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El plan de España para la reapertura de fronteras incluye controles digitalizados y de temperatura pero no pruebas en los aeropuertos

Este miércoles 1 de julio se reabren las fronteras de la Unión Europea con 15 países. Seguirán cerradas, tal y como ha decidido la Comisión Europea, a viajeros de países con mucha relación con Europa, pero con una situación epidemiológica desfavorable, como Estados Unidos, Rusia o Brasil. El personal de Sanidad Exterior, un organismo con doble dependencia, del Ministerio de Sanidad y del de Política Territorial, será el encargado de supervisar todo el operativo de control de fronteras para poder evitar que entren personas sospechosas de estar infectadas de COVID-19. Contará con apoyo de Aena, gestora de 46 aeropuertos españoles, que ha licitado para ello dos contratos, con Quirónprevención y con Interserve, de 8,9 y de 10,8 millones respectivamente.

Fernando Carreras, subdirector de Sanidad Exterior, ha explicado a eldiario.es en qué consiste el protocolo, que ya se lleva a cabo desde el día 21 por la reapertura de fronteras Schengen pero que se va a tener que reforzar por la «mayor incidencia y el mayor volumen de pasajeros» que prevén a partir de ahora, en un primer momento sobre todo procedentes de países europeos pero paulatinamente también de terceros. El objetivo para esta nueva etapa más intensa es «automatizar» lo que llaman el «control primario». Consta de tres patas: el registro documental, mediante un cuestionario que actualmente se rellena manualmente pero que se hará a través de una app que, en principio, estará disponible desde el día 1; uno visual, por si alguien presentase síntomas apreciables; y una toma de temperatura.

Esos tres niveles del «control primario» están supervisados por Sanidad Exterior. Ese cuerpo lo forman, según fuentes del sector, entre 100 y 150 profesionales médicos y de enfermería en toda España. El refuerzo que llega a partir del 1 de julio de Aena lo conforman «más de 1.000 personas», confirman fuentes de Aena a eldiario.es, y el 1 de julio está previsto que estén ya «más de 650». El contrato de Quirónprevención es de personal sanitario; el de Interserve, «de apoyo». Del 21 de junio al 1 de julio, y también durante el estado de alarma, cuando solo se hacían vuelos de repatriación, Aena también colaboró con Sanidad, principalmente en la «instalación y uso de las cámaras termográficas» y en el desarrollo tecnológico. También han estado todo este tiempo Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que han ido «aumentando» sus efectivos y «seguirán en aumento» en los próximos días, dice Aena.

En el aeropuerto no hay prevista ningún tipo de prueba, ni PCR ni rápida, «detectamos sospechas», indica Fernando Carreras. Si hay alguna «persona sospechosa», pasa a un segundo control en el que se le evalúa de forma «clínica o epidemiológica», para descartar o no coronavirus o alguna otra enfermedad infecciosa, que también ejecuta Sanidad Exterior. En el aeropuerto no hay «capacidad de pruebas diagnósticas», así que si se detecta, se activa un protocolo de emergencia para derivar a un centro sanitario, «en coordinación con las comunidades autónomas». Muchos expertos no recomiendan PCR ni tests a la llegada. Pedro Gullón, médico especialista en medicina preventiva y epidemiólogo social por la Universidad de Alcalá de Henares, resume los motivos en dos: «Nos ofrecen una imagen exclusiva del momento», y nadie puede asegurar que un negativo hoy no sea un positivo mañana y eso puede ser «problemático»; y la posibilidad de «falsos positivos» aumenta conforme disminuye la prevalencia del origen, es decir, una PCR es más fiable cuanto mayor es la posibilidad de portar la enfermedad, por ejemplo, si se tienen síntomas.

La «decisión final» sobre si un viajero supone un riesgo o no recae sobre el profesional sanitario de Sanidad Exterior responsable de ese aterrizaje. «Una vez se confirma la sospecha, es decir, da positivo, llega la segunda parte para Sanidad Exterior, que es localizar a todas las personas que viajaban alrededor», sigue Carreras. Esto es, según los protocolos internacionales, todos aquellos viajeros que ocupasen en el avión hasta dos plazas a los lados, delante, detrás o en diagonal respecto a la persona contagiada. Esta localización se ha hecho anteriormente de forma manual pero la aplicación móvil «dará una capacidad mucho más ágil para localizar contactos». 

Aena reporta que para este 1 de julio se espera que despeguen o aterricen en España 1.482 vuelos de pasajeros, 743 de llegadas y 739 de salida. El 1 de julio de 2019 se operaron más de 6.500. Sobre todo los que se incrementan este miércoles «frente a días anteriores» son los vuelos domésticos y UE y Schengen. Los de terceros países, estos primeros días de julio, seguirán siendo principalmente «de fuerza mayor, rescate y repatriaciones», debido a que la lista completa de países permitidos por la UE no se ha conocido hasta este martes. El 1 de julio llegan concretamente 390 vuelos nacionales, 342 procedentes de la UE y 11 de terceros países; salen 391 nacionales + 337 UE Schengen y 11 terceros países. En Adolfo Suárez- Barajas habrá 89 llegadas y 89 salidas; en Josep Tarradellas-El Prat, 86 y 86; en Palma de Mallorca, 107 y 103.

El operativo va «adaptándose» a la gestión de aeropuertos y «la demanda real» que se vaya produciendo, cuenta Fernando Carreras, «esto es progresivo y tendremos capacidad de progresión». Las previsiones son que haya menos vuelos que el año pasado pero también «que las compañías intenten recuperar el verano» y «claramente haya un incremento de viajeros». El objetivo es garantizar la seguridad y también que los visitantes «se sientan seguros», «transmitir la imagen de un sitio seguro», de que a España le ha golpeado «intensamente» el coronavirus pero también «se ha reaccionado intensamente» a la situación. No hay todavía datos acerca de cuántos turistas han entrado en España durante estos 10 días. La gestión de aeropuertos «ha ido bien», aunque «la cuestión está cuando se te juntan cuatro vuelos seguidos y el número de gente es mayor», y la dinámica más compleja.

