reflexiones puntuales y algunos comentarios, como el del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, proponiendo líneas alternativas a la marcada por Moncloa. Pero en las filas socialistas existe preocupación sobre la que ven cada vez más cercana repetición electoral. La desmovilización del electorado progresista, la dificultad para tener un discurso consistente y las probabilidades de que el escenario tras el 10 de noviembre sea el mismo son los principales motivos de inquietud entre cargos intermedios y territoriales del partido. 

La cúpula socialista reitera hasta la saciedad que han sido generosos con Unidas Podemos al plantearle cinco fórmulas para el acuerdo hasta llegar a una vicepresidencia y tres ministerios en el mes de julio. Ese ofrecimiento para Pablo Iglesias «no fue en serio», según le dijo a Sánchez en la tribuna este miércoles: «Le descolocó que yo me retirara. Simuló un Gobierno que no se creía».

La dirección del PSOE sostiene que fue una oferta en firme e incluso Adriana Lastra trasladó a sus interlocutores del grupo confederal en la última reunión de los equipos negociadores que ella misma defendió fuertemente esa opción en julio, según fuentes conocedoras de la conversación. En Unidas Podemos consideran que en el Partido Socialista existieron reticencias a que la negociación derivara hacia un Gobierno de coalición. 

A pesar de que en las filas socialistas coinciden en rechazar la fórmula de la coalición tras el rechazo a la última oferta –que incluía las carteras de Sanidad, Vivienda e Igualdad además de la vicepresidencia–, hay dirigentes que reconocen que Sánchez tendrá complicado explicar por qué en julio se abrió a esa opción y la puerta se cerró en septiembre. Además, otras fuentes consultadas creen que en enero, cuando vuelvan a tener que sentarse a negociar, el contador también estará a cero por parte del grupo confederal e Iglesias volverá a exigir formar parte del Consejo de Ministros. 

En las federaciones socialistas una de las principales preocupaciones es la desmovilización de la izquierda ante un nuevo fracaso en el entendimiento de PSOE y Unidas Podemos. «Alguien debe manejar encuestas maravillosas que el común de los mortales desconocemos», reflexiona un dirigente territorial. En Moncloa sostienen que los socialistas mejorarían su resultado. No obstante, quienes recelan de ir a elecciones sostienen que las sumas entre bloques dejarían el escenario tal y como está ahora. 

Lo que reconocen en la dirección del PSOE es que ambas formaciones están «condenadas a entenderse» en el futuro, por lo que consideran que tendrán que medir sus reproches en la campaña. «Tenemos que convivir e intentar no hacernos daño», reflexiona una de las dirigentes del núcleo duro del presidente en funciones. 

El PSOE también reconoce que perderá una de las que fue las principales líneas argumentales de la campaña del 28A, ya que el temor a un Gobierno de Pablo Casado con Albert Rivera y el apoyo de la extrema derecha de Vox se ha disipado. A pesar de que en Ferraz aseguran que eso no supondrá un problema porque situarán el debate en torno a la necesidad de una estabilidad que consideran que solo Sánchez puede garantizar –y que eso supondrá la recuperación de votantes de Ciudadanos que consideran que su voto «no valió para nada»–, en las filas socialistas se extiende el fantasma de que el temor a la derecha fue una de las claves de la movilización del electorado de izquierdas. 

Pese a la inquietud que recorre a diputados, senadores y dirigentes territoriales del partido, la estrategia de Sánchez no tendrá contestación interna como sucedía en el pasado. El PSOE ya ha activado el modo electoral: el pasado sábado el presidente en funciones recibió el calor del poder municipal socialista en un mitin en Toledo y en tres día se lo trasladarán los barones en un encuentro en Logroño que tendrá el mismo formato en las horas de descuento para que los portavoces de los partidos trasladen al rey su posición ante una hipotética investidura a la que Sánchez no se presentará sin los apoyos amarrados. Salvo sorpresa de última hora, todos los partidos asumen ya una vuelta a las urnas el 10 de noviembre. 

https://www.eldiario.es/politica/Preocupacion-PSOE-negociacion-Unidas-Podemos_0_941056534.html

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