Mar Faraco, presidenta de la Asociación de Médicos de Sanidad Exterior, el mayor colectivo que reúne a estos profesionales, relata a eldiario.es que ayer fueron informados los trabajadores de cómo se iba a reforzar el operativo. Cree que ha sido todo rápido, pero confía en que las frnteras que finalmente se abren en un primer momento son las de países «con poco interés turístico: Australia, Japón… no esperamos un gran incremento al no permitirse de Sudamérica, por ejemplo». Lo importante para ellos es que «la app funcione bien», eso sería «un éxito», para dejar de ir «rellenando papeles» y que el rastreo sea «más fácil.

https://www.eldiario.es/sociedad/preparan-aeropuertos-reapertura-fronteras_0_1043596492.html

La supervivencia de pacientes con COVID-19 ha mejorado por tratamientos que no son efectivos contra el coronavirus

Desde los comienzos de la pandemia de COVID-19, los medios de comunicación han dirigido sus focos a las vacunas en investigación y a posibles tratamientos que pudieran tener efectos contra el coronavirus y mejorasen el pronóstico de los pacientes. Los fármacos más mediáticos han sido el remdesivir y la hidroxicloroquina, pero también han destacado otras moléculas antivirales como el lopinavir o el ritonavir. Estos medicamentos ya se empleaban para tratar otras enfermedades infecciosas y su perfil de seguridad era bien conocido. Esto, unido a ciertos indicios que mostraban que podrían ser de ayuda contra el coronavirus, motivaron su utilización en ensayos clínicos y su aplicación por la vía compasiva.

Tras varios meses de evaluación a través de estudios clínicos, el único fármaco de este diverso colectivo que ha demostrado cierto y limitado beneficio es el remdesivir: acelera la recuperación en una media de cuatro días, aunque no se han observado mejoras estadísticamente significativas en la mortalidad de los pacientes tratados con este medicamento. Por otro lado, casi se ha descartado la hidroxicloroquina como opción terapéutica al no demostrarse, por el momento, utilidad ni para prevenir ni para curar a los pacientes afectados por la COVID-19. Tampoco hay indicios de que el lopinavir y el ritonavir aporten beneficios para la salud de los afectados por coronavirus. En todo caso, todos estos fármacos contra el coronavirus siguen evaluándose en ensayos clínicos para determinar mejor su papel.

A pesar de estos resultados decepcionantes, lo cierto es que la supervivencia de los pacientes afectados por la COVID-19 ha ido mejorando progresivamente gracias a mejoras en los protocolos de tratamientos que han estado en un segundo plano a lo largo de la pandemia: aquellos dirigidos a dar soporte vital y a tratar las complicaciones desencadenadas durante la enfermedad.

Aunque el glucocorticoide dexametasona saltó a los medios de todo el mundo la semana pasada como el «primer» fármaco que podría reducir la mortalidad por la COVID-19 en pacientes que requieren oxígeno o ventilación mecánica (los resultados se han difundido en un informe preliminar), su papel beneficioso para tratar el síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA) se conocía desde principios de febrero. Un ensayo clínico realizado en España observó que la administración temprana de este fármaco podía reducir la duración de la ventilación mecánica y la mortalidad en pacientes moderados-graves con este síndrome. Por esta razón, la dexametasona ya se usaba con frecuencia en la práctica clínica en nuestro país desde marzo para el tratamiento de pacientes de COVID-19 graves aquejados de este síndrome respiratorio.

La dexametasona, que atenúa la tormenta de citoquinas y el encharcamiento de los pulmones al poner freno al sistema inmunitario, no es la única estrategia terapéutica que está siendo valiosa para salvar las vidas de los pacientes más afectados por el coronavirus, a pesar de no ser útiles para combatir al propio virus. Gran parte de las muertes ocasionadas por la COVID-19 se producen por complicaciones desencadenadas por la reacción inflamatoria e inmunitaria descontrolada contra el coronavirus. El virus SARS-CoV-2 enciende la chispa en ciertas personas de riesgo para que esta reacción desproporcionada en el cuerpo humano tenga lugar, pero el que termina provocando muchos de los daños es el propio sistema inmunitario.

Además de la dexametasona para combatir la dificultad respiratoria, se han extendido otros tratamientos no farmacológicos para aumentar la supervivencia de los pacientes COVID-19. Una medida que se ha popularizado en esta pandemia es la colocación de las personas con dificultad respiratoria intensa y déficit de oxígeno en sangre en la posición de decúbito prono (tumbado boca abajo). Múltiples ensayos clínicos previos ya habían observado que esta posición incrementa la oxigenación de los pacientes con SDRA y aumenta su supervivencia, así que esta acción se ha extendido también a las personas más afectadas por el coronavirus.

Por otra parte, los pacientes que necesitan ventilación mecánica también reciben diversos fármacos para aumentar su confort y disminuir su gasto energético (reduciendo así tanto el consumo de oxígeno como la liberación de CO2, aliviando la dificultad respiratoria). Entre estos fármacos encontramos sedantes, analgésicos y varios fármacos que evitan la aparición de agitación o delirios.

Para determinados pacientes afectados por una dificultad respiratoria de extrema gravedad, en los que ya ni siquiera la ventilación mecánica resulta suficiente, el último recurso ha sido la oxigenación por membrana extracorpórea (más conocido por sus siglas: ECMO). El ECMO, que garantiza la oxigenación de la sangre, aunque los pulmones no sean funcionales, permite ganar tiempo hasta que estos órganos puedan recuperar cierta funcionalidad. La aplicación de esta especie de pulmón artificial se ha extendido por España durante el transcurso de la epidemia y alrededor de un centenar de personas lo han recibido como tratamiento en los 20 hospitales en España que reúnen las condiciones para aplicarlo.

Otra complicación que suele aparecer en los pacientes COVID-19 más graves es la formación de coágulos sanguíneos. Diversas sociedades médicas como el Colegio Americano de Cardiología o la Sociedad Internacional de Trombosis y Hemostasia recomiendan que todos los pacientes hospitalizados por COVID-19 reciban de forma profiláctica heparina (salvo que exista contraindicación) para evitar la aparición de coágulos. La evidencia científica sobre el beneficio para los pacientes es aún limitada y hay múltiples ensayos clínicos en marcha para aclarar su papel. De momento, solo existen estudios observacionales que han observado mejora de la mortalidad en aquellos pacientes tratados con anticoagulantes.

Además de la aparición de coágulos sanguíneos, aproximadamente un 22 % de los pacientes con COVID-19 que ingresan en cuidados intensivos sufren daño renal agudo. Estas personas necesitan tratamiento para sustituir parte o la totalidad de la función de los riñones y garantizar así la eliminación de sustancias tóxicas de la sangre. Entre las diferentes opciones, las guías clínicas suelen aconsejar la terapia de reemplazo renal continuo. Esta terapia básicamente consiste en un circuito fuera del cuerpo con un filtro por donde circula la sangre para eliminar toxinas y líquidos y, posteriormente, volver al cuerpo de forma constante.

Puede que un tratamiento específico contra el coronavirus tarde en llegar, pero gracias a los diferentes tratamientos dirigidos a las complicaciones de la COVID-19 y a garantizar el soporte vital, se ha podido reducir la mortalidad. De no ser por ellos, la cifra de 483.000 muertes en el mundo por coronavirus sería muy superior en la actualidad.

https://www.eldiario.es/sociedad/supervivencia-pacientes-COVID-19-tratamientos-coronavirus_0_1041846752.html

La Casa Blanca amenaza a Maduro con Guantánamo si no deja la presidencia

John Bolton, el asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense, Donald Trump, ha advertido este viernes al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que si no abandona pronto el poder, podría acabar en Guantánamo (Cuba), donde Estados Unidos tiene una prisión para sospechosos de terrorismo.

«Ayer tuiteé que le deseo un retiro largo y tranquilo en una bonita playa lejos de Venezuela. Y cuanto antes aproveche esa oportunidad, más probable será que pueda tener un retiro agradable y tranquilo en una playa bonita en lugar de estar en otra zona playera como la de Guantánamo», ha afirmado Bolton en una entrevista de radio.

Bolton ya se vio envuelto en la polémica esta semana por la crisis en Venezuela al aparecer en rueda de prensa con unas notas que indicaban «5.000 tropas a Colombia». El consejero de seguridad nacional también ha anunciado estos días su deseo de que entren las empresas estadounidenses en Venezuela para trabajar en el sector petrolífero.

https://www.eldiario.es/internacional/Casa-Blanca-Maduro-Guantanamo-transicion_0_863364504.html

La primera diputada indígena de Brasil: «Bolsonaro no lo va a tener tan fácil»

Todavía no ha estrenado su puesto en el Congreso Nacional y ya tiene la agenda repleta de desafíos: maniobras que ejecutar y ofensivas que intentar frenar. La primera mujer indígena elegida diputada en la historia del Parlamento brasileño, Joênia Wapichana (Boa Vista, 1974), es la gran esperanza de resistencia dentro de la Cámara baja ante el ascenso de la extrema derecha de Jair Bolsonaro. Además de la elección del nuevo presidente, 52 diputados de su Partido Social Liberal (PSL) se sentarán en el Congreso Nacional junto a Wapichana. 

La diputada forma parte de Rede Sustentabilidade (REDE), el partido de la líder ecologista Marina Silva, derrotada en las elecciones presidenciales, y representa al estado que la vio nacer, Roraima, el territorio con menos población del país.

Su único antecesor indígena en Brasilia, sede del Congreso, fue Mário Juruna, en los años 80. El vacío de representación durante años y la sobreexposición en soledad asustan a veces. «Hay el lógico recelo, como le pasa a muchos otros», reconoce Wapichana en conversación con eldiario.es. «Pero va a estar atenta toda la comunidad indígena y toda la sociedad brasileña», agrega.

Se refiere a su seguridad en un país que ha dado ejemplos de los riesgos para las mujeres políticas críticas con el poder, como la concejala Marielle Franco, –asesinada el pasado marzo–, y de lo poco que se investigan ciertos casos. «El hecho de ser la única diputada indígena da cierta visibilidad y esa visibilidad es mi seguridad», opina ella. «No sé cómo era la de Marielle. Creo que los movimientos sociales van estar atentos a eso y me deja más segura».

Joênia Wapichana molesta a muchos, desde hace tiempo. «Ya he pasado por ciertas situaciones siendo abogada de la Raposa Serra do Sol, un caso bastante paradigmático. Me conocen, no estoy llegando ahora a esta posición». La demarcación de la tierra indígena Raposa Serra do Sol, tras un severo conflicto de más de 30 años con agricultores de la zona, la hizo famosa. En su currículum, desde algún año antes, también figuraba el hecho de ser la primera mujer indígena licenciada en Derecho en Brasil.

Plantar cara a los planes de Bolsonaro

Su plan de trabajo y sus objetivos para la legislatura están todos relacionados con las comunidades indígenas: proyectos de sostenibilidad, derechos colectivos, regularización de tierras y educación. Quiere explicar a todo el país que, para su colectivo, la tierra tiene mucho más valor que el meramente económico que, defiende, le ha otorgado la sociedad capitalista y que el desarrollo indígena, en todas sus vertientes, no se contrapone con el hecho de seguir perteneciendo a una comunidad y preservarla.

En esta andadura, sin embargo, la nueva diputada tendrá que plantar cara al presidente Bolsonaro, que ha asegurado que abrirá el bosque amazónico a proyectos extractivos e infraestructuras y ha retirado, poco antes del arranque de la Cumbre del Clima que se celebra estos días en Polonia, la candidatura de Río de Janeiro para albergar la cumbre del año que viene. El líder ultraderechista ha sido beligerante con el tamaño de esas reservas indígenas repartidas por la geografía brasileña y está dispuesto a modificar las normas por las cuales se delimitan las tierras.

«Puede decir lo que quiera, pero esa protección viene dada por la mayor ley de Brasil, que es nuestra Constitución», señala Wapichana. «Cada persona tiene su opinión y su ideología, y la de él es que los derechos de las comunidades indígenas decrezcan, pero las cosas no son tan fáciles, hay una diferencia muy grande entre el querer y el poder».

Wapichana confía en que las herramientas que bloquean capítulos claves de la Constitución de 1988 obstruirán el ímpetu de Bolsonaro. La carta magna «cuenta con una protección muy grande en relación a los recursos naturales de las tierras indígenas», recuerda la parlamentaria. «Existe el deber federal de proteger y de demarcar, y eliminarlo no es tan fácil como el presidente imagina. No se modifica la Constitución solo porque a Bolsonaro le dé la gana».

Esa parte le correspondería a la Cámara de Diputados y al Senado, y allí es donde Wapichana tendrá que vérselas también con el Frente Parlamentario Agropecuario (FPA), el lobby del agronegocio, la llamada bancada ruralista. En la legislatura que ahora termina, la bancada ha llegado a sumar 218 diputados de los 513 totales de la Cámara. En las presentes elecciones han perdido fuerza, pero se estima que a partir del 1 de enero su grupo signifique, al menos, una cuarta parte del total de diputados federales que pueden plantear la disminución de los territorios indígenas. 

«Va a ser difícil, pero pueden proponerlo», reconoce Wapichana, que pone un ejemplo sobre estas trabas: «¿Cuántos años lleva ahí parada la PEC 215? Y sin contar con ningún representante indígena». Se trata de la Propuesta de Enmienda de la Constitución 215/2000, de 28 de marzo de 2000 que, con incansables intentos a lo largo de casi dos décadas por parte de la bancada ruralista, busca incluir entre las competencias exclusivas del Congreso Nacional –excluyendo a la Fundación Nacional del Indio– la aprobación de demarcación de las tierras tradicionalmente ocupadas por los indios y la ratificación de las demarcaciones ya homologadas.

Para ser aprobada, necesita una mayoría cualificada de tres quintas partes de la Cámara y la izquierda siempre ha conseguido bloquearla, e incluso está solicitando su inconstitucionalidad al Tribunal Supremo. Esta modificación otorgaría un enorme poder a la bancada ruralista de diputados y senadores, que suele ir de la mano con la evangélica y la armamentística, en lo que se conoce como la bancada BBB (buey, biblia y bala).

Por otro lado, la líder de la bancada controlada por el agronegocio, la diputada Tereza Cristina, será la próxima ministra de Agricultura. La otra amenaza para la Fundación Nacional del Indio, el órgano gubernamental que establece y desarrolla las políticas relacionadas con los pueblos indígenas, es que el Ejecutivo de Bolsonaro está intentando vincularla a este departamento y desvincularla del Ministerio de Justicia, como ha estado desde su creación hace medio siglo. 

«La sociedad brasileña tiene que estar atenta al tipo de personas que están dentro de nuestro Congreso Nacional», opina Joênia Wapichana. «Tiene que fiscalizar qué intereses está defendiendo el Congreso: los de los más vulnerables, los de las minorías, o los intereses propios». La nueva parlamentaria espera que «la propia sociedad brasileña no esté de acuerdo con varios de los abusos que están siendo propuestos».

Wapichana es consciente de los temores de parte de la población y no puede evitar cierto grado de preocupación, pero quiere esquivar el pesimismo. «Los pueblos indígenas han resistido ya 518 años, el periodo de colonización fue muy grande, y también soportaron la dictadura militar». A su juicio, si siguen en pie desde que Pedro Álvares Cabral arribó a Puerto Seguro con su flota de navíos portugueses, cuatro años con Bolsonaro en el poder, para ellos, serán solo un paso más en su rutina de resistencia.

https://www.eldiario.es/desalambre/modifica-Constitucion-solo-Bolsonaro-ganas_0_840266282.html

El ultraderechista Bolsonaro fija como ejes de su Gobierno en Brasil a Dios y el combate contra la «ideología de género»

Tras unos meses caóticos en la política brasileña, el ultraderechista Jair Bolsonaro ha tomado posesión oficialmente como el 38º presidente de la República Federal de Brasil, el quinto elegido de manera directa desde el regreso de la democracia. La misma masa fervorosa que le acompañó en los mítines y le entregó casi 58 millones de votos, le acompañó en Brasilia, festejando su llegada al poder y, de paso, el hundimiento de la izquierda.

Sus primeras palabras como nuevo presidente se las dedicó a los médicos que le salvaron la vida tras el ataque sufrido en Juiz de Fora (Minas Gerais) durante la campaña electoral, tratando de contrarrestar todas las dudas surgidas a raíz de aquel suceso que ayudó a cambiar el ritmo de la contienda. A partir de entonces no participó en ningún debate televisivo junto al resto de candidatos. Prometió a continuación, en esta primera intervención, escapar de la sumisión ideológica, combatir la ideología de género, realizar reformas estructurales para mejorar el estado de las cuentas públicas, y, sobre todo, prometió reconstruir Brasil. «Brasil por encima de todo y Dios por encima de todo», fueron las palabras finales de su discurso.

Para esta labor de reconstrucción echará mano de lo que, como capitán, conoce bien: el Ejército. No había tantos militares en la cúpula del poder desde que en el verano suramericano de 1985 la dictadura dio un discreto paso al lado cediendo ante la reclamación de elecciones indirectas. Bolsonaro lo ha conseguido. Además de su vicepresidente, el General Hamilton Mourão, otros siete militares forman parte de la lista de 22 elegidos para el Consejo de Ministros –una tercera parte de las carteras ministeriales–.

El general Augusto Heleno será el ministro de seguridad institucional –finalmente prefirió esta cartera, y él mismo sugirió otra opción para el ministerio de defensa–, el almirante Bento Costa será el ministro de Minas y Energía, el general Fernando Azevedo e Silva fue finalmente el elegido para el ministerio de defensa, el teniente coronel Marcos Pontes fue designado para el ministerio de ciencia y tecnología, el capitán Tarcísio Gomes de Freitas para infraestructura, el capitán Wagner Rosario para la Contraloría General de la Unión, y el general Santos Cruz para la secretaría de gobernación de la Presidencia de la República.

Minutos antes, dos de los mencionados dejaban un gesto incontestable: los generales Mourão y Heleno se abrazaban con júbilo a las puertas de la Catedral de Brasilia, mientras el nuevo presidente se decidía por la opción descapotable del Rolls-Royce en su traslado hacia los honores. Su misión cumplida ayuda a definir al Brasil de hoy. También es el Brasil de hoy la aglomeración de simpatizantes a lo largo de la Explanada de los Ministerios, esprintando por el césped para no perder el ritmo de la comitiva.

El núcleo duro del gobierno Bolsonaro lo completan Paulo Guedes –ministro de economía, hacienda, planificación, industria y comercio–, el exjuez federal que condenó al expresidente Lula da Silva, Sérgio Moro –ministro de justicia y de seguridad pública– y Onyx Lorenzoni –ministro de la Casa Civil–. Lorenzoni, al que además Bolsonaro confió el encargo de organizar el traspaso de poderes en este periodo de transición, es uno de los pocos casos de políticos brasileños que ha confesado un caso de corrupción: reconoció haber recibido y usado donaciones ilegales, sin declarar, para financiar campañas electorales.

Una vez dentro del Congreso Nacional, la toma de posesión de Bolsonaro dejó imágenes acordes al ambiente político de los últimos años en Brasil. Evo Morales, uno de los representantes de más alto nivel que ocupaban los asientos delanteros de la ceremonia, aguantaba impasible y perplejo la escena de decenas de diputados abalanzándose a gritos sobre la primera fila para conseguir el mejor recuerdo audiovisual del líder de la extrema derecha, lanzándole con la mano el gesto marca de la casa, emulando una pistola, que Bolsonaro devolvía orgulloso.

Boicotearon la investidura los diputados del Partido de los Trabajadores y del PSOL (Partido Socialismo e Liberdade). Ambos aceptaron desde el principio el resultado electoral, pero según indica el comunicado oficial del PT, eso no impide que en un acto de resistencia denuncien que el proceso ha estado descaracterizado “por el golpe del impeachment, por la prohibición ilegal de la candidatura del expresidente Lula y por la manipulación criminal de las redes sociales para difundir mentiras contra el candidato Fernando Haddad”.

Y es que se han ido sucediendo tantos giros bruscos en la política brasileña en los últimos dos años y medio que el polémico impeachment que apartó de su cargo a la presidenta Dilma Rousseff a mediados de 2016 parece la prehistoria. En el guion del Partido de los Trabajadores, desde luego, la última escena de esta legislatura debería haber estado protagonizada por la expresidenta y por Lula da Silva, que retomaría el poder cómodamente. Los tiempos, sin embargo, han cambiado, y ha sido Michel Temer el que le ha transferido el poder a Bolsonaro.

Su último mensaje se lo tenía reservado precisamente al Partido de los Trabajadores. “La irresponsabilidad nos ha conducido a la mayor crisis ética, moral y económica de nuestra historia”, aseguró al final de su primer discurso como presidente. “Hoy comenzamos un trabajo arduo para que Brasil comience un nuevo capítulo de esta historia, un capítulo en el que Brasil será visto como un país fuerte, pujante, confiante y osado”.

https://www.eldiario.es/internacional/Jair-Bolsonaro-posesion-presidente-Brasil_0_852514989.html

Máxima seguridad, vetos políticos e inesperados estorbos en la toma de posesión de Bolsonaro

El 1 de enero de 2019 marca en Brasil la fecha histórica de la llegada del líder de extrema derecha, Jair Bolsonaro, al poder. La familia Bolsonaro al completo, con su madre (91 años) al frente, pasará la noche de año nuevo en la residencia oficial de la Granja do Torto, en Brasilia. Será el festejo privado que antecederá a la aclamación popular. Desde allí mismo, después del primer almuerzo del año, Jair Bolsonaro y su esposa, Michelle, se encaminarán hacia la Explanada de los Ministerios. Antes de llegar al centro del poder político brasileño, cambiarán de vehículo: un Rolls-Royce les esperará frente a la Catedral.

Más de tres mil efectivos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado estarán destinados a velar por la seguridad de la toma de posesión del nuevo mandatario. Durante los últimos días, la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), el Gabinete de Seguridad Institucional (GSI) y la Policía Federal han trabajado de manera ininterrumpida en minimizar cualquier posible riesgo, tras la aparición de alguna amenaza de ataque y la desactivación de un explosivo casero en la cercana localidad de Brazlândia.

Su último día como vecino de Río de Janeiro, el pasado viernes –el sábado se trasladó a la capital–, Bolsonaro se lo dedicó a Benjamín Netanyahu. Fue una jornada de hermanamiento entre Brasil e Israel que llenó de helicópteros militares la zona sur de la ciudad. Comenzó con una reunión en el Fuerte de Copacabana y terminó con un culto en la sinagoga Kehilat Yaacov, en el mismo barrio costero.

El primer ministro israelí será precisamente uno de los principales protagonistas internacionales de la toma de posesión, que también contará con la presencia, dentro del más alto nivel de representación, de Mauricio Macri (presidente de Argentina), Sebastián Piñera (Chile), Tabaré Vázquez (Uruguay), Evo Morales (Bolivia), Iván Duque Márquez (Colombia), Mario Abdo Benítez (Paraguay), Martín Vizcarra (Perú), Marcelo Rebelo de Sousa (Portugal) y Viktor Orbán (Hungría).

Las ausencias más significativas se centran en Venezuela, Cuba y Nicaragua, cuyos mandatarios no han sido invitados, según fuentes oficiales, por divergencias políticas y por encabezar gobiernos dictatoriales. Estas decisiones, en el caso específico de Venezuela, teniendo en cuenta la crisis migratoria que une ambos países, y los acuerdos estratégicos en el área energética –durante años, el estado brasileño de Roraima, en la frontera venezolana, ha sido abastecido con energía eléctrica de Venezuela–, amenaza con ratificar en un serio conflicto diplomático.

Dos piedras en el zapato para empezar

El líder de extrema derecha que gobernará Brasil durante los próximos cuatro años llega a su toma de posesión con dos inesperadas y molestas piedras en el zapato, que nublan más si cabe este comienzo de legislatura. La primera de ellas es la investigación a la que están siendo sometidas las cuentas bancarias de Fabrício José Carlos de Queiroz, exchófer de su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, con llamativos movimientos de grandes cantidades –más de un millón de reales–, incluyendo trasferencias a la primera dama, Michelle Bolsonaro.

El segundo estorbo para el nuevo presidente en las horas previas a la confirmación de su cargo lleva por nombre “A facada no Mito” (La puñalada al Mito –que es como sus seguidores le llaman–), y es el documental del que todo el mundo habla en Brasil. Analiza una por una todas las sospechas que desde el primer momento surgieron sobre el ataque sufrido a comienzos de septiembre, en plena campaña electoral, a manos de Adélio Bispo de Oliveira, hoy en prisión.

En cincuenta y siete minutos de duración, la cinta firmada únicamente bajo la autoría de “True or Not”, presenta pruebas audiovisuales que ponen en duda la actuación de los miembros de seguridad de Bolsonaro en el momento de la agresión –bastante complaciente–, las proporciones de la supuesta herida –incompatibles con los problemas de salud que luego ha tenido el presidente electo– e incluso las verdaderas razones por las que Bolsonaro estaría siendo sometido a intervenciones quirúrgicas –a finales de enero deberá someterse a una nueva operación–.

Es en medio de este ambiente enrarecido cuando a Jair Bolsonaro le ha llegado la hora de mudarse a Brasilia, algo impensable en Brasil hace doce meses, con el expresidente Lula da Silva en libertad encabezando sobradamente las encuestas de intención de voto. Deja huérfanos Bolsonaro, pero satisfechos, a los seguidores que desde que arrancó la campaña electoral han estado montando guardia a la puerta de la urbanización donde residía hasta el pasado sábado el nuevo presidente, en el barrio de Barra da Tijuca.

El primer guiño desde Brasilia a buena parte de sus electores será, según él mismo ha adelantado, un decreto para avanzar en la liberación de la posesión de armas, de momento para ciudadanos sin antecedentes penales. De este modo quedará inaugurada oficialmente la Era Bolsonaro.

https://www.eldiario.es/internacional/Maxima-seguridad-politicos-inesperados-Bolsonaro_0_852165102.html

El Ejército brasileño vuelve a la cúpula del poder con Bolsonaro

La escena del Ejército brasileño desfilando anoche por las calles de Niterói (estado de Río de Janeiro) jaleado por seguidores del ultraderechista Jair Bolsonaro –que acababa ganar las elecciones– fue una coincidencia pero no una casualidad. Algunos soldados devolvían los aplausos desde los vehículos, otros dedicaban gestos de victoria a los simpatizantes del nuevo mandatario. La caravana de las Fuerzas Armadas convirtió un regreso cotidiano a su base –son parte del Comando Militar Leste, que actúa en las operaciones que desde marzo conforman la intervención federal en la seguridad pública de Río de Janeiro– en un fin de fiesta perfecto tras la victoria en las urnas.

El Ejército brasileño, que gobernó Brasil entre 1964 –tras el Golpe de Estado contra el presidente João Goulart– y 1985 –en una dictadura de la cual cada vez quedan más confirmada su crueldad–, nunca abandonó del todo la vida pública. Los militares simplemente dieron un paso al lado, pero Michel Temer decidió volver a dar protagonismo una vez que el Congreso y el Senado apartaron a Rousseff de la presidencia.

La militarización ha alcanzado cotas insospechadas hace solo un par de años. Primero a través del nombramiento del general Joaquim Silva e Luna como ministro de Defensa; posteriormente con la intervención federal en la seguridad pública del estado de Río de Janeiro –incapaz de controlar la situación desde la Secretaría de Seguridad pública, los militares entraron en acción–, y finalmente con la sistemática utilización de las Fuerzas Armadas en situaciones de la vida cotidiana brasileña, como en la huelga de camioneros del pasado mes de junio.

Ahora, el Ejército aterriza de nuevo en el Gobierno de la República tras la victoria en las urnas del capitán Jair Bolsonaro, que ya en su primer discurso como presidente electo hizo varias referencias al mariscal Luiz Alves de Lima e Silva, Duque de Caxias, patrón de las Fuerzas Armadas. El vicepresidente del Gobierno será –iba en la misma candidatura– el general de la reserva Hamilton Mourão. La nómina de militares en el poder se completará con otros altos mandos de la reserva que han estado dirigiendo los hilos de la campaña del candidato y que ahora tendrán cargo de ministros.

«El hecho de no haber tenido en Brasil una justicia de transición como en otros países latinoamericanos» es uno de los motivos fundamentales para este repunte del Ejército en Brasil, asegura Leonardo Cazes, periodista e historiador (por la Universidad Federal Fluminense). «Los crímenes de la dictadura solo fueron investigados y reconocidos por el Estado muy tardíamente, con la Comisión Nacional de la Verdad, ya en el Gobierno de Dilma Rousseff.» Cazes, que se dedica a estudiar y analizar el régimen militar brasileño, explica para eldiario.es que «poco a poco se ha ido gestando una revisión del periodo autoritario. Esa época distante se fue endulzando, ya no era tan mala, la vida era más tranquila entonces, etc».

En 1972, cuando el régimen militar comandaba Brasil desde hacía ocho años, ingresó en la Academia Militar das Agulhas Negras el actual vicepresidente electo, Hamilton Mourão, que era hijo de militar. Desde que Bolsonaro le acogió en su candidatura se ha hecho famoso por dudar de la estabilidad de las cuentas públicas por el hecho de que exista la paga extra para los trabajadores, y por su referencia al blanqueamiento de piel, en uno de los países más racistas del mundo.

Pero las polémicas con Mourão no son solo de ahora. En octubre de «2015, cuando el clima que rodeaba a la presidenta Dilma Rousseff –que había sido reelegida un año antes– comenzaba a ser insoportable, el general declaró en una conferencia que era necesario «un despertar hacia la lucha patriótica». Fue por ello apartado de su cargo en el Comando Militar del Sur. Mourão ha entrado a formar parte de la reserva hace tan solo unos meses.

Y si Bolsonaro dijo en agosto que quería un gobierno con un montón de militares, es porque a Mourão hay que sumarle, de momento, al general de la reserva Augusto Heleno –será ministro de defensa–, a Marcos Ponte –teniente coronel de la aeronáutica, y astronauta, como ministro de ciencia y tecnología–, y, entre otros, al general Oswaldo Ferreira, que en la campaña de Bolsonaro se ha encargado de los temas relacionados con infraestructuras.

Para resumir la ideología del general Ferreira solo hay que recordar una de sus afirmaciones más contundentes, relacionadas con la legislación durante la dictadura, en general, y sobre el medio ambiente en particular: «Cuando construía carreteras no existía ni el Ministerio Público ni el Ibama [Instituto Brasileño de Medio Ambiente], eché abajo todos los árboles que tenía por delante, sin nadie que me tocara las narices. Hoy, para talar un árbol, te viene un puñado de gente a tocar las narices». El mensaje militar hace temblar a las organizaciones ambientales y a las poblaciones indígenas cuyas reservas protegidas estarán más en peligro que nunca.

El mismo tono complaciente con la época del régimen militar ha utilizado en sus declaraciones de los últimos meses el futuro ministro de Defensa, el general Augusto Heleno, que ya era cadete en 1964, y que posteriormente se convirtió en instructor del propio Bolsonaro. En una entrevista al periódico Folha de São Paulo, Heleno opinaba que había un sentimiento popular favorable a la intervención militar, «un crecimiento exponencial de ese tipo de manifestación. No igual que en 1964, pero semejante, salvando las enormes diferencias y debidas proporciones. La semejanza es ese clamor por la intervención militar».

Una de las razones que más ha influido en la calma con la que la sociedad brasileña está aceptando e incluso celebrando el retorno de los militares a la cúpula del poder es que «hace más de una década que el discurso punitivo viene ganando espacio», cuenta Leonardo Cazes.

«La frase ´delincuente bueno es el delincuente muerto´ se ha convertido en un eslogan cada vez más popular», reflexiona el historiador, que ha seguido de cerca cómo decenas y decenas de diputados han sido elegidos bajo este discurso. «En el Congreso tenemos la bancada de la bala [a favor de ampliar la legislación en lo relativo a posesión y porte de armas]. Ese discurso ahora ha alcanzado la Presidencia de la República y recurre a esa buena imagen de las Fuerzas Armadas para legitimarse».

Michel Temer le ha ido preparando el terreno a Bolsonaro durante todo el año con el paulatino retorno del Ejército a la toma de decisiones en Brasil. Ahora, juntos, el presidente saliente, el entrante y la nueva cúpula militar, tendrán que definir juntos la primera gran misión: la reforma de la Seguridad Social.

https://www.eldiario.es/internacional/Ejercito-brasileno-vuelve-cupula-Bolsonaro_0_830117490.html

Bolsonaro vence a Haddad por casi veinte puntos entre los votantes en Madrid

El colectivo de brasileños residentes en la ciudad de Madrid ha otorgado 2.109 votos (59,8 %) al líder ultraderechista Jair Bolsonaro, que ha vencido así al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, que ha obtenido 1.416 (40,2 %).

Unos 20.000 electores brasileños que viven en España estaban llamados a votar en todo el país en la segunda vuelta de los comicios presidenciales.

En Madrid podían ejercer el derecho de sufragio más de 15.000 inscritos -finalmente se contabilizaron 3.525 votos válidos-, y en torno a 5.000 entre Barcelona (noreste) y Palma (Baleares, Mediterráneo), según informó el Consulado General del país suramericano.

En la primera vuelta, votaron en Madrid 4.054 ciudadanos, en torno a 27 % del censo.
El candidato más votado fue Bolsonaro, con el 50,24 % de los votos válidos, seguido por Ciro Gomes (17,54 %) y Fernando Haddad (14,57 %).

El voto es obligatorio y presencial, así que los electores debían desplazarse a los puntos de votación citados según corresponda por la provincia española de residencia.

https://www.eldiario.es/internacional/Bolsonaro-Haddad-veinte-votantes-Madrid_0_829767429.html

La ultraderecha de Bolsonaro gana las elecciones en Brasil

Se confirman las encuestas y los peores temores de la izquierda internacional. Jair Bolsonaro será el presidente de Brasil tras alzarse con la victoria en las elecciones celebradas este domingo. 

Jair Bolsonaro, con más del 92% de las urnas escrutadas, suma el 55,63% de los votos frente al 44,37 % que ha conseguido Haddad. Casi sesenta millones de brasileños terminaron por sumarse a la propuesta de la ultraderecha. El Partido de los Trabajadores de Lula da Silva –en prisión– y Fernando Haddad solo pudo plantar cara en la región nordeste, su nicho habitual de electores. En el sudeste y el sur del país Bolsonaro ha arrasado con porcentajes que rondan el 70% de los votos.

El rechazo a los candidatos, alto en ambos casos, ha resultado fundamental en las votaciones de esta segunda vuelta. En las encuestas publicadas anoche, los que declararon que no votarían a Bolsonaro de ninguna manera cerraron un ciclo que ha pasado en los últimos diez días de un 35% a un 40%, para terminar en un 39%. A pesar de la imagen cultivada a conciencia por el candidato ultra, el rechazo a Fernando Haddad ha sido superior, y le ha terminado por condenar. En los últimos diez días, su rechazo pasó del 47% al 41%, para acabar repuntando hasta el 44%. Los votantes, en realidad, no le han rechazado a él, sino a Lula y todo lo que salga de su entorno.

Otro dato fundamental ha sido el voto de la población evangélica, las últimas encuestas ofrecían un 68% a 32% a favor de Bolsonaro, que seguía dominando esta variable aunque perdía siete puntos gracias a los últimos movimientos progresistas –minoritarios todavía– en algunas iglesias. También con la variable por situación económica se puede realizar un análisis certero: Bolsonaro ha arrasado, según las últimas encuestas, entre los brasileños con unos ingresos equivalentes a más de cinco salarios mínimos. Será el primer presidente de la República que no construye su base entre el electorado que se sitúa por debajo de los dos salarios mínimos.

A Haddad también ha terminado de enterrarle la falta de apoyo de Ciro Gomes, tercer candidato más votado en la primera vuelta, y exministro de Lula. Igual que la estrategia electoral de Bolsonaro antes de acabar con la izquierda se centró en acabar con la derecha, Lula quiso acabar con sus competidores dentro de la izquierda antes de centrarse en la derecha, instando a echar abajo la candidatura de Ciro Gomes, que ha respondido invisibilizándose en las últimas semanas, cuando Haddad más necesitaba su influencia para acabar de relanzar el frente antiBolsonaro.

El ambiente en las calles durante la jornada electoral

El ambiente en las calles y en los centros electorales fue, como en la primera vuelta, de serenidad. La tensión se ha reservado para las redes sociales y para las declaraciones públicas. En los grupos de Whatsapp seguían las mentiras para dañar la imagen de Fernando Haddad (PT), y entre las declaraciones de los políticos destacaban las del líder del partido de Bolsonaro, Gustavo Bebianno, que suena para ministro: «La Organización de los Estados Americanos (OEA) tiene credibilidad cero para nosotros», comentó haciendo referencia al trabajo de observador internacional que ha estado desarrollando dicho organismo internacional.

A la coordinadora de la misión de la OEA, Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica, la ninguneó y la tachó de izquierdista, por afirmar durante las últimas horas que el fenómeno de las noticias falsas en plena campaña electoral brasileña ha sido de unas dimensiones «sin precedentes».

Que Bolsonaro iba a ganar fácil en este segundo turno de las elecciones presidenciales brasileñas, se venía masticando desde esta mañana, cuando los puestos de camisetas del candidato ultraderechista junto a la playa de Copacabana, uno de los barrios que se más se han volcado con el candidato del Partido Social Liberal, no daban a basto. Silva era uno de los vendedores ambulantes. En anteriores elecciones había votado hasta por tres veces a Lula, pero le ha decepcionado, y ahora busca un cambio, algo nuevo. El furor que causaron los modelos que vendía desde primera hora anticipaban el éxito de la extrema derecha.

«El pueblo necesita educación porque sino lo manipulan», comenta Silva, mientras va haciendo caja con la venta de camisetas. Quiere creer que Bolsonaro podrá encargarse de ese aspecto y de todos los demás. Este comerciante podría haber votado a cualquiera de los otros candidatos alejados también del ámbito tradicional de la derecha, como a João Amoedo (Partido Novo) o Álvaro Dias (Podemos –nada que ver con el partido español–), pero dice que «a esos no les conoce nadie.»

Una mujer joven, que paseaba con su hija –de no más de diez años–, se detenía ante el puesto de camisetas de Bolsonaro y pregunta si tiene alguna para niños. «Están todas agotadas». Compra la suya, mientras aclara que la de la niña «solo era para tener un recuerdo». Sabe que no es una buena idea que la niña vista una camiseta con la cara del candidato ultraderechista, pero no por los valores que este representa, sino «por el peligro de una posible agresión». Las estadísticas la llevan la contraria: son los seguidores de Bolsonaro los que están cometiendo actos criminales con tintes políticos en las últimas semanas.

En los últimos días, además, anunciando lo que el país puede llegar a ser con un perfil como Jair Bolsonaro al frente, una veintena de universidades públicas tomaron una dosis de censura. Ante la avalancha de actos en contra el candidato ultraderechista, en la Universidad Federal Fluminense (UFF) una decisión judicial ordenó retirar una pancarta que colgaba de la fachada de la facultad de derecho y que decía «Direito UFF Antifascista», amenazando a su vez con la detención del director de la facultad en caso de no cumplirse la orden.

A 1.450km de allí, en la Universidad Federal de Grande Dourados (estado de Mato Grosso do Sul), la policía federal impidió la celebración de una conferencia titulada «Aplastar el fascismo: El peligro de la candidatura Bolsonaro», tras una denuncia previa a través de un aplicativo lanzado por el Tribunal Superior Electoral para detectar infracciones electorales. La procuradora general de la República, Raquel Dodge, y la jueza del Tribunal Supremo Cármen Lúcia, desautorizaron todas las acciones contra las universidades, en nombre de la libertad de expresión, ofensa al derecho a crítica y a la autonomía universitaria.

Pero este domingo no ha sido momento de censuras en Brasil, sino de fiesta, la fiesta verde y amarilla de los seguidores del ultraderechista Bolsonaro. Ha comenzado con aglomeraciones en la puerta de su domicilio en el barrio carioca de Barra da Tijuca, y después se ha ido propagando por toda la geografía nacional. A partir del 1 de enero se verá si Bolsonaro y su vicepresidente, el General Hamilton Mourão, pueden llevar a cabo todas sus ideas, desde las privatizaciones en cadena hasta «la limpieza» que anuncian entre aquellos que no se adecuen a la ley y el orden.

Tiene dos meses para preparar el traspaso de poderes con el presidente Michel Temer, el vicepresidente que traicionó a Dilma Rousseff en 2016 en el controvertido impeachment. El decorado, ayudado por un congreso más conservador que nunca y con la victoria de la derecha en las votaciones de gobernadores –Doria en São Paulo, Witzel en Río de Janeiro, y Zema en Minas Gerais–, no puede estar más alejado de lo que significó Brasil entre 2002 y 2014.

https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-Bolsonaro-elecciones-Brasil-escrutinio_0_829767459.html

